El Gran Día

Miguel Cortés / Canal de YouTube: Mike Katz

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“Estos no son tiempos para tener miedo”, repetía su padre cada vez que podía, y cuando no podía decirlo se resignaba a transmitir aquel importante mensaje con su cara que, irónicamente, parecía no evidenciar la percepción de emoción alguna. Podemos comer en paz por ahora, los balas que caen como lluvia ya no pueden cambiar los sabores, el sonido de las armas descargando ya no es más extraño que los antiguos cantos de un pequeño pájaro. Siendo honestos, yo no debería estar aquí, yo debería estar muerto, todos los que conocí ya lo están, hay una razón por la que esta familia me encontró, por la que no me vendieron cuando podían, yo no la sé, ni siquiera ellos parecen saberla. Vaya que ha sido extraño, la forma en se escapan las ganas de vivir cuando pierdes a los que te rodean, lo es porque te das cuenta de que tu por sí solo no eres nadie, pensabas que sabias quien eras y que podías controlar quien eras, pero la verdad es que todos a tu alrededor te han moldeado, cada uno de ellos intentó cambiarte y lo lograron sin que te dieras cuenta, yo tal vez por un momento sentí como era ser un disco en blanco cuando todo desapareció. He visto las nubes desde un pequeño agujero en mi ventana de metal, se que estas nubes en realidad no lo son, se que lo que quiero ver son nubes como las que conocí, se que esta lluvia fue hecha para exterminarnos como la lluvia que conocimos lo fue para hacer lo propio con las diminutas hormigas.  Queda en mí esta punzante angustia al ver a una familia en esta situación, saber que están a punto de ser separados para siempre, al menos yo ya pase por esto, al menos yo ya estoy listo para este destino.

Me dispongo a escribir algunas últimas palabras vacías, literalmente vacías dado que aunque lleguen a las manos indicadas, ellos probablemente no podrán leerlas: no estaba sorprendido, no lo estaba ni un poco cuando se acabó la comida y nos empezamos a comer unos a otros, ni lo estuve cuando se acabó el agua y bebimos la espesa sangre de esta persona con la que alguna vez reímos. Fue claro desde hace tiempo, desde que fui capaz de ver aquel mundo donde vivíamos, tratamos de olvidar lo que sabíamos pero nadie fue capaz de escapar, nadie pudo olvidar que en ese mundo todos fuimos paganos y hasta los santos nuestra carne desesperados buscaron. No pudimos hacer nada, nada más que esperar el fin, sabemos que ya estamos muertos, sabemos que nuestro hogar ya no existe, también sabemos que todo esto no fue necesariamente trágico, tal vez fue lo mejor que pudo pasar, tal vez nuestra perfección nos condenó desde el principio, creímos en libros y escrituras que interpretamos a conveniencia, al final el único dios en el que todos creyeron fue en el vanidoso e irónico concepto del “uno mismo”.

De pronto entra esta chica, debo dejar por un momento la pluma y el papel, me dice que habrá una reunión familiar ahora, presiento que mi tiempo se acaba, pero será todo un placer, después de todo les debo la vida. Me siento en aquella vieja mesa, ya todos estaban ahí, antes de que pueda decir una palabra el padre me revela que ellos han decidido algo. “Parece que pronto se acabaran las provisiones, sabemos que tarde o temprano tendremos que salir. Ya que somos una familia queremos pedirte un gran favor”. Supuse lo que diría luego, que podrían estar un poco más de tiempo juntos, lo único que yo tenía que hacer era salir ahora y entonces ellos 4 tendrían las provisiones necesarias  para un día más completo. “Vamos a salir ahora mismo, lo haremos todos nosotros porque no sería lo mismo si faltara alguien de nuestra familia, hemos hablado esto y hemos decidido que ya no podemos escondernos más, queremos por favor que tú te quedes aquí y que aguantes lo más que puedas, si logras conocerlos ellos no te podrán amenazar con nada porque solo serás tú”. Quede atónito ante aquella dura decisión pero más ante el sereno tono de aquel hombre, debí aceptar con la mirada sin darme cuenta ya que él solo me sonrió y camino tranquilamente hacia la puerta, lo siguieron su esposa y sus hijos, la puerta se abrió sin titubeos,  se dijeron algo que no pude escuchar, el ruido de los proyectiles se hizo muy fuerte cuando la puerta de nuestra última esperanza se delato, se tomaron de la mano, cerré los ojos y segundos después ya estaba solo, ellos saltaron hacia la cita ineludible.

Volví rápidamente a la habitación, termine por decidir que aquel escrito ya no tenía sentido alguno de hacerse. Lo enrollé y decidí que como una obra que no le fue satisfactoria a su autor, me desharía de el sin arrepentimientos. Y así fue nuestra historia, una obra que al final término muy por debajo de lo que pudo ser, tan solo fuimos arrojados para que el autor pudiera empezar de nuevo, yo he de empezar de nuevo, yo he de dejar ahora el universo en manos de los que vinieron a sellar nuestro fracaso, de los que asediaron a los míos con sus balas eternas, el resto será historia, solo desearía poder ver caer mi propio cuerpo mientras abro esta puerta.

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