Materiales intangibles: La Luz

Xocoyotzin Vázquez / @LuisXoco

Parte 1

Cuando hay obscuridad, un rayo de luz es esperanza. La luz fresca de un atardecer que no quema, que da mil colores al cielo e ilumina con sosiego el camino, es tranquilidad, paz, la frescura de ese momento apacible, en ese lugar indiferente al tiempo. La luz que ilumina a medias un lugar es sensualidad. La luz es vida.

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Es necesidad fisiológica y aún mayor urgencia emocional. La primera vista, la primera vez que se abren los ojos, es luz: dar a luz. Capaz de moldear emociones, de irradiar calidez o frescura es también escultora de espacios.

Por eso, hablemos de Arquitectura, el arte de proyectar y construir espacios, de moldearlos, de esculpirlos. Generar emociones y sentimientos a partir de lo intangible, de lo que se crea en las aspiraciones más profundas del ser para ser materializado y así mejorar la vida.

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El arquitecto no es otra cosa que un artista escultor de lo intangible, cuya materia prima es esa, el espacio en sí; que ha de imaginar para ser moldeado, esculpido, en ambientes, lugares y escenarios, no con cinceles, sino con materiales constructivos [compositivos]… Y he ahí la dualidad del trabajo artístico, darle forma a lo que no se puede tocar con elementos que tienen masa física y también con los que no: construir algo que no se puede tocar, pero se puede sentir, con materiales que encuentran su ser en ambos mundos, lo tangible y lo intangible.

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Así, construir es materializar un espacio cual escultura hecha en mármol, siendo el espacio la piedra que se ha de tallar para generar una obra de arte, con lo construido (lo tangible) sin ser la escultura, sino la herramienta que moldea ese mármol espacial.

Y al igual que el espacio mismo, están los materiales constructivos [compositivos] que son intangibles y lo componen, que deben ser moldeados, manejados con sabiduría y sensibilidad. Son estos la luz y el tiempo… Herramientas, materiales, que moldean y esculpen el espacio y hallan su ser en lo que no se puede tocar, pero se puede sentir.

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En la luz tenemos un componente de lo que existe, de lo que percibimos, que altera y moldea drásticamente la comodidad, la supervivencia y el entorno físico global en general. Mundos congelados que han de permanecer en penumbra y frío por meses ante su ausencia; Lugares que su presencia es hostigosa y ni la sombra es capaz de calmar sus estragos térmicos; Espacios perfectos que danzan con ella para mantener un equilibrio poético con su existencia.

Los arquitectos, los artistas escultores de lo intangible, han de ser capaces de esculpir espacios que dancen poéticamente con la luz, que mantengan su existencia en una convivencia armoniosa con ella; moldeadora del espacio mismo, instigadora de emociones, inductora de sentimientos, persuasora de pensamientos…

Con esto, recuerdo que dijo una vez Augusto Quijano al teatro donde yo me hallaba que incluso el aire, el agua y la luz, pese a ser per se entes no rígidos de imposible manipulación inerte, deben ser entendidos y utilizados como materiales [herramientas] en la composición arquitectónica, de la misma forma en que utilizamos tabique para crear un muro o vidrio para  establecer una ventana. Una idea planteada que ya le había escuchado a mis queridos y admirados maestros (aunque jamás les he dicho que los son).

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Utilizar la luz como el material intangible que es, usarla para lo que necsitemos, ya sea recrear una emoción, generar la iluminación apropiada para trabajar o retener la atmósfera y temperatura idónea para amar o realizar cualquier otra actividad. Hacerla un instrumento de composición, una herramienta útil desde su esencia.

Porque además de todo la luz también es pensamiento, lógica, raciocinio. El pensar es iluminar, dar a luz ideas de bienestar y progreso. El raciocinio es la luz del hombre, lo que le puede guiar y dar su propio brillo; lo que lo puede llegar a distinguir de otras bestias… Una herramienta que ha de ser utilizada de igual manera por el artista.

Así, la luz debe definir y moldear los espacios, esculpir lo intangible bajo la voluntad del arquitecto, que buscará dirigirla y usarla como el material que es, haciendo lo que su ser (el del artista) le dicte; el cual, a su vez, debe estar bañado en luz para hacerlo.

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