Mambrú se fue a la guerra

Sineàd Marti | @_Macorina

Dibujo

Mambrú se fue a la guerra. ¡Qué dolor! ¡Qué dolor! ¡Qué pena! Con su uniforme de látex blanco y las piernas temblando. Mambrú se fue a la guerra y no sé cuándo vendrá.

Sé que algunos que se presuman doctos en el campo de los cantitos infantiles me desafiarán argumentando en contra de todo lo que yo pueda decir de Mambrú. Los más intolerantes afirmarán que Mambrú jamás encontró en una mujer el puerto a su ola más traviesa. Pero yo he venido ya decir toda la verdad.

Mambrú fue siempre un chico. Era bien parecido, solemne, con apenas la edad suficiente para salir al mundo sin consultar a mamá. En tardes lluviosas se ocultaba debajo del cobertizo del patio abandonado añorando el calor de Judith. Como el mago que era hacía su magia e inventaba su propio calor, hacía llegar a su Judith. Y así podía pasar horas pensándola y masturbando su espíritu para explotar en una nostalgia que parecía pegajosa para cuando paraba de llover.

Nuestro no tan pequeño, pero siempre chico, Mambrú, sí se fue a la guerra; pero buscando ganar batallas diferentes a las que se pueden pensar. El casi héroe buscaba usar la espada y tocar fondo en abismos distintos a los de los libros: Mambrú buscaba al amor. Pero al amor en su manera más bestial. En la cual sentir sucede en cuatro patas, y uno calla porque contarle al sexo sus propios secretos ocupa toda nuestra lengua.

Vendrá para la Pascua o por la trinidad. Vendrá sin un brazo o con el alma en la punta de la nariz. Vendrá sin nada porque se fue sólo.

Mambrú siempre detestó el color blanco. En las sábanas o en todo lo implicado en sus deberes; le parecía un color traidor, que delataba cualquier intento de ir con la veracidad de los hechos, de no servir a las expectativas inmaculadas de los dogmas de su época. Y cuando vio a Judith… ¡Oh Judith! ¡¿Por qué bragas blancas?!

Por allí viene un paje. ¿Qué noticias traerá?

-Mambrú no vuelve.

No vuelve porque Judith lo ha devorado. Porque mientras los labios del pobre diablo acariciaban sus sótanos más húmedos ella lo ha descubierto amando.

-Mambrú no vuelve entero ni en pedazos.

Judith se lo ha tragado y en su vello encontrarás atorados algunos dedos. Su cabeza expuesta en su clítoris-museo, en donde se muestran todos los héroes a honrar por su valentía. O pedantería.

Que Mambrú en su primera batalla en el campo del colchón ha perdido. Se enamoró del cuerpo de una mujer y ha cosido sus labios a sus muslos. Que ha tatuado sus senos en las cuencas de sus ojos.

Mambrú se fue a la guerra y ahora se sabe que allá se quedó. Mambrú se fue a la guerra. ¡Qué dolor! ¡Qué calor! ¡Qué faena!

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