Félix Candela: La belleza potencial de las estructuras.

Lesli Bautista / @LesliBautista

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Una de las figuras más destacadas del siglo XX en el desarrollo de nuevas formas estructurales de concreto, la idea de que el ingeniero ha de ser un poeta y la convicción de que la estructura depende de la forma más que del material empleado, hicieron que su investigación sobre cubiertas ligeras de concreto armado fueran más allá de lo cotidiano.

Su mayor aportación en el terreno estructural han sido las estructuras en forma de cascarón generadas a partir de “Paraboloides Hiperbólicos”, una forma geométrica de una eficacia extraordinaria que se han convertido en el sello distintivo de su arquitectura.

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Después de la Guerra Civil Española, Candela se exilia en México, donde creó algunas de sus obras más representativas, entre las que destacan el laboratorio de Rayos Cósmicos (1952) para la ciudad universitaria de México, con su cubierta ondulada de concreto de tan sólo 15 mm de espesor; la iglesia de La Milagrosa (1953) en la colonia Narvarte de esa ciudad, en dónde bajo las bóvedas dobladas se configura un espacio que se asimila un tanto a las construcciones de Antonio Gaudí; el restaurante Los Manantiales (1958) en Xochimilco, con sus ocho láminas sutiles que se abren cual nenúfar sobre una colina rodeada por jardines flotantes; y finalmente el Palacio de los Deportes para los Juegos Olímpicos de México ‘68.

Para éste último, se basó en el diseño del Palacio de los Deportes de Roma (hecho para los Juegos Olímpicos de Roma). Con este inmueble Candela abandona el concreto, que había sido el material habitual en casi todas sus obras anteriores, y lo cambia por una bóveda biaxial de acero, una geodésica de aluminio recubierta con madera y cobre, que dio como resultado no sólo una estructura eficiente, sino también un ícono y una nueva manera de construir.

Con ayuda de Antonio Peyri y Enrique Castañeda Tamborrel, crea una estructura con cuarenta apoyos, parte del México moderno; la construcción se hizo en 714 días y lleva el nombre de Juan Escutia, uno de los Niños Héroes de México. Cuando todavía no estaba concluido, una revista estadounidense lo llamó “El Palacio de los Mil Soles”, debido a la forma múltiple y espectacular con que puede reflejar la luz solar. A pesar de ser construida para los juegos olímpicos, actualmente se llevan a cabo ahí actividades deportivas, culturales y hasta sociales.

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