Otro texto sobre identidad

Xocoyotzin Vázquez / @LuisXoco

IMG_1896

 

Palacio de Bellas Artes, foto por Ruy Cuevas

La Arquitectura mexicana ha padecido años, lustros, siglos –si no es que milenios- de una identidad confusa, una auto celebración borrosa como expresión de la cultura y el entorno en el cual existe. Podría llegar a parecer incluso imposible determinar estilos o corrientes endémicas de la situación, momento y lugar del país.

La influencia externa, que no es mala, pero siempre mal interpretada y mucho peor aplicada por nosotros, ha llevado a la predominancia del arquitecto graduado que imita y traslada formas, texturas y visuales de un lado a otra sin la menor consideración del nuevo destino de esa “fotografía” (que es finalmente lo que busca, la imagen vista en otro sitio reproduciendola sin alterarla).

Luis Barragán decía que el gran problema del mexicano al momento de aprender del extranjero no radica en buscar en el exterior respuestas, sino en la nula capacidad de observación y criterio para entender como usar recursos y respuestas hechas en otros lugares para hacer uso de ellas de acuerdo al caso propio que exige composiciones diferentes…

Él decía que el mexicano quiere demostrar su cultura, que ha viajado y ha visto cosas, trayendo de otros lados lo que vio, imitando en un lago lo que vio en unas montañas alpinas, reconstruyendo casi madera por madera la casa que conoció allá, sin preguntarse y menos preocuparse de las implicaciones y condiciones que conlleva un entorno diferente, donde el clima y diferentes factores alteran la composición y consecuentemente pueden hacer que al construir con los planos de una buena creación, se materialice una pésima obra.*

Y esto hay que recalcarlo, ver cómo se ha resuelto un problema en otro lugar siempre es bueno, permite observar ideas que funcionan, pero no se trata de imitarlas si no de reproducir la forma de pensar para resolver las ideas de forma particular a como se necesita en una situación diferente que forzosamente necesita respuestas diferentes.

 La identidad arquitectónica no surge de dictaminar ciertos colores, formas o texturas como lo obligatorio para que tal cosa sea algo (p. ej. decir que el rosa mexicano y la teja de cerámica es la Arquitectura mexicana), la identidad surge por la situación y los recursos disponibles para ser; así como una persona, tiene una identidad propia surgida de diferentes factores, que en un principio fueron dados por las circunstancias pre establecidas y posteriormente esculpida por la decisiones tomadas, una personalidad auténtica se puede observar y saber que es tal… lo mismo pasa con lo construido, aquello que responde al lugar, al tiempo y las circunstancias propiciando que la vida sea mejor para ese escenario, eso es la identidad.


 *Pueden leer lo que dijo el Arquitecto jalisciense en el libro Escritos y Conversaciones, edición por Antonio Riggen Martínez, El Croquis Editorial, España, 2000.

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