La participación ciudadana o del gobierno Ex parte populi.

Fernando Guzmán | @_romancero

Ciudadano Cero, la columna de hierro.

 

Existe una diferencia entre el gobierno del pueblo y el gobierno para el pueblo y justo en medio están la democracia y las leyes. Al día de hoy en el panorama nacional e internacional, ocurren múltiples enfrentamientos entre los gobiernos y sus pueblos, entre los gobiernos y otros gobiernos, entre unos pueblos y otros. Es precipitado e incorrecto culpar al gobierno o al pueblo de todos estos problemas políticos, económicos e ideológicos.

Situémonos en Atenas durante el apogeo de la famosa democracia directa. Usted, amo y señor de tres esclavos en casa, esposo de una hermosa mujer griega y dos hijos, se levantará antes del amanecer para acudir a la ágora, lugar donde se llevará a cabo la elección aleatoria de los nuevos legisladores y gobernadores así como las votaciones acerca de las reformas mercantiles de la nueva cosecha. Usted, al ser un hombre libre, soberano sobre usted mismo y sobre sus bienes, tiene el derecho y la obligación moral de acudir a las elecciones de los gobernantes y a votar libremente las leyes que más le convengan a usted y a los suyos.

democracia1

La democracia directa ateniense, emulada sin éxito por tantos Estados a lo largo de la historia, se presentó como la forma más pura y libre de participación política y ciudadana. Esto no era tan así. Solo podían asistir los hombres mayores de una determinada edad, era necesario ser hombre libre (entiéndase como la imposibilidad de votar de los esclavos) y por último, era cuestión de llegar a la ágora, comúnmente situada en la punta de alguna colina y perder la mayor parte del día en ésta.

Quiero decir, la democracia directa resultaba útil en Atenas por pocas (pero grandes) razones, la población de hombres mayores de edad y libres no superaba los cinco mil habitantes (cifra relativamente pequeña), además de que en la antigua Atenas era considerado como un honor y deber moral participar en la administración pública al menos una vez en la vida, la cultura política estaba prácticamente garantizada.

justicia

Viajemos una vez más en la historia, La France post-revolucionaria: es usted ahora un hombre libre. La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano le permite influir en las decisiones políticas de su comunidad, asociarse con quien usted desee y sobre todo, transitar libremente por cualquier lugar que usted guste. Pero hay algo más, luego de derrocar al gobierno absolutista, la democracia.

 

Ahora que todos los habitantes han sido catalogados también como ciudadanos, ahora que todos son iguales ante la ley y ahora que todos gozan de los mismos derechos, es momento de volver a tomar las riendas. La suma de la totalidad de las voluntades individuales da origen a un nuevo ente moral y político: El Estado. La cuestión ahora es: ¿Quién gobernará y cómo? Resulta imposible sumar la totalidad de las más de cien mil voluntades (aprox.) así que, para que la democracia pudiera imponer sus garantías y libertades, era necesario inventar un mecanismo que pudiera lograr tan difícil tarea; las elecciones.

por-la-libertad-la-democracia-y-la-contitucion

Por medio del sufragio, tanto usted como yo, comenzamos a sentir el poder público, comenzamos a tomar las decisiones que gobernarían sobre nuestro territorio y más importante aún, nosotros podríamos elegir libremente a nuestros representantes. A falta de tiempo o conocimiento, podíamos legitimar a alguien para que tomara las mejores decisiones para el colectivo. En el sentido sustancial, la democracia indirecta o representativa es la mejor (y para algunos la única) forma de gobierno para garantizar la participación ciudadana y asegurar el pleno goce de derechos fundamentales. Una maravilla.

Aquí comienza el problema de la modernidad que ha perdurado hasta nuestros tiempos. La democracia representativa se ha ido viciando de tal modo que a nuestros días, la confianza que tiene el pueblo mexicano (por poner un ejemplo) hacia las elecciones y hacia las instituciones encargadas de su cumplimiento es poca o nula. Hablamos del regreso de la partidocracia impuesta por el priismo luego de escasos doce años de alternancia panista, hablamos de los militantes de izquierda evidenciando una supuesta manipulación de sufragios en las pasadas dos elecciones, hablamos del abstencionismo electoral de los mexicanos, hablamos de la falta de cultura política en México.

Quiero exhortarlo a usted, ávido lector. Quiero invitarlo a ejercer sus derechos, libertades y garantías ciudadanas. México le necesita. Vaya a la urna cuando haya elecciones, involúcrese proactivamente en la vida política de su nación. Manifieste su voluntad de la manera que usted prefiera, pero siempre con fundamentos. Huya del discurso demagógico de aquél político que le prometa la felicidad inmediata. Sea crítico y racional. No se venda por un desayuno, por una despensa. No renuncie a sus libertades políticas. Reclame cuando deba hacerlo y escuche cuando sea necesario.

Presido una asociación estudiantil que versa sobre la participación ciudadana, estudio Derecho y Ciencia Política, pero no se deje llevar. Lea de nuevo este artículo y saque sus propias conclusiones. Hasta la próxima.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s