Aprender a llorar

Laura Espinosa / @etilirica

image

Todos, sin excepción, alguna vez hemos estado cabizbajos, con el sentimiento de pesadez que inunda nuestra alma, y la encadena al piso; el nudo en el estómago, las lagrimas calientes que queman nuestra tes y el desgaste que ilusiona el sufrimiento de alguien más. Muchos sintomas se hacen presentes   cada vez que tenemos un cambio anímico negativo, pero ¿realmente los dejamos ir?

Tal vez siempre cavamos en nuestro corazón un hollo cualquiera para poder evitar el sentir dolor, algo que posterior será un campo minado y atormentará sentimientos posteriores. El dolor es un cuchillo clavado en nuestra espalda, una decepción, pero algo que nos recuerda que estamos vivos . Si lo sabemos tomar, nos permite saborear mejor lo dulce que puede ser la vida, el porvenir que nos aguarda. Entonces, ¿Por qué evitamos el dolor?

Poder imaginar un mundo sin dolor es fácil cuando caes en la feliz monotonía de la tranquilidad; pero la felicidad es un mejor dulce, si se aprende a saborear y a comer.

“Aprender a llorar” implica abrazar tus penas, quererlas, y saber despedirlas. Las penas por las que sufrimos no serán las peores del mundo, pero cuando las tenemos, se vuelven el sentimiento desahogado, y eso las coniverte en las peores . Cambiar la perspectiva de tu sufrimiento y placer es complicado, pero solo se aprende valorando las situaciones, las personas implicadas y la repercusión en uno mismo.

Después está la parte crucial del “aprender a llorar”: la reflexión. Empezando por recordar los hechos, cuestionarse por qué pasaron, y tratar de solucionar la situación. No hay mejor mejor manera para dejar las cosas que solucionarlas, ese es el secreto; cuando es indagado sin cautela puede quedarse en nuestra mente como un eco vibrante. Finalmente se aprende de la situación, las cosas pasan todo el tiempo, pero sería insulso no recordarlas puesto que se darían en continuidad, hay que saber perdonarlas.

De cuando en cuando se tendrá el dulce dolor de la transgresión, donde las acciones en las que se sacrifica uno por la felicidad del otro tendrán trascendencia implícita en nuestro ser, permitiendo sentir satisfacción del dolor.

Ahora bien, nuestro postre es la mejor parte: seguir adelante, saber contar anécdotas con gracia, riendo de nosotros y con el gusto de haberlas pasado.

Tener en cuenta que la vida es dulce y amarga, no es justificación de evadir emociones y escoger las de nuestro agrado.Se tiene que arriesgar para ganar, pero también para perder. Las personas solo tendrán algo por seguro en su vida y es la muerte, y nadie tiene en manos el tiempo que le sobra. No debemos ser el espectador de nuestra vida. Personalmente , creo que  la vida es una montaña rusa, y cada uno es quien va en el vagón del frente, día a día se tiene el valor de subir sabiendo que después es obligatorio bajar. Entonces ¿por qué no gozarla?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s