Después del cenit

Alejandro Peralta / @LiricoAlejandro

Si la mañana no nos desvela para nuevas alegrías

y, si por la noche no nos queda ninguna esperanza,

¿es que vale la pena vestirse y desnudarse?.

-Goethe

bosque-de-noche

El pasado tiene enseñanzas que definirán lo que el porvenir guarda; sin pasado no tenemos futuro, sin el maestro de la vida nos quedamos solos, verdaderamente solos ante las fieras fauces de lo desconocido.

El sol me quema, el mismo sol que hace años iluminaba los parques en los que solía jugar y correr sin preocuparme del futuro; en ese lapso de mi vida no existía lo que ahora conozco como el tiempo, desconocía el reloj y sólo me interesaba que saliera la luna y que mi madre me tuviera entre sus brazos. No necesitaba más, esa era mi felicidad.

Pero el mundo es cruel y no pude escapar del tiempo; cambié los parques por aulas en las que un gran reloj me abría los ojos a lo desconocido; las manecillas no paraban, ese sonido insoportable manifestaba que ahora crecía para poder morir.

No quiero pensar en mi futuro, no quiero caer en lo mismo de siempre, no quiero recrear los dolores que he vivido; ya he sufrido demasiado en tan poco tiempo que lo venidero no pinta para mejorar, los hombres en los campos de concentración decían “Sonríe, que los días venideros serán peores” y no veo que estén equivocados; se debe disfrutar cada día, que los que se acercan nos pondrán frente a frente con los dolores más grandes; aún nos falta enfrentarnos con muertes, caídas y olvidos. No somos tan fuertes como creemos.

No sé si sea la madrugada y el insomnio el que ocupe mi mente y mis manos para escribir esto, pero al instalar en mi corazón tantas verdades y recuerdos de amores perdidos, veo a lo lejos una esperanza representada como luz; la magna conciencia de lo que he venido creando por tantos años. Este es mi mundo y el tiempo sólo toma forma según lo vaya sintiendo.

Pero al final, todos tenemos sueños que dejan de lado al tiempo, deseos que vemos inalcanzables, que se van perdiendo como agua entre los dedos y no estoy lejos de esta búsqueda que parece imposible  porque se queda fuertemente agarrada de la mano de Oniria. (Oniria es la representación humana y femenina del sueño).

He aprendido a soñar con el porvenir; he tenido sueños sobre caminar entre libros, oler cada hoja recién impresa y encontrarme al fondo, casi escondido e invisible, un libro con un título enigmático y con la sorpresa que en el lugar donde iría el nombre se encuentra el mío, también se han presentado sueños sobre idas al cine y, casi igual al sueño de la librería, encuentro mi nombre situado debajo del anuncio del director. Sé que sólo son sueños, pero a cada paso que doy los siento más cerca.

El miedo que tengo es que me quede en el camino, con tantos deseos y sueños en la cabeza y dejando que todo se quede en simples pensamientos, lejanos e hirientes, que algún día me fueron definiendo una identidad.

Buscar cada sueño tiene sus dificultades y la búsqueda de ellos me adentrará en luchas muy distintas a las que ya he tenido; en primer lugar buscaré tener un concepto propio de Dios, dejando de lado las religiones dominantes. Esto me llevará a duras pláticas con mi familia, todos ellos son muy apegados a la religión católica, incluso mi padre estudió en el seminario y estuvo a punto de ser padre. En segundo lugar emprenderé un viaje individual a los misterios de la vida en solitario, intentaré aprender a dejar de lado a la familia y amigos para tener la fuerza de quedarme solo, porque al final sólo somos individuos que deben superarse a sí mismos por medio de duras luchas contra la soledad. En tercer y último lugar, la lucha contra lo inevitable; estoy seguro que los golpes más duros de la vida de cualquier ser humano son perder a sus padres, sus hermanos y sus amigos, pero el tiempo es así y no queda duda de que lo sufriremos tarde o temprano.

Me veo al espejo y siento que he envejecido, que mi rostro ha dejado de reflejar la inocencia de aquel niño que se tiraba en el pasto durante horas y que jugaba con la luna; hoy me veo inmerso en ausencias, en un romanticismo inminente. Supongo que tanto leer poesía me dejó con un corazón débil ante lo que realmente pasa en el mundo. He de morir, pero al parecer he de morir de amor.

Los versos han sido parte esencial en mi vida; cada letra escrita en un preciso espacio crean, en conjunto, obras líricas que me han hecho volar y recorrer las nubes para luego realizar que he estado dentro de mi propio corazón todo este tiempo. Los sueños no son tan diferentes; inalcanzables dentro de uno mismo.

Mi futuro no tiene alternativa, será caer bajo la misma mortalidad humana, algo así como Jorge Guillén escribía en su poema Sobrevivir: “bajo un cenit invertido y yerto”. Pero así es la vida y el futuro nos guarda una misma tonelada de tierra para cubrirnos eternamente.

Con tanto en contra buscaré mis sueños en cada esquina, en cada café en el que me encuentre leyendo un libro o escribiendo un poema que quedará en esas hojas infinitas, me haré inmortal como ya lo han hecho varios ídolos; Neruda, Lorca, Goethe, Ingmar Bergman, Cortázar, Kubrick e infinidad de hombres que encontraron una manera de dejar su alma en la tierra mientras que su cuerpo se podría bajo tierra o se incineraba en las misma llamas que hacían hervir su corazón.

Tengo todo planeado; cada paso lo tengo escrito en la cabeza, las decisiones que vaya tomando sólo serán bifurcaciones a un mismo objetivo. Voltearé en algunos años y la oscuridad habrá consumido todo, pero volveré a ver de frente y una luz tan grande como el sol guiará mi camino; en ella se esconderán los brazos de mi madre que como Ismael Serrano cantaba en la canción A las madres de la Plaza de Mayo: “guían mis manos, sus manos fuertes, hacia el futuro. -¡Hasta la victoria siempre!-” (Serrano 1999).

El futuro es algo indescifrable que vamos creando conforme nuestros pasos van dejando huella en la acera, y heme aquí; confundido ante un mundo gigantesco y como un desconocido en tierra de extraños. Luchar para volverme un monstruo no es tan fácil, los golpes que nos da la vida nos van pintando la cara de color blanco y dejándonos una nariz de payaso; nos volvemos Garrick y aún no nos han cambiado la receta.

Tengo todo para triunfar, nada es imposible en un mundo de casualidades. Sé que un día despertaré y sin previo aviso una mujer me besará y en la puerta; unos pequeños pasos se escucharán caminar a la cama. También sé que no será por mí, que habrá sido sólo un golpe de suerte. David Sainz lo retrata bien al final del primer episodio de Malviviendo:

Y así son todos los días, idénticos, dejando pasar las horas como si fuesen los anuncios que nos obligan a ver mientras esperamos que nuestro programa favorito empiece, vuelvo a casa tarde mintiéndome y prometiendo que mañana voy a ponerme enserio, que me hago viejo, ¿A quién voy a engañar?, seguiré sentado esperando un golpe de suerte, tarde o temprano, me tiene que tocar a mí. (Sainz 2009).

No es que no crea en mí y en la posibilidad de lograr mis sueños, tengo la decisión de llevarlos a cabo, pero como he venido expresando, al parecer no hay mucho por hacer, al final debemos morir y si encontramos una manera de ser recordados, vivirá nuestra alma eternamente entre los mortales, mas un alma no sirve de nada si no puede ser libre, no quiero estar aherrojado a lecturas que hagan de mis libros, quiero ser libre y descansar por el tiempo necesario o incluso pagar mis pecados cuando esté frente a Caronte.

Ante todo esto sólo me quedan los amigos, aquellos que le dieron vuelco a mi realidad; en esta vida he encontrado a pocos, pero suficientes, ellos son los que me han ido definiendo, que me han vuelto un ente con brillo propio; a ellos les agradezco eternamente, sin su presencia hubiera caído en las garras de la monotonía y la desesperación. Ellos son parte de mis sueños, se encuentran acompañándome a la librería o al cine, ellos son los que aplauden al final y derraman una lagrima al terminar aquel libro con un título enigmático. Ellos son la fuerza de vida de un alma desdichada por sus propios pensamientos.

Los amigos son una bendición, mas la poesía me los ha dado como un dolor más, Antonio Machado escribiría “Tengo a mis amigos, en mi soledad, cuando estoy con ellos. ¡Qué lejos están!”. No quiero parecer un mártir que busca lastimarse a sí mismo, sólo quiero recalcar que la poesía no me da un presente de gozo, ni un futuro de alegría.

Hoy estoy solo y las manecillas vuelven con su tic-tac ensordecedor; las nubes se van despejando y la ciudad parece increíblemente hermosa. Si dejo que mis sueños se queden como sueños, Pedro Calderón de la Barca seguirá teniendo razón:

¿Qué es la vida? Un frenesí

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

(Calderón de la Barca 1635)

Mi vida no es un poema y a cada paso que doy no se van escribiendo nuevos versos, soy un hombre que quiere encontrar una verdad, que busca el amor, que ve en su futuro una alegría infinita. Hoy es un día especial, será la última vez que vea mi futuro y mi pasado a través de versos, a través de lo que me a definido tantos años:

Y es sangre la lluvia

que acaece en mi corazón,

y es muerte la risa

de mi único y gran amor.

Soy loco de tiempos,

de espejos y rencor,

y es larga la noche,

tan larga como mi ilusión.

Soy viento del norte;

un cierzo apacible

postrado en el alma

y en la predestinación.

Soy ángel de luz

cargado de dolor

y la sangre en el río

no es más que lívido esplendor.

Y es tan larga la muerte

que no encuentro su final,

y lloro desconsolado

al saber que ya no te he de recordar.

Olvida todo,

vuelve a mí,

naturaleza muerta

de un cuadro carmesí.

Y es mi pasado

el que regresa

y es mi futuro,

el que se vuelve a morir.

Todo puede pasar, pero si algún día me veo en el espejo y encuentro algo más que un enano sanguinolento como el que alegraba a la infanta, seré completamente feliz, sabré que mi vida tuvo un sentido y que sí vale la pena vestirse y desnudarse porque la mañana me desvelará para nuevas alegrías y por la noche me quedarán muchas esperanzas.

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