Libromancia

Libromancia
Martín Juárez | @mmmartin26

Establezcamos alguna regla antes de que hable sobre un juego:
No me gusta pensar que absolutamente todos criterios por los que se desarrolla y estructura algo importante deben de ser completamente académicos, demostrados. Entendemos que la revisión de muchos temas en tanto al lente del sentido que subjetiva a nuestro aprendizaje estructural; puede mermarnos de una serie de conocimientos que no han sido completamente estudiados o descartados en tanto a su pertenencia a una identidad cultural, a una cosmovisión, en una mayor medida que la perteneciente a un sistema de ordenamientos occidental. Sería meternos en el campo sobre la seriedad, la objetivación y terminaríamos consecuentemente lidiando con asuntos de casuística que en realidad, no me parecen particularmente pertinentes.
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El hombre ha buscado siempre (o siempre se ha cuestionado) en tanto a la percepción de la temporalidad que este mismo se genera para poder visualizar a las demás percepciones y ordenarlas en una línea del tiempo personal. Raygadas se ha referido ya con más entereza acerca de estas subjetivaciones sobre el tiempo y si se quiere saber más al respecto, me imagino, debería leerse su artículo pasado que lo trata excelsamente.

Continuando con este desarrollo, podemos establecer incluso, que en una concepción moderna (o anterior incluso a la etapa moderna en algunos casos), el tiempo funge como artificio, una idea, una sensación, pero es también un ordenamiento perfecto. El tiempo que se tratará en este texto es uno de esta índole, pues las percepciones descritas a continuación, se desentienden de la teoría de la física moderna y de la idea del tiempo como una cuarta dimensión de la materia en tanto a la necesidad de ella para que exista. Lo que quiero decir es que entendamos al tiempo, en este caso, y para lo que quiere decirse, como un tiempo mundano, uno que no peca de ser relativizado. Reduzcamos entonces al tiempo a una idea coloquial.

Hacemos a la metafísica (o a su negación) a un lado también. Para poder dilucidar que la respuesta ontológica que surja a partir de lo que viene tampoco tenga que ver con alguna respuesta determinista anterior o alguna derivada del caos.
Así, se establece y entiende que el hombre se pregunta por cosas durante el tiempo y acerca de lo que sucede o sucederá. Sobre las generalidades podemos decir que pocas veces son el presente, pero si llega a ocurrir, entonces tiene alguna correlación eventual con los otros dos tiempos básicos remanentes. Hay varias respuestas (que bien se jactan en algunos casos de una cualidad determinista) que hablan y establecen la posibilidad de poder decir de aquello que es futuro o pasado en la vida de algún particular. Lo que va a pasar. Lo que ha pasado. Se establece la asequibilidad de lo que está dicho. Me vienen a la mente la tradición gitana, una parte de la tradición griega. De los ritos y herramientas de los que se valen, pienso en algunos como las cartas del tarot y la quiromancia o alguna bola de cristal.

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A pesar de la enorme controversia de estos elementos y de su veracidad, es un hecho que la idea sola de predecir el futuro y de saber lo que está por venir fascina a la humanidad desde hace siglos. Tiresias no sería tan famoso si así no fuere. Y me imagino que un Calderón de la Barca no habría sido tan célebre si no se hubiera valido de este recurso y de sus probables implicaciones para generar una de las obras más preciosas de nuestra lengua. Y es que estas prácticas están polarizadas en tanto a su estudio y sus enfoques. Me saltan a la mente enfoques antropológicos, ontológicos, teológicos, sociológicos, etc. Y sin embargo es un hecho que a la cultura poco le importa la validez causal de sus enunciados.

Supongamos, entonces que podría existir alguna verdad interpretable en tanto al futuro y el pasado, y todo lo demás al alcance de un rito, un algoritmo que determine y traiga un mensaje a un ser humano que le regale una respuesta a una pregunta. Que de este emanara sabiduría, o alguna certeza acerca del futuro próximo y quizás de alguno que no fuere tan próximo. La cuestión acerca de la relativización de lo que se interpreta a partir del mensaje que sale y que viene de las particularidades que creamos y que vengan de las cartas, o de las hierbas al final del té no son cosa mía.
Quizás exista a partir de lo que viene alguna crítica bastante dura y complicada, ya que hay toda una tradición o varias acerca de la interpretación de lo que viene. No me maten. La propuesta que está por tratarse aquí y el análisis otorgan alguna idea de alguna idea con fines más de entretenimiento que de estudio, que podrían pintarse aleatoriamente con una línea que invada un tajo de un campo y alguno del otro.

El juego:
Sin más vueltas, la historia de cómo conocí el juego va así. En alguna de las numerosas plazas de Guanajuato, en un tenderete en la calle vi varios libros y un cartel con una leyenda que se leía “Libromancia”. Pregunté. Me explicaron lo siguiente. Haces una pregunta, y dices tres números. Estos corresponden a libro, página y línea. Si el que los elige sobrepasa el número de posibles opciones, entonces se utiliza la correspondencia modular (al número total de elementos) para determinar tu libro, tu página o tu línea. Para objetivar, se trata de una pregunta abierta. Una pregunta que no se teclearía en un buscador o enciclopedia. Algo no puntual. Algo que respondería un adivino, un humano y no particularmente una máquina. Ruego que no se exija una completa objetividad en la explicación. La Libromancia es un juego. Pare verdades, para quien verdades busca.

Este juego es alguno común. Tan común como jugar Rayuela, o como hacer aviones de papel. Es como aflojar el sostén de popotes de una lata y decir el abecedario al mismo tiempo para saber la letra de la próxima persona de la que estas por enamorarte. Pero se me ocurre que quizás la Libromancia contiene más verdad de la que podría contener el juego de la lata. La idea del juego no es mía. Me fue presentada por una estudiante de letras de la ciudad de Guanajuato, y supongo que a ella también le fue presentada por alguna otra persona, y así sucesivamente. El origen real del juego esdesconocido.

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La primera vez que jugué pregunté si algún día sería escuchado. La respuesta, le cargo aún en la cartera, porque a esta libromancera le gustaba anotarlas en su máquina de escribir y regalárselas a las personas para la posteridad (lo cual me parece la más grandiosa de las ideas por lo que se leerá en los últimos párrafos de lo que leen). Decía así:
… estamos convencidos de que son las palabrotas lo que han caracterizado a nuestra revista.
Supongo que es probable que ahora se me pregunte por que elegí este juego en particular para escribir y no un piedra papel o tijera, o el balero. Lo que pasa es que este juego es particularmente interesante dadas las diferentes características que tiene y sus diferentes incidencias probables y posibles sus jugadores. La vida podría pender de una partida de Libromancia. Es alguna posibilidad. La idea no es nueva. Los libros con los que se juega la Libromancia varían de tiempo en tiempo. Es parte de la cultura popular el decirle a las personas que se enfrentan con tiempos difíciles que abran la biblia sin mirar la página y que lean lo que Dios tiene que decirles. Supongo que cuenta como una Libromancia personal, sin intermediarios (sea aquella libromancera que posee los libros con los que se juega el juego que jugué en Guanajuato), y sin pregunta al aire. El juego más general entonces serias abrir un libro en cualquier página y leer lo primero que miran los ojos, o lo que dicta algún número predeterminado; para hallar una respuesta.
El juego es hacer esto porque existe alguna razón para hacerlo.
Este es básicamente el primer punto en el que quiero centrarme. Se responde con varias propuestas. La primera es que la razón original por la que el jugador busca una respuesta en el libro es convivencia, es desesperación, o la más profunda alegría, o el más trémulo de los miedos. Lo que no se responde y es lo que se lleva el lector de tarea es si existe una casualidad para la cual el jugador juega, o si existe algún particular designe para que este juegue y tome sus acciones futuras en función de lo respondido por algo que los humanos no entendemos. Estoy respondiendo que quizás la razón por la cual se juegue sea determinable causa subyacente (para los Aristotélicos, léase eficiente) y esta puede ser respondida. El problema viene cuando la causa anterior a esta, no está completamente determinada. Y cuidado, si para el individuo, en todo caso lo está; entonces este ha encontrado finalmente alguna identidad tanto cultural como filosófica y sabe situarse en el tiempo y en el espacio con una respuesta que lo llene y no le deje lugar a ni una sola duda. Este hombre sería el sabio entre sabios.

El segundo punto que quiero mencionar que es concerniente a los jugadores de la Libromancia es el hallar la verdad escondida detrás de alguna afirmación o línea elegida mientras de jugaba. No hablemos sobre si los números determinan o no nuestra vida, o si lo que elegimos tiene alguna romántica conexión con el destino y nuestro conocimiento o desconocimiento del mismo. No importando en absoluto nada sobre los libros que estén en el tenderete sobre el que se juega, y tampoco su contenido, puedo decir que alguna cosa útil para el jugador puede encontrarse o no en la respuesta que la Libromancia le regale al jugador. Y si esta se encuentra ahí, entonces quien juega, gana. Y si esta no se encuentra, me atrevería a echarle la culpa al jugador, por no hacer la pregunta adecuada. Entiendo que si juntas demasiados manuales sobre computadoras para jugar y preguntas sobre el amor podrías encontrarte con varias respuestas que no tengan nada que ver con la duda inicial. Pero podría ser que tal vez la pregunta adecuada se hiciera, y se tomara el libro adecuado, y se eligiera la línea adecuada para poder cambiar un destino, para hacer que un corazón palpite, para dibujar una sonrisa en algunos labios.

No quiero explayarme, porque en cuanto a las verdades adquiribles en tanto a un juego de Libromancia, me atrevería también a aseverar que si la respuesta que llega al jugador es incomprensible en las primeras instancias de su vida, podría llegar a no serlo alguna vez que lo que ocurra tenga que ocurrir. Quizás todos seamos Basilio, buscando mermarnos a nosotros y a los que queremos del más terrible destino, y no podamos ver las verdades ocultas detrás de la adivinación del futuro hasta que se cumpla lo que se debía cumplir y solamente entonces todo cobre algún sentido. Pero tal vez seamos Odiseo, que necesitó de la sabiduría de Tiresias y de sus ojos infinitos para poder regresar a su Ítaca y al amor. El hecho es que la pregunta de la Libromancia es un juego para todos nosotros, donde la pregunta que preguntemos es lo más importante, (sin importar los números o libros) y de nosotros dependa encontrar la respuesta en lo que se nos ha dado.

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