La Mujer Pájaro

Claudia Damián | @Miss_Amnessia

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Nunca fui ni de aquí ni de allá. No recuerdo alguna vez que me haya sentido parte de algo. De un hogar, una ciudad, ni siquiera de unos brazos. No. Jamás mantuve apegos y sin embargo sigo aquí varada. Sin poder moverme, respirando el mismo aire una y otra vez. Asfixiándome.

Una vez escuché a alguien decir con la mayor dignidad posible “los árboles mueren de pie”, como si fuera gran mérito morir en el mismo lugar donde se nació. Siempre he pensado que uno no es de donde viene; uno es de donde gusta: de la calle favorita, del café preferido, del atardecer más sublime, del beso  apasionado… De donde se quiera pertenecer. Yo nunca quise pertenecer a algo o a alguien; siempre tuve envidia de los pájaros, de las mariposas. De todos los seres que reinventan la libertad. Cada día miraba por la ventana imaginando que recorría todo el mundo, soñando despierta con parajes místicos y edificios que tocan las estrellas.

Todas las noches me quedaba dormida flotando entre imágenes difusas de lugares que nunca había visto, pero que pronto conocería. Y un día mientras el aire olía cada vez más a podredumbre y recuerdos deslucidos sentí que algo dentro de mí se transformaba. Un pequeño latido de calor dentro del pecho que se extendía hacia cada parte de mi cuerpo y tuve alas. “La mujer pájaro” dijeron algunos cuando me perdí en el claro cielo azul.

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