Somos lo que habitamos

Lesli Butista / @LesliBautista

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Como bien diría Alain Botton: “Somos lo que habitamos” y es que cualquier espacio, incluso la obra más emblemática es un reflejo del alma. Entender que los arquitectos responden a la sociedad es una buena idea, habitar en toda la extensión de la palabra, es una excelente idea.

Es importantísimo entender que en la genética de cada casa, cada edificio, cada ciudad existe una respuesta formal y funcional a las demandas concretas de una familia, un empresa o a los rasgos e idiosincrasias de la sociedad en la que se encuentre la edificación.

Una casa es para toda la vida y es una inversión importante, pero a veces, se nos olvida esto y no sólo desde el punto de vista de arquitecto, sino también al ser clientes. Dejamos en el tintero el hecho de que la vida es una obra de arte en movimiento eterno, que no hay por qué buscar una casa minimalista porque “es la moda” o construir con acero porque “el de enfrente también”; hay que buscar nuestro estilo, nuestra propia identidad. Si el olor de la casa de los abuelos nos recuerda algo, ¿Por qué no hacer que nos recuerden por nuestra arquitectura? No tiene por qué ser el tapete de ‘Bienvenidos’ la primera impresión, la fachada debería serlo. Dicen que no debemos juzgar un libro por su portada, pero un buen título siempre te invita a leer; pasa lo mismo acá, una fachada agradable te invita a entrar, y es entonces cuando la arquitectura se vuelve un reflejo de nuestra alma.

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Cierta innovación se impone constantemente, pero hay elementos arquitectónicos que se repiten a lo largo de la historia porque responden a las necesidades hondas de los humanos, y el camino de la felicidad se apoya en ellos: en la simetría, por ejemplo, o en las curvas de ciertos objetos. Donde esté la disposición adecuada de líneas y trazos, estará nuestro hábitat ideal, ese lugar al que nos gusta volver porque ahí reencontramos lo mejor de nosotros mismos. Qué mejor sería que este lugar fuese nuestro hogar, el trabajo inicial es del arquitecto encargado, y después entramos nosotros, los habitantes a terminar de embellecer el espacio.

Se nos acaba el suelo, pero tenemos interiores por crear, el espacio es la materia prima del arquitecto, aunque a veces lo olvidemos.

 

 

 

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