Remedios Varo: la bruja que hilvanó arte

Gabriel Esquivias Núñez | @gaboesquivias

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Una de las vanguardias artísticas que tuvo mayor trascendencia durante el siglo XX fue el surrealismo. Los pintores, escultores y poetas surrealistas pretendían transformar la percepción de lo que la sociedad consideraba que era arte, y que entonces era predominantemente figurativo, para poder representar sus visiones del mundo real, o el imaginario, mediante escenarios, criaturas y objetos abstractos.Como lo expresó Emma Godoy en su libro Sombras de Magia: Poesía y plástica, “desde hace ya casi un siglo, los pintores […] han dado un viraje total: desdeñan pintar objetos de la naturaleza e intentan describir la mente. Por esta razón, la pintura moderna resulta incomprensible para aquellos espectadores que ignoran tal propósito y siguen buscando en los cuadros modernos las cosas familiares del mundo real”.Asimismo, las obras y piezas surrealistas solían ser testimonio de las experiencias, recuerdos o traumas de sus autores, quienes transformaban dichos pensamientos en elementos que, congregados, creaban universos y paisajes fantásticos, forzando a los espectadores a analizarlos más allá del sentido literal que podría percibirse al primer vistazo. Y es en ese proceso de abstracción simbólica donde yace la grandeza de las obras surrealistas y que, a su vez, permite una mayor comprensión de la personalidad e ideología de sus creadores.

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La creación de las aves

Podría decirse, entonces, que para que un artista surrealista sea considerado extraordinario debería provenir de un contexto socio-cultural que alimentase sus fantasías y que, en vez de mermar su libertad de expresión, lo alentara a compartir con mayor sinceridad y entusiasmo sus percepciones del mundo. Un entorno así fue el que vio crecer a la catalana María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga, mejor conocida como Remedios Varo. Lourdes Andrade escribió en 1996 una biografía sintética de la vida y obra de Remedios, titulada Remedios Varo: Las metamorfosis, en la cual describió de manera puntual la personalidad e ideología de la artista. Andrade narra como Remedios se mostró, desde su infancia como una niña sensible, distraída e imaginativa, apasionada por el dibujo y los cuentos y novelas medievales, así como por el viaje a regiones distantes y distintas de la tradicionalista España. Como el padre de Varo era Ingeniero Hidráulico, y se le encomendaban las labores de construcción de obras alrededor de todo el país y en el norte de África, Remedios se vio forzada a pasar gran parte de su niñez viajando, satisfaciendo así una de sus más grandes pasiones pero dejándola, inevitablemente, inmersa en una soledad profunda, sentimiento que su padre supo encauzar hacia la explotación de sus talentos artísticos. El transcurrir constante entre las distintas regiones que la acogieron forjaron a Remedios Varo como una joven creativa pero reservada; una joven de pensamiento rebelde pero sensible y callada, que hablaba solo a través de sus exquisitas pinturas desde una edad muy temprana; una joven que, sin ser patriota ni ortodoxa, involucraba elementos y recuerdos de sus viajes por la península ibérica, sus tradicionales pobladores y sus paisajes antiguos como protagonistas y escenarios de sus obras. El hábito de la costura y el bordado, aprendidos de su abuela, se convirtió también en parte de su identidad, pues Remedios veía en ello tanto la expresión de la feminidad como de la creatividad y disciplina del ser humano.A su vez, para Varo esta actividad refleja el devenir de la existencia del hombre y su destino, siendo éste un carrete que puede hilvanarse en patrones y estructuras distintas, pero con una longitud y materia prima irremplazables.

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Tres destinos

Años después, y como señala Martha Robles en su libro Mujeres del siglo XX,cuando Remedios hubo de instalarse en un domicilio concreto en Madrid pudo, al fin, asistir al colegio católico, donde su personalidad no encontraría el arropo necesario para expresarse y su espíritu la obligó a luchar contra los cánones de sus institutrices y los paradigmas que estas inculcaban en sus alumnas. Fue así como Remedios aprendió a alzar la voz cuando el mundo amenazara con callarla, y es en esta etapa donde se consagra como una mujer liberal, al menos para la época. Varo no se conformó con el adoctrinamiento católico que formaba a ‘mujeres ideales’ que únicamente esperaban la llegada de un hombre que hablara por ellas y les ordenara. Remedios se propuso transformar esa opresión en inspiración artística y se determinó a vivir como una mujer independiente, inteligente, visionaria y de una identidad y personalidad distintivas. Pasó el resto de su vida estudiando y practicando el arte, así como relacionándose con representantes de la vanguardia que la identificaría. Amistades tales como Salvador Dalí, Benjamin Péret y Leonora Carrington la impulsaron a demostrar sus habilidades pictóricas, elaborando obras de surrealista percepción de universos imaginarios que ella construyó, habitó y exploró con cada trazo y cada pincelada.

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El flautista

Robles también señala que la personalidad retraída y severas opiniones de Varo, sobre lo que ella consideraba banal, superficial o interesante, provocaron que las personas que la rodeaban encontraran difícil llegar a conocerla. Remedios, eventualmente, se acostumbró a ello, convirtiéndose en una bruja que añoraba momentos de introspección, donde se permitía dar rienda suelta a su imaginación, siendo su soledad el caldero donde maquinaba realidades mágicas, oníricas, oscuras, eróticas o, en algunas ocasiones, dulces y tiernas. Sus lienzos son inconfundibles y poseen un lenguaje autóctono donde conviven criaturas fantásticas, personas con una cacofonía de sentimientos, aves, maquinaria y arquitectura paradójicas, bruma que envuelve e hilos que conectan. El aclamo y reconocimiento mediático por su labor artística le incomodaba, por lo que buscaba refugiarse, cada vez más, en una rutina cotidiana discreta e íntima, donde podía disfrutar plenamente de su realidad inventada, donde sus sentimientos más sinceros, sus pasiones, sus dolencias y romances cobraban color y forma. Con ese misticismo, magia y distanciamiento se condujo hasta el día de su muerte, momento en el que pasó de ser un mero exponente reconocido en el ámbito artístico para convertirse en una leyenda.

Referencias:

Andrade, L. (1996). Remedios Varo: las metamorfosis (1a ed.). México: Círculo de Arte.

Godoy, E. (1968). Sombras de magia: Poesía y plástica (1a ed.). México: Fondo de Cultura Económica.

Gruen, W., et al. (2008). Remedios Varo (4a ed.). Singapur: Ediciones Era.

Robles, M. (2002). Mujeres del siglo XX (1a ed.). México: Fondo de Cultura Económica.

 

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