La jaula de oro

Alfonso Blanco | @alfonsoblanco

Originalmente publicado en elfanzine.tv por el mismo autor

la-jaula-de-oro“Solo voy con mi pena / sola va mi condena / correr es mi destino / por no llevar papel”, canta Manu Chao en Clandestino, en el más puro tono personal que se adquiere tras ser espectador del éxodo de las personas en búsqueda de un sueño. El disco es música social, activismo en cada letra escrita por un músico que se mueve por todo el mundo, plasmando en su música el dolor de los cuerpos que apenas pueden respirar.

Esta no es una reseña sobre el rock en español. Es más bien la búsqueda de una conexión entre dos creadores de arte social: Manu Chao y Diego Quemada-Díez. El primero recorrió Sudamérica en búsqueda de las voces apagadas; el segundo, un español que en calidad de indocumentado viajó a Estados Unidos para empezar de cero en el mundo del cine, para poder por fin ver concluido su primer largometraje, La jaula de oro (México-España, 2013).

El primer largometraje de Quemada-Díez es un doloroso y trágico retrato – en mi gusto personal una autentica road movie – de las fronteras que están más presentes que nunca en el siglo XXI. Dos chicos y una chica salen desde Guatemala para atravesar México de sur a norte y llegar a Estados Unidos en busca del “sueño americano”. Se encontraran ante diversas dificultades: policías corruptos que toman el papel de ladrones; narcotraficantes que detienen a “la bestia” para secuestrar solo a las mujeres; centroamericanos que radican en México y que se han convertido en extorsionadores de sus paisanos. “La bestia”, oxidada y carcomida lleva en su lomo a cientos de migrantes que viajan con el futuro incierto esperando terminar el viaje que emprendieron sus padres, sus amigos, y que al parecer sus hijos repetirán.

la-jaula-de-oro-1 Para crear el guion Quemada-Diez entrevistó a cientos de migrantes. La película es una unión entre todas las experiencias recabadas por el director y las locaciones seleccionadas que se convierten en imágenes armónicas que atrapan al espectador en un dialogo con el paisaje y los sucesos del viaje. La vida precoz y breve de Sabina Rivas (Luis Mandoki, 2013) y Sin nombre (Cary Fukunaga, 2009) podrían inscribirse como “cine de migrante”. Suponen un retrato de la travesía – por diferentes motivos – que realizan los centroamericanos hacia los Estados Unidos. Estas dos películas son una mezcla de melodrama, que si bien dota de personajes al problema social de la migración, no deja de utilizar la miseria y los actos violencia como acto principal para llamar la atención del espectador.

No es el caso de La jaula de oro, donde Quemada-Díez centra el poder de la película en sus tres personajes principales. Brandon López (Juan) y Karen Martínez (Sara) son en la vida real de origen guatemalteco; salieron de la “Zona 3”: uno de los focos de violencia más peligrosos de Guatemala. Rodolfo Domínguez (Chauk) nació en Chiapas, es perteneciente a la etnia tzotzil y antes del rodaje del filme no sabía una sola palabra en español. El casting de la Jaula de oro es de llamar la atención: alrededor de tres mil jóvenes de Guatemala y tres mil del norte de Chiapas estuvieron considerados para formar parte del reparto. Al final Brandon, Karen y Rodolfo robaron la cámara para convertirse en la voz de millones de migrantes que van en busca de un sueño.

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Al más puro estilo clásico griego el viaje supone un aprendizaje – brutal, pero al final aprendizaje – en el inicio de la juventud. Chauk no puede comunicarse con Sara, pero es amor lo que él siente por ella. Juan toma el rol de líder, pero desprecia a Chauk por ser un “indio”. Las diferencias entre los tres son marcadas, sin embargo las penurias y las injusticias de las que son víctimas los unen de una manera entrañable.

Después de ver La jaula de oro, se pueden entender los motivos que tuvo el jurado de Cannes para otorgarle a la película el premio a mejor reparto – exactamente a los tres protagonistas, algo muy poco usual – dentro de la sección Un certain regard. Quemada-Díez y su equipo desfilaron por infinidad de festivales y premios durante todo el 2013, convirtiéndose en la película más premiada del año – con alrededor de 40 premios entre los que destaca: Cannes, Goya, Mar del Plata, Morelia y la Habana. Junto con Heli de Amat Escalante, es la película con más nominaciones dentro de la 56 entrega del Ariel, en las que destaca mejor película, dirección, actor y guion original.

Se ha cuestionado el papel social del cine. Se ha identificado a los directores que crean entre líneas mensajes dentro de sus películas. Hay algunos (directores) que toman el estandarte y abiertamente manifiestan sus intenciones creativas, otros inyectan sus películas entre líneas de un simbolismo esperanzador, para que sus obras hablen en nombre de sus creadores. Las metáforas dentro de la Jaula de oro están ahí para despertar al espectador, para situarlo en una película que si bien es ficción, no deja a un lado el documental.

Al final de la película, uno por uno con nombre y apellido los migrantes son mencionados en los créditos. No sabremos nunca cuál fue su destino, pero no podremos seguir viendo a los migrantes como desconocidos, como una cifra más.

 

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