Adiós.

Laura Espinosa | @etilirica

¿Qué es lo que hace que una persona caiga con tanta facilidad en los vicios? Es acaso una necesidad constante de entretenimiento o la necesidad de crear una identidad haciendo de algo nuestro, ¿una etiqueta?, y qué pasa cuando queremos hacer nuestra propiedad/entretenimiento a una persona. No obstante todos sufrimos alguna adicción y todos tenemos una en común: el amor; sea la preferencia de quien sea, todos tenemos una fijación por ese sentimiento o esa persona. ¿Por qué?
Exijo la respuesta, pero nadie parece tenerla por completo, si eres mujer culpas al cliché que venden y a libros que son considerados románticos, pero para mi son retrógrados; y si eres hombre sabrás que no es necesario exculparte, la sociedad lo hace por ti: porque tienes necesidades, curiosidad o simplemente son tus hormonas. ¿Qué es realmente ese sentimiento? ¿La necesidad de compañía?

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Las personas nunca olvidan a su primer amor, dejamos un espacio para ellos en nuestro maltrecho corazón. Si. Yo estaba ahí, ilusa, sin saber que pasaría. Lo mire de reojo y el me miró feo en respuesta, era de esperarse, era una forastera en aquella fiesta y padezco de una mirada cargada. Minutos más tarde supongo que quiso congraciarse contando uno de lo que serían sus típicos chistes sin gracia, aunque yo no tenga buen humor reí. Lo demás es historia. Dos semanas más tarde moría por salir con ese individuo, con el que solo había visto una vez y platicaba diariamente hasta caer rendida; le había contado todo y aún tenía más que dar, me sentía plena. Nuestra primera cita fue semanas más tarde, caminamos, hablamos, reímos, todo en demasía, y sin poder olvidarlo: un primer beso. Hasta ahora no tenido un beso como ese, me tomó de la cintura, me resistí y aún así lo hizo; pasé 8 segundos resistiéndome pese a que yo también buscara ese momento, y los 5 restantes no pude más, me deje llevar. Al final de la velada solo me despedí con un beso en la mejilla. Creo que me había enamorado.

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Pienso ¿por qué terminamos tan mal? No es de suponer “lo que empieza bien termina bien”, no esperaba que acabara con una gran boda uniendo nuestras vidas. Tampoco imaginé que la realidad de uno cayera tan suave en nuestros ojos como la brizna en un día soleado, que cuando se evapora, te deja seco, queriendo más, imposibilitado de continuar la sensación pero no el suceso. Rogamos tanto por otra brizna que olvidamos el sabor de las gotas de lluvia pesadas, olvidamos que hay algo mejor, olvidamos nuestros sueños.

No era de esperar que a las dos semanas estuviéramos juntos, es decir, no podíamos prolongarlo más. Fue un 29 de Octubre. Recuerdo su pregunta, yo instantáneamente acepté; su encanto duro poco menos de un año, ya que la juventud está cargada de energía y curiosidad, se abrieron brechas. Quería cumplir mis sueños, quería llegar a ser violinista.

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Te estarás preguntando: ¿cómo es que llegue a esta misantropía? Ahora soy vieja y arrugada, imposibilitada de poder hacer que tomara un mejor camino en la vida, frustrada. Después de soñar con mejores días, creo que pensé que era mejor estirar mis manos y tomarlos, en lugar de esperar tener suerte. Mi familia es de un pequeño pueblo con costumbres arraigadas, como raíces de un enorme acre, no podía pedirles que cambiaran, no podía pedirles que me dejaran estudiar o quedarme con mis ganancias de mi trabajo.  Cuando me fui a la gran ciudad sabía que no tenía un lugar al cual llegar pero tampoco al cual regresar. No me importó. Residí un corto tiempo en casa de algunos amigos familiares, aunque eran personas recién casadas, sé que eran más abiertos, no tardó mucho en que yo tuviera problemas con ellos por mi falta de oficio y mi ingesta de su salario, así que me echaron. En esos tiempos solo había albergues para acomodar a gente como yo y la primera noche lloré, tenía temor de dormir con lo que mi familia llamaba “ladrones pulguientos”. Después no fue necesario el que yo tuviera que regresar al albergue, conseguí trabajo en la fábrica de textiles, y trabajaba dos turnos seguidos; solo tenía unas horas para comer y asearme, lo cual conseguía con una hora en el establecimiento donde comía, la señora se compadecía de mi puesto que era humilde, así que me dejaba dormir en una silla recargada en la pared. La fábrica de textiles cerraba por temporadas, así que al final de la primera aprendí a leer, y en alguna posterior decidí hacer mi vida como enfermera, ya que era lo único en lo que podía aprender la profesión y pagar la renta. Me ahogué en el trabajo, queriendo pretender que mi vida social no existía y la mirada de la sociedad no me afectaba, pero como mi profesión lo requería, me tocaba ver el lado más desagradable de las personas. Desde luego tuve parejas amorosas, pero nunca algo serio, que amara, que culminara en matrimonio, pero si con 7 hijos; yo quería una familia grande, y la tuve, pero al empezar muy joven y sin nada que ofrecerles, ellos mismos me ayudaban cuidando al hermano siguiente mientras yo laboraba. Fue una época difícil y ahora ellos me culpan de muchas cosas, pero no de darles la vida o cuidar a sus malcriados hijos, mis nietos. La nueva generación tiene tanta tecnología que solo están logrando innovar la soledad, tal vez ellos terminen como yo, pero sin la satisfacción de haber hecho algo con su vida.

“Hoy es un buen día para milagros” me solía decir, pero nadie está acostumbrado a tenderle la mano a otro igual o al menos a alguien que lo necesite. Estoy nauseabunda de ver que las personas creen ayudar  a sus semejantes, pero no quieren abrir los ojos, supongo que es la misma naturaleza humana ser egoísta. Ayudar a una persona viviendo en la calle no es darle una moneda, es como si uno mismo comiera hoy, ¿y mañana?, estas personas robarán por hambre, no por ambición y como alguna vez lo escuche de mi padre, siendo aquella persona tan recta: “al final del día ambos son ladrones”.

A menudo me dónde quedaron esos principios de la persona tan moralista que solía ser, pero es difícil serle fiel a ellos cuando tu utopía no existe, y que de ellos dependa si tendrás el alimento en la mesa para tu familia. Es hipócrita que yo los quiera para mi descendencia, siendo que yo hice atrocidades, para tener una semana de alimento más Y es que el hambre persigue y hace estragos en ti cuando te alcanza. Te derrota.

Ahora mismo me rehuso a que la muerte llegue por mi. Quiero vivir. Quiero dejar de estar conectada a este respirador, caminar y tener un último beso de aquel chico del que me enamoré, que mis padres me arropen una vez más antes de que dormir, que mis hijos vuelvan a anhelar mi llegada a casa y yo tener la energía de cargarlos y estrujarlos. Pero es imposible tener todas mis alegrías, ahora es imposible que mis hijos estén aquí, que sea lo último bueno que vea antes de partir. Sin embargo escribo en esta hoja, con la esperanza de que a una persona le importe leerlo, con la esperanza de poder sentir que mi vida valió cada segundo y poder cambiar algo en ti. Hacer algo bueno antes de partir. Pese a todo lo malo que he visto en la vida, decido tener fe en que aún hay personas buenas y no solo se queden como idealistas al igual que yo. Decido dar lo poco que tengo como posesión a el albergue que me acogió y antes de que mi pulso me falle, sin mas, me despido.

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