Notas personales sobre la moral

Martín Juárez | @mmmartin26

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El tema de la moral ha sido abordado ya muchísimas veces. Siempre me había parecido un tema realmente cuestionable. Así que el enfoque de este ensayo está estructurado para adaptarlo a la mayoría de las teorías de la moral restrictiva clásicas. Pero se sobreentiende que lo siguiente es resultado de una interpretación personal conforme a las ideas y actos morales del hombre con una tendencia individualista (muy ad hoq al siglo).

Una de las mayores desilusiones es aquella que vive atrapada en la realidad vista como en cierta forma no se quisiera. Más allá del miedo, y de la desgracia, la afección deviene de una cualidad particular donde el ser humano no puede vislumbrar aquello de lo que tiene una profunda necesidad. Esta desesperación proviene de un sinnúmero de factores. No podemos medir a la alegría en un sentido cuantitativo, pero sí, al apartado donde incurre la necesidad del recurso del escape. Es innegable que la vida a nadie le parecerá sencilla y la variedad de soluciones que puede presentarse el individuo es abrumadora.

Las respuestas que se aproximan a una persona por parte de allegados, o de sí mismo crean un ambiente y sensación de desasosiego. Se raya el estoicismo o se tienta la idea de la venganza o se atribuye la culpabilidad a un objeto ajeno. La contingencia de estas maneras de llegar a resolver algún problema en el individuo es completamente impredecible. Me imagino que la idea presentada por la psicología puede resultar funcional, pero estas tendencias yacen junto a la propia identidad particular e igualmente contingente. Las particiones, son entonces no generales y muy rara vez generalizables.

El hombre es quien sella y clava los clavos en su ataúd.

Supongo que la idea de la lidia con los problemas es un enfoque conocido por muchos y el evitarlos es alguno otro. Levantarse es opcional y en mi muy particular opinión, una decisión que no debe ser sojuzgada o evaluada por nadie además del individuo mismo.

¿Qué se quiere implicar con el concepto de levantarse? La reinstalación, y la reinstauración de los valores y metas anteriores del individuo que tuvo que vivir o hacer algo en particular. Así, se apela a la solemnidad esclarecida en la calma posterior a la generalidad continúa de los fenómenos. Se entiende, entonces que el obstáculo fue superado, y que el individuo se fortaleció y continuará caminando por la brecha que ha decidido utilizar para avanzar y moverse.

También existe la idea de la derrota. Y no se refiere, en este documento a ella como una restrictiva o que denote la acción de truncar al individuo. Es la idea de la desviación. Caerse y desplomarse y encontrar consecuentemente los tintes que distinguen a alguna humildad en particular no está, a mis ojos, evaluado como una característica negativa. A fin de cuentas, entendemos que el orden de las respuestas está dado por el individuo, y como en el artículo pasado, son estos los que componen al individuo en personalidad y características.

Supongo que la idea de la reinstauración está o puede estar ligada a una cuestión inherente al estoicismo. Y sin embargo, también está o podría ser evaluada como una señal de perseverancia en aquel que actúa. Aceptar la elección de cualquiera de las dos opciones en sus atenuantes y variables, resulta en un acto de admirable valentía pues se entiende que hacerlo implica aquello de seguir viviendo. Nos topamos de pronto con el complicado concepto de la crematística, y la optimización de las decisiones en búsqueda de un balance. Se dice sencillo, pero la idea, a pesar de tener miles de años en la mente del ser humano es la idea más complicada que hay que alcanzar en aquello de las acciones.

Si llueve, no resbales.

La pregunta un poco más anterior a esta aseveración yace en si aquello que ocurre o que es, tiene algún sentido particular para algo. ¿Hay un objeto en particular que se puede plantear en función de una acción que es moralmente incorrecta? La ética restrictiva ya se ha encargado de determinar aquello, en un sentido más objetivo, sobre lo que es bueno y malo y determinar la naturaleza del hombre. No es objeto de este artículo el vagar por aquellas proposiciones. La idea es más bien tratar de ahondar en las acciones que pueden desarrollarse en un ámbito delimitado por las nociones del bien humano. Lo que se aborda es entonces, el por qué a pesar de que el hombre tiene conocimiento de aquello que puede resultarle malo, incurre en alguna conducta nociva para sí mismo.

DAÑO MORAL

El silencio trae más silencio consigo y las preguntas acarrean más preguntas y más problemas. Los seres humanos, en potencia de obrar mal sobre otro ser humano pueden resultar en la consecuencia de más mal. El ser está castigado para hacer y ser. Y sea castigo o bendición, aquella solución cíclica que se ha otorgado el hombre a sí mismo es una cualidad desatada que lo conduce a encontrar una y otra puerta.

¿Conducen al mismo lado? ¿Será que la naturaleza humana (cuya existencia, suponemos para el bien de estas líneas) lo acarrea a un mismo bosque? Si es cierto y lo fuera, sería evidente que la iluminación del mismo resultaría ser, cualitativamente un camino para extraviarse más allá de la nada.

Repasemos. El ser humano está atrapado y debe elegir una de muchísimas puertas para terminar con aquello que le aqueja. Se clama que alguna da a un sitio y otras a otro. No hay puerta falsa, amigos míos, pues regresar al lugar de dónde venimos (sea cual fuere, si alguna nada o algún todo), regresar es morir, y quedarse es morir igualmente. Respondemos teleológicamente, no se puede quitar algo que está dado.

Tenemos la libre elección de enfrentarnos con un demonio, y es un hecho que las cualidades individualistas de este siglo nos vuelven realmente, tiranos para poder conquistar y determinar nuestros objetivos para enfrentarlos. En un sinnúmero de ocasiones nos topamos con la incidencia o molestia con los demás en nuestro duelo. Algunos construyen y otros queman, unos aman, y algunos más se atreven a usar al amor con un estandarte de la confusión patológica y enfermiza del hombre. Y al toparnos con esto, entendemos que las compatibilidades de las póstumas relaciones humanas, estarán construidas con seres adaptados a nuestra lucha con nuestros conflictos particulares.

El hecho es que esta libertad que está otorgada por algo, construye a las acciones como hechos injuzgables. Aquello que podemos decidir en el campo ajeno es la capacidad de aceptar la propuesta del duelo ajeno o no hacerlo. Pero este carácter también yace en la capacidad que tenemos para elegir aquello que deseamos. La decisión se vuelve mero acto de crematística, de una economía no monetaria.

Un individuo que huya no es, por tanto de una misma especie de alguno que lidia con los problemas. No se puede establecer una valoración mayor o menor a alguna de las elecciones tomadas por los individuos para seguir mirando a la serie de causalidades y decir que una es mejor o peor. Se pelea si hay la fortaleza para hacerlo. Se corre si se es lo suficientemente rápido. Así, en cierta forma, se regresa al principio que determina la particularidad de cada individuo en el orden que se eligen las respuestas; enunciado en el artículo pasado. Pocos ganan, por supuesto, al primer intento.

Entonces las personas llevan a cabo muchísimos de sus comportamientos y acciones en función de aquello que los hostiga y muchas veces, por supuesto, haciendo a un lado a las propias valoraciones morales de aquello que hacen. Todo en función de atenderse a sí mismo de estos problemas. A fin de cuentas, resolver esto podría funcionar para entender algunas cosas que incurren en nuestra vida diario. Sin valorar, tenemos que entender que los actos de muchos conforme a nosotros están relacionados (y por supuesto, no digo que todos, pero sí alguna cantidad, y dependerá de la inteligencia y la casuística moral individual el determinar esto) con la lucha de los individuos con sus propios problemas.

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El enunciado entonces se desarrolla en el plano estricto de esta casuística ya mencionada. Pero no es generalizable que el enfoque de los actos de las personas en este siglo, estén todos llevados a cabo a partir de una buena voluntad. Asumiendo una postura individualista (que si bien, en mi opinión no debería ser la instituida, se adapta a las necesidad socio- temporales con las que se enfrente una sociedad contemporánea dada) y que los actos ajenos están basados con las necesidades ajenas, hablamos de la consecuencia derivada.

Podemos enfrentar a la guerra con más guerra (bajo la premisa de que ocurre un acto negativo que percude a nuestro bienestar sobre otras personas), pero lo único que nos ha regalado esto es un estado constante de molestia. Así se entiende que está en nuestra búsqueda por la sabiduría, el comprender aquello que es comprensible y entonces podamos evaluar y resolver conflictos con un dolo reducido. Así entendemos que perdonar es comprender y la lidia, y la huida son ambas maneras de hacerse camino, cuando el jilguero no quiere cantar y el poeta es peregrino

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