La noche eterna

Ivonne Toledo / @Metaplasmaa

La noche eterna

Eran las 3 de la mañana y cualquier mínima intención de seguir durmiendo se había disipado; del otro lado de la cama se encontraba ella, sumergida en un profundo sueño del que yo sería incapaz de despertarla.

El clima en la habitación era acogedor, las sábanas que nos envolvían no tanto. La poca luz que alcanzaba a colarse entre las cortinas dejaba entrever la curva formada entre su cadera y espalda. A lo lejos, podía escucharse el ruido de la ciudad, el cual combinaba a la perfección con la oscuridad que inundaba casi todo a mi alrededor.

No sabía qué hacer y no planeaba despertarla solo para que me acompañara en un insomnio que claramente no era compartido.

Durante algunos minutos me dediqué a intentar descifrar cada uno de los sonidos provenientes del exterior; una moto, personas riendo, una ambulancia, un gato maullando, una bicicleta a la que le hacían falta llantas nuevas y un poco de aceite, un niño llorando y música tropical muy a lo lejos, tal vez de alguna fiesta. Pensé que quizá una pareja estaría moviéndose al ritmo de la canción mientras sus caderas se acercaban y sus labios se encontraban. Cerré los ojos e imaginé a un par de desconocidos besándose mientras bailaban y sonreí.

Abrí los ojos de nuevo y volteé a verla, seguía dormida. Su respiración era lenta, lo sé porque podía escucharla. Me acerqué lentamente hacia ella para abrazarla, pero lo cierto es que nunca antes lo había hecho, no pensé que lo necesitara, no tenía cara de necesitarlo. Deslicé mi brazo por encima de su cadera y mis piernas entre las suyas, suspiró y por un momento su respiración se tornó agitada, después, su ritmo regresó a la normalidad. ¿Por qué no lo había hecho antes? Se sentía tan bien.

El ruido de la ciudad comenzó a tornarse más lejano y su respiración predominaba en la habitación. Podía sentir en mi pecho cómo el aire entraba y salía de su cuerpo, era como si pudiera respirar a través de ella. Le di un beso en el cuello y murmuró algo que no pude entender, dejé mi mente en blanco y cerré los ojos.

Tuve noches parecidas, pero ninguna igual a esta.

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