Recuerdo

Laura Espinosa | @etilirica

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Estaba por la ciudad, y la tarde estaba con el mejor clima posible, así que decidí entrar. El lugar resplandecía y la misma luminosidad lo hacía caer en la típica vista de un recuerdo borroso, un sueño, un momento del cual no te quieres olvidar porque lo tienes en la palma de tu mano como capricho de 5 años, así era aquel lugar. Repentinamente lo vi de espaldas. Acercándome para conversar vi que tenía un aspecto muy familiar, tal vez era por el mismo abrigo que siempre osaba cargar todos los días por precaución de un fuerte viento; hoy lo traía puesto mientras miraba la infinidad del tiempo inexistente.

Acariciaba la ventana con movimientos suaves, pero el estaba fijo, parecía pensativo. Él siempre ha sido un buen amigo, un buen novio, un buen todo – incluso en su cierta actitud paternal-; siempre él habría de procurar por mí.

Estaba a su lado.
-¿Qué haces aquí?- le pregunté
-Lo mismo que tú – me respondió en un tono sínico. Odiaba que tuviera razón, ya estaba mirando a través de la ventana.
-¿Desde hace cuanto están aquí?- los miraba concierta duda.
-Ellos parecen haber estado ahí desde que la fiesta empezó, ella no se puede parar y el otro está inconsciente.
-Alguien ha pedido auxilio o llamado a una ambulan…
Interrumpiendo – ¡Mira!, otra vez regresan a su punto de inicio

Mi mente no lograba comprender lo que pasaba, aquel parecía un video que dejaba un pésimo sabor de boca y escalofríos pero a nadie parecía importarle. Desearía poder salir pero el lugar se había inundado con tantas personas que no podía ver el camino de vuelta. Así que lo intenté jalar a la barra, al menos así podríamos conversar de algún otro tema sin trascendencia – o al menos más alegre-.

La barra tenía bebidas pero ninguna persona atendiendo. Arriba tenía un espejo donde se podía ver reflejado todos los tragos pero las personas eran manchas borrosas. Este lugar no me terminaba de sorprender, parecía amplio, pero cada vez dejaba entrar a más personas y no sabía en que momento pasaría un accidente.  Tomé mi bebida. Mientras caminaba a otro espacio la bebía, sabía como agua salada pero no me importo, la terminé.

No me percaté en que momento perdí a mi acompañante. Buscándolo me topé con los baños, sé que ahí no estaría él, pero quería retocar mi maquillaje, así que entré y para ser un lugar muy concurrido los baños estaban vacíos e impecables, justo como me gustan. De mi bolsa saqué mi polvo, mi cara estaba horrible, no recuerdo en qué momento mi piel se demacró tanto. Con leves toques iba dándome mejor aspecto, pero cuando volteé a mirar mis manos estaban rojas como mi maquillaje. Miré al espejo otra vez, mi cara tenía golpes y rastros de sangre. Estoy espantada.

Finalmente lo recordé, yo venía en ese auto, yo tuve la fractura expuesta. El habría girado el volante por nuestra pelea, y chocaríamos con una baranda en la carretera que no nos contendría. No puedo sentir mis pies, pero mis lagrimas me siguen quemando, mi error me haría verlo morir en mi nariz y a mi sufrir hasta perder el conocimiento. Pero…

-¿Me escuchas?, ¡Quédate conmigo!- escuché cerca de mi.

Después siempre escuché un “bip” pero no lo volví a ver a mi lado.

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