Cher Professeur

Sinèad Marti | @_Macorina

Christian Tagliavini 2

Parece un pretexto sumamente sutil aprovechar este quince para escribir acerca de mi profesor; mi Cher Professeur. Pero no encuentro otro.

Mi Cher Professeur es tan querido como es profesor. Tiene mala letra y mira mi falda que se levanta cuando intenta hablar con él. No se trata de una declaración morbosa de amor; tan sólo un intento de hablar acerca de mi maestre favorito. No el que enseña teorías, sino el que hace ley.

Pero permítanme introducirles a tan exquisito perfil: existen, en las aulas de cualquier plantel, hombres dedicados a la formación académica de aquellos que necesiten herramientas profesionales y educativas para un desempeño óptimo en el entorno. Es dentro de esta categoría en donde encontramos a los Chers Professeurs.

Es importante aclarar que no todos los profesores pueden hacerse acreedores de este título tan noble, esta insignia de querido. Se necesita vocación, aptitud y sobre todo habilidades para enseñar lo que hay más allá del pizarrón.

El Cher Professeur es aquel que evoca el “presente, profesor” como una sugerencia; permitiendo estar sin necesidad de estarlo del todo. Es una persona diestra en el manejo de la artillería viril, conocedora de todo aquello que podemos encontrar ingenuo. Que calla, no por discreción, sino refutando la responsabilidad de sus conocimientos en el campo de las ventajas y las lolitas.

Podría, pues, notre ami parecer peligroso. Y en efecto lo es. Este tipo de profesores enseñan a no saber en dónde se encuentra uno, a no conocer límites. Es el profesor que con una metodología exacta roba un suspiro o una mirada por debajo del escritorio.

Se trata de un hombre con manos de tiza, anteojos mansos y corbata chueca; que esconde debajo del cinto la jerarquía de lo obsceno, las manías de la depravación. Usted sabrá que está frente a un Cher Professeur cuando constate que está siendo educada para saber de qué lado se toma la vida; por dónde entra y sale lo buscado.

Y entonces una no puede ser más que una mojigata, una cuya perversión es un intento lastimoso de convertirse en la mujer que sea. Y cuando esto nos queda claro nos damos cuenta que la lección más importante ya nos fue dada. Es en ese momento cuando Cher Professeur nos pasa al siguiente grado. Con honores, toga y birrete.

Seguramente te encuentras, lector, buscando en tu memoria alguna pista, una migaja que haya dejado, un libro mal acomodado del que pudo ser tu muy querido. No te agobies.

Inténtalo una vez más.

Una respuesta a “Cher Professeur

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s