Stephen King y las preguntas humanas

Martín Juárez / @mmmartin26

No hace mucho tiempo fue que decidí entablar una estrecha relación lector-escritor con uno de los más célebres autores en el género del terror. Stephen King y su trabajo tienen una profundidad, a pesar de un bajo fundamento descriptivo; una capacidad altísima para entrar a la mente del lector. La funcionalidad de su trabajo y su carácter de nominalista (por el puro hecho de pertenecer a una corriente anglosajona en la literatura sin una formación o influencias más latinas en su redacción) consiguen establecer una conexión sinérgica entre la comprensión directa y fácil de sus ideas con los argumentos que en cierta forma son más lógicos que circulares. Hablamos de un autor de una lectura sencilla, y de una forma muy básica. Lo que es más importante cuando lees a King es la trama; siendo que este hombre hizo todos los demás aspectos de su literatura pasar a un lugar secundario para aquel que quisiera analizarle.

Foto 19-07-10 21 18 25

Doy el breve preámbulo con King para poder establecer una ligera semblanza de una de las excepciones en la generalización del trabajo de este escritor. Nadie es constante, y en el trabajo de cada uno, podremos observar algunas necesarias omisiones al comportamiento tendencial de los autores en la construcción de su trabajo. Básicamente se dice que el planteamiento clásico de los autores, fotógrafos, artistas, demás se interrumpe en función del proceso artístico y creativo. Melville tiene que dejar de tener el cuestionamiento existencialista cuando se refiere a su ballena blanca, Woolf ignora el sistemático y agobiante trabajo de análisis antropológico para poder entablar una relación en la construcción de una historia. Es así como en algún punto, se deduce, King deja la trivialidad argumentativa del postulado automático y casi minimalista para poder sustentar una historia asombrosa. Y es de ese agujero en su trabajo, de lo que se hablará en este artículo.

El retrato de Rose Madder es un trabajo escrito por King allá en la década de los noventa que tiene una trama bastante interesante en la que una mujer establece una relación con un cuadro que compra. Este cuadro tiene la cualidad de absorberle para introducirla en un universo distinto (que en una historia de ciencia ficción, que llamaríamos un portal inter-dimensional) en la que los personajes que conforman parte de este microcosmos son a la vez entes psicológicos derivados del yo de la protagonista, y entes independientes y reales. Estos personajes intervienen y ayudan a Rose a poder escapar de su pasado. A lo largo del trabajo, vemos el mismo estilo narrativo de It, o de The Wastelands, donde la mayoría del trabajo tiene un sustento articulado en la mente de los personajes de la historia.

Foto 30-06-14 13 59 17

Aquí pasa algo distinto. Si bien a lo largo de la historia, nunca podemos establecer la verdadera naturaleza de los personajes que pertenecen al mundo de la pintura de Rose Madder (que en realidad no es relevante para el sustento medular para el cual, este artículo está redactado), King rompe con la naturaleza de la creación de sus personajes. Aquí es donde viene la parte más interesante que dio origen a estas líneas. Sin importar si el lector de este trabajo haya o no leído el trabajo de King, se puede establecer un breve preámbulo que describa el argumento a tratar.

La protagonista de la historia se refiere a los habitantes del microcosmos del cuadro y les pregunta atentamente si ellos saben quién es ella, en qué lugar se encuentra, si estará bien, o si no lo estará. Una mujer que habita en el cuadro entonces, se dirige a ella solicitándole que en ese lugar no haga “preguntas humanas”, porque está prohibido. Y entonces la protagonista inquiere el significado del concepto prohibido. Y se le responde lo siguiente: “una pregunta humana es aquella a la que puedes encontrarle una respuesta tú misma”.

Aquí es donde King deja la obviedad de su trabajo y plantea una pregunta, más que una afirmación a un tema filosófico fuertísimo en el que chocan un sinfín de perspectivas que tratan de resolver varias dudas planteadas. El primer cuestionamiento que se me ocurre señalar es el de carácter epistémico, pues se puede decir que todo aquello que es aprehensible por la mente humana, es potencialmente todo objeto de conocimiento humano.

Stephen King

Pintamos aquí la primera raya.

Ignoramos el conocimiento no-humano y su naturaleza que está muy por encima de aquello que podremos alcanzar a definir de manera sistemática y científica. El hombre aquí, no tiene mayor remedio que hacer lo que el hombre griego tuvo que hacer para poder explicar la razón de ser del viento, y de la música y del pasar del carruaje de Febo por el firmamento. Se crea, se especula, se interesa, el hombre se fascina por aquello que no tiene conocimiento. El trueno es de un dios, y el propio hombre resulta ser de la misma naturaleza y crianza que muchas de las cosas con las que tiene que compartir su universo. Llegamos a poder afirmar que esto podría ser potencialmente cierto en un determinado nivel sin ninguna clase de afirmación especulativa y/o regulatoria que pueda determinar la verdadera naturaleza de la sustancia del ser por la cual estaríamos desarrollados en este caso.

Muchos atribuyen el conocimiento no-humano a un ente divino y con una inteligencia suprema que puede alcanzar a resolver estas dudas. Sobre esto, poco se puede decir, pues el postulado teológico que sustenta a dicho ente, considero, debe ser un artefacto analizado con el propio estudio que podrá explorar estos agujeros. Una cosa es segura, y es que si este conocimiento puede ser confirmado, entonces muchas de las preguntas de la humanidad podrían ser automáticamente atribuibles al conocimiento no-humano. Pero más allá del esclarecimiento de la naturaleza del Dios mismo, podemos hablar del planteamiento antinómico regalado por Kant en la crítica de la razón pura. Aquí es donde, yo creo, es donde podemos chocar con una naturaleza argumentativa perfecta que nunca podrá ser totalmente confirmada dada la falta del conocimiento a priori para poder desarrollar el juicio propio para afirmar un enunciado científico.

La respuesta de Kant, unida con el pensamiento postmoderno afirma que el hombre ignorará parte de un conjunto de juicios que no puede conocer, pero aquello que no puede responder siempre estará ignorado. Al final, entonces, el conocimiento humano es todo aquel que esté encontrado dentro de los límites pintados por la razón. Lo demás, está tajantemente fuera de aquello que podemos calificar de verdadero sin que nos tiemble al menos una parte de la mente que diga que podría ser que no fuera así.

El segundo enfoque que me gustaría tratar de entablar para narrar las cualidades de aquello a lo que el ser humano no podrá otorgarle una respuesta está adscrito a las naturalidades de lo que es la sabiduría en sí misma. Vayamos del campo científico al campo literario, al del conocimiento más antiguo y relacionado al modus vivendi de lo seres que transitamos por los caminos del hilemorfismo autoconsciente. Se dice entonces de aquello que es cierto para la mente del sujeto que pregunta aquello que podría estarse respondiendo él mismo.

La respuesta, entonces yace en un lugar más profundo del planteamiento de la pregunta. Y así, se afirmaría, con un par de gotas de relativismo que la verdad interior de cada ser humano está dentro de sí mismo y que cualquier cuestionamiento ajeno a lo asequible dentro de esta verdad está por fuera de la humanidad misma. Ignoramos, por supuesto, la naturaleza ontológica y generalizable de este conocimiento referido. Pero, si existiera (ignorando la naturaleza antinómica de la existencia de la verdad interior), entonces habría una serie de dudas que rayarían fuera de lo humano que harían al planteamiento uno muchísimo más difícil.

¿Tendrían cosas en común? ¿Serían completamente diferentes? ¿Resultan en un proceso auto-regulatorio y consciente de las demás formas semejantes que conforman al postulado de un imperativo categórico?

Se entiende la circulación argumentativa y dependiente del conocimiento solicitado a través de los párrafos anteriores. Y es que entonces, sustentamos que los argumentos lógicos que conformarían a las respuestas, serían igualmente antinómicos y ausentes del conocimiento necesario para su postulado. Y es que entonces se termina postulando una ligera duda que amaría preguntarle a los personajes de ese cuadro ¿es una pregunta humana, preguntar cuáles son las preguntas humanas? Si la respuesta fuera un sí, entonces se deduciría el segundo argumento, y el primero a partir de la respuesta negativa. Y entonces… Chocaríamos contra muros de preguntas no-humanas más adelante, que seguramente, nunca podremos visualizar, y mucho menos responder.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s