Hasta el infinito, señor presidente

Luis Raygadas | @Diarrea24_7
Para aquellos de ustedes que me leen con frecuencia y que se pueden llegar a preguntar sobre el proyecto de “árboles”, no voy a escribirlo cada semana; después de todo, quiero que la emoción dure un poco. Ya he preguntado a varias personas cómo quieren que continúe la historia, pero aún acepto sugerencias.
A continuación les dejo un texto que les escribí con mucho cariño nacionalista.

 

La historia comienza contigo, en una mañana exageradamente fría, en una tierra donde el sol no brilla a causa de lo espeso de las nubes; en un lugar al que llamas hogar. Sales de la cama, te das un baño de agua helada y, después de todas las formalidades que el lucir decente para la vida cotidiana conlleva, desayunas. Piensas en lo generoso que el gobierno es al elegir un rico y balanceado desayuno para ti todas las mañanas, parece que el menú de hoy es algo que pretende ser una taza de café y un tercio de rebanada de pan tostado; desayuno de campeones. Comienzas a comer, no comes muy rápido y quieres guardar un poco, después de todo; es la ración del día de hoy. No olvidas agradecer al Señor Presidente, porque sabes que él siempre te está escuchando.

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Te pones tus zapatos para la nieve, ya que hoy amaneció particularmente mal el clima, tendrás que caminar a través de la ventisca para llegar al trabajo. No debes llegar tarde, no hoy. ¿Recuerdas qué día es hoy, cierto? Hoy es el día del látigo, de hecho todos los días son el día del látigo; por eso nunca debes llegar tarde. No puedes evitar pensar en la hermosura de una mañana nevada al caminar. ¡El piso es tan blanco, los árboles son tan blancos, el cielo es tan blanco, y gracias a la pintura del tono aprobado por la gran jefatura, todo va tan bien con nuestros edificios tan grises!

Llegas a la fábrica. Es el día 1065 desde que te emplearon y aún sientes impresión al ver la gran infraestructura que se despliega frente a ti, parece como si la hubieran construido para hacerte sentir pequeño. Te pones tus guantes, tu casco y comienzas a trabajar. ¡1065 días, vaya! Llevas tanto tiempo trabajando aquí. ¿Ya sabes qué es lo que fabrican? ¿No? Bien, es mejor que no lo sepas.

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“Mira al frente, mira abajo, mantente en tu trabajo.” A veces crees que eso es todo lo que sabe decir ese viejo capataz, y a veces crees que eso es lo único que todos saben hacer. A pesar de que llevas tanto tiempo trabajando aquí, nunca has tenido ni un solo amigo; ya que tus ojos se despegan tan poco de la línea de producción como el casco se despega de tu cabeza. Uno no tiene tiempo de hacer amigos en este lugar, porque todos los días son día del látigo; a excepción del cumpleaños del Señor Presidente, ese es el día del trabajo doble. Además ¿Quién necesita amigos? Nadie necesita amigos cuando cuenta con la mano firme del amado líder como guía. Trabajas tan, tan duro, tan, tan duro. El capataz es un hombre muy gentil, incluso te limpia el sudor de tu frente ¿Cómo más ibas a poder regresarle al gobierno las gotas de sudor que le pertenecen?

Suena el silbato de la hora de descanso, la única hora del día en la que puedes entrar a los baños oficiales que provee el gran régimen. Entra, usa tus dos cuadros de papel y defeca en honor y nombre del Señor Presidente; Adelante ¡Enorgullece a tu nación! La comida en tu plato es del estado, al igual que la mierda que produces.

Después de 18 horas de jornada de trabajo obligatoria y 2 horas de trabajo voluntario obligatorio, puedes volver a casa. Te quitas tu casco, te quitas tus guantes y sales de la fábrica en la noche helada. Das un paso y el aire congelado sopla fuerte. Das otro paso y la embestida del invierno te derriba. No puedes dar más pasos y te quedas ahí tirado.

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Desde el piso logras ver las estrellas por primera vez en años y por última vez en tu vida. Los astros son lo único que no le pertenece al imperio. “Dios te bendiga madre patria, que Dios lo bendiga honorable líder” Susurras con tus labios fríos. “Hasta el infinito Señor Presidente, conquistaré las estrellas en su nombre.” Grita tu alma al escapar de la única vida que logró conocer

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