Lo que todo mundo sabe

Martín Juárez / @mmmartin26

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Aquello que hube mencionado acerca de las ambiciones del alma humana en tanto a su hambre para conocer algo es completamente cierto. Quizá sea alguno de los defectos más terribles de la mente humana y sea también alguna de sus más grandes bendiciones. La pasión es la madre de algunas de las más grandes maravillas, y el orden y el refinamiento de las ideas es la de algunas otras. Pero todas parten de una profunda determinación por entender algo de aquello que enaltece y fascina al ser humano. Sobre lo que establece aquello que se ama, ignoro muchísimas cosas, porque la naturaleza del entorno que engloba a los individuos seguramente tiene muchísimo que ver con las facultades que el individuo desarrollará.

Pero también es realmente cierto que el hombre puede no aceptar aquello que está propuesto y decidir el camino que más le plazca. Así, y al tomar esta decisión en particular se sellan las cualidades y hechos de un destino que ya no podrá deshacer nunca jamás. Cuando el hombre se acerca a esta decisión (que resulta casi siempre en proceso inconsciente) es como haberlo fijado en algún cruce de caminos que se intersectan una y otra vez. Siempre se puede intercambiar de destino y de las ordenaciones de las posibles decisiones (que son puramente temporales y en cierto modo, económicas). Así se van denotando las cualidades únicas de este ser humano.

El orden en el que un hombre decide cómo responderá a sus preguntas, determinará quién es. Si mira al cielo después de contemplar a los océanos, entenderá el cielo y al océano de una manera que nadie más podrá comprender. Si mira el hundimiento de sus pies en la arena antes de escuchar el rumor de la brisa de un mar, entonces podrá saber de las ciencias del espacio antes de que entienda a las ciencias de las brisas. Cierto es que necesitamos de las demás percepciones para ordenar y concebir a alguna sola. Pero también es un hecho que cuando se aprenda a interpretar el flujo y la prioridad natural a ordenar a aquello que percibe, se podrán determinar las pasiones con fluidez y dejarse llevar por aquello que le demanda el corazón.

Al fin y al cabo nos queda la certeza de saber que siempre podrá otorgarle la atención que merecen aquellos fenómenos que le intrigan, que le fascinan y le roban las más trémulas alegrías. Esta proposición encadena al profundo amor por parte del individuo hacia un algo en particular. Así podemos establecer que alguna de las características naturales de los seres que habitan este lugar tan misterioso, es la búsqueda y ordenamiento de sus pasiones y necesidades.

Todos concurrimos en que esto es así. Se parte de este hecho para construir y considerar muchísimas de las cosas más hermosas que llenan los libreros de todas las bibliotecas. El hambre, y la pasión por el hambre carcomen al hombre en su búsqueda de la fascinación. Y una vez saciadas, llegan las más crecientes y puras satisfacciones. Entender al espacio, o al tiempo, o a la luz o al silencio fundamenta y concibe a la humanidad como es, como ha sido. La perspectiva surge en un punto medio entre la dialéctica sistemática y la nada.

Aquello que  se concibe en tanto la mente es fecunda para poder construir cosas a partir de la nada, resulta en algo tan vasto como el más grande de los mares. Convertimos entonces,  a esta explicación a un ente circular. Porque aunque el individuo se encuentre enfrente de un mar, y así es como decida poner en orden a sus percepciones y a sus necesidades, es este mismo mar el que lo cobija y alberga. El mar es el ser humano, cuando se encuentra frente al mismo. No se dice que el objeto sea el sujeto mismo. Sino, de una manera más estética llegamos a decir que la arena entre los pies es parte de un mar, cuyos ordenamientos resulta ser bajo alguna perspectiva un ente perfecto, o el caos más cruento. Esta idea es un océano en sí mismo, cargado de color y de salinidad, de vida y muerte, de suerte.

Llenar los huecos de estas dudas es absolutamente esencial, porque aquellos son los caminos que tendrá que seguir durante toda su vida, no por una auto-restricción, sino porque se habla de la absoluta voluntad que regirá aquello que está determinado por el espíritu.

El amor guiará al hombre por los caminos que éste mismo habrá decidido entablar al amor mismo como luz. Así, es como se plantea que en un mar, existirá alguna gota que determine un destino particular que aislará a las demás a pesar de ser exactamente igual a la otra.

Se concluye que a pesar de ser el individuo quien determina aquello que lo regirá, se nubla la dilucidación entre la partida y el camino; entre ser el mar y el contemplarlo. Pero al final, este punto medio nunca ha sido encontrado. Y me gustaría aseverar, con un espíritu romántico que se esconde en los rincones más escondidos de nuestra literatura, de nuestra magia y nuestra ciencia. No tenemos absolutamente nada, pero se puede partir de algo que tenemos. Podríamos amar a la posibilidad de amar, pero también al amor en sí mismo, y a la idea de este, en el orden más deseado.

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