Las memorias del tiempo perdido

Alejandro Peralta | @LiricoAlejandro

Degi Hari

He visto triunfos a costa del miedo, he visto las lágrimas de quien no quiere vivir convertirse en ríos que dan vida, he visto a quien sufre de insomnio realizar sus sueños de antaño. No es que estemos locos, es que estamos demasiado cuerdos.

Comenzamos desde dentro, nos vemos como oscuridad que se ve aherrojada a las cadenas de represión auto-inducida, la soledad nos rodea y se nos van diluyendo las amistades y los amores entre los dedos; estamos solos, pero el tiempo no es cruel eternamente y se nos abre una pequeña puerta al siguiente cuarto; detrás dejamos las cadenas y la oscuridad para adentrarnos a lo desconocido, a lo que vemos como una oportunidad única, pero nos damos cuenta que, aún sin las cadenas y sin la ecuménica oscuridad, seguimos encerrados, la puerta anterior se ha cerrado y sólo guarda nuestros gritos arcaicos que queremos olvidar. El tiempo es cruel queridos amigos, demasiado cruel y por eso mismo, nos crea una pequeña mirilla al siguiente cuarto; cuarto de luces, risas y voces que son omnipresentes y que nos llenan de un júbilo que no hemos sentido en demasiado tiempo, pero la mirilla es pequeña y no podemos hacer nada, sólo esperar. La soledad y los gritos regresan, pero ahora son de la lejanía tan corta que nos separa de lo que añoramos, simplemente no estamos listos para seguir adelante.

¿Cuándo aprenderemos a estar solos, a poder crear luz de nosotros mismo? La soledad no es soledad en sí misma, es nuestra única compañía.

Un silencio; las voces del próximo cuarto se han desvanecido. Nuestro deseo por continuar es el mismo, sólo cambió lo que queremos; la soledad nos une, ya no estamos tan rotos como creíamos. El siguiente cuarto se nos abre, dejando entrever el aura sobrante de la algazara ausente . Estamos listos para seguir adelante, estamos bien en soledad, sólo sentimos muy dentro de nosotros ambición que se traduce en querer continuar lo más rápido posible.

Pero la ambición también es un ente silencioso que llena de dolor todo lo que rodea, estamos nuevamente encerrados escuchando los lamentos de los dos últimos cuartos que hemos dejado atrás. El aprendizaje es certero, ahora sabemos que a cada paso que demos habremos de aprender algo nuevo, es un hecho; ahora estamos en compañía de nuestra soledad y somos libres; nos falta aprender que la mortalidad es cara.

La sangre detiene el tiempo; nos quedamos un rato viendo la bermeja herida en los nudillos; la pared se ha roto, pero nosotros hemos aprendido que somos humanos, estamos sangrando y el camino que vamos dejando a cada gota que cae nos vuelve inseguros y más conscientes de lo que somos.

Proseguimos a la última habitación; la soledad ha muerto y frente a nosotros nos encontramos con una dama; nunca habíamos tenido tanto miedo, es la primera vez que nos enfrentamos a otro ser humano ¿Qué hacer, qué decir, qué pensar?

La primera palabra, la única palabra que logró romper todo, la que llegó liviana y efímera en un impulso de nervios y desesperación humana.

“Hola”

Las puertas se han roto, ahora la luz ha vuelto a nosotros. Somos amigos, somos humanos, somos mortales, somos enamorados. Somos luz.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s