Generación Espontánea

Miguel Cortés / Canal de YouTube: Mike Catz descarga

Es muy difícil aceptar que naciste solo para una noche, una sola noche en tu vida para la que fuiste hecho, un momento que definiría tu futuro y tu pasado, una sola noche… Pero esto no es ninguna sorpresa, después de todo solo somos uno entre millones, después de todo nos estamos dando cuenta de que no somos tan únicos como creíamos, es más, parecería más sorprendente que de hecho un solo momento fuera por coincidencia hecho para dos personas al mismo tiempo.

Todos recuerdan su noche, cada vano detalle de ella, es como una maldición, como si hubiéramos nacido con aquel recuerdo apagado en nuestras mentes esperando a tatuarse para siempre en nuestra débil memoria. Desde el momento en que el reloj marcó las siete en punto, desde que el sol se escondía detrás del imponente paisaje yo me sentí hipnotizado, como un hechizo me invade la curiosidad de saber más de ella. A penas la conocí, días atrás le dije palabras que puedo contar con mis dedos, ella dijo muchas menos. Bastaron aquellas palabras colocadas y aquella mirada…Y ella sabía, tal vez lo más tenebroso fue eso,  ella pudo ver claramente quien era yo, y yo, yo no pude ver nada.

Entre aquel extraño hechizo me preparé con especial minuciosidad,  me dirigí al centro de la ciudad, debía ir a un lugar que nunca visité antes, después de su número podría conocerla al fin. No esperaba que aquel lugar estuviera tan lleno, tuve problemas para conseguir mi solitaria mesa y mi nervioso café. No tardó en aparecer, las luces se atenuaron, sus compañeros salieron y la música empezó. Después, una luz la iluminó por sobre todos los demás, su manos delicadas se deslizaban suavemente por encima de las teclas, su voz llenó el lugar con un cálido abrazo, y ahí estaba ella, ni por un segundo miró lo que sus manos hacían, mantuvo sus ojos cerrados como si cantara para ella misma, como si su alma de alguna manera se curará al pronunciar aquellas palabras llenas de odio, o tal vez llenas de amor. La ovación fue inmensa, los aplausos más sinceros que jamás escuché, con una sonrisa despidió a todos los testigos de aquella hazaña, me levanté aún sin creerlo y me dirigí al lugar acordado. Antes de oír su voz de nuevo me saludó con aquella mirada, nos dirigimos pronto a un modesto restaurante. Nos sentamos en la terraza, una delicada vela iluminaba nuestra mesa en medio de aquella oscura noche, le explico que lo que acabo de ver ha sido increíble, ella demuestra ser modesta, acepta mis felicitaciones sin demostrar mucho interés, dice tener solo 2 años en la ciudad, dice ser de un lugar lejano, dice no saber cuántas veces ha dejado todo para llegar a un nuevo lugar, aún no logro ver quien es ella, me siento confundido, desconcentrado, impresionado, tal vez hasta indefenso. Fuimos un rato al parque que nos esperaba fuera del restaurante, la noche nos envolvió, ella parecía conocer los brazos de la sombras, parecía disfrutar de aquel imponente silencio. Ella dijo que de todos los lugares que pudo visitar, ninguno como este, las construcciones de antigua piedra, los caminos pequeños y callejones empapados de sangre, de romance, de historia. Después de hablar un poco más, volvió a hacerlo, me miró como el cazador mira a la presa, me invadió un extraño miedo, pude sentir las sombras empujándome hacia ella, se acercó sutilmente, solo pude cerrar los ojos. Segundos después me encontraba en el mismo lugar, en diferente cuerpo, aquel beso de la noche fue de inmediato el mejor de los placeres sombríos, “Se hace tarde pero tengo que mostrarte mi lugar favorito de la ciudad”. Me conduce a un viejo edificio, por dentro luce mucho más moderno, saluda a la mujer que atendía el lugar como a una vieja amiga, ella le concede 2 boletos sin costo alguno, subimos por un elevador tal vez unos 20 pisos, me explica que iremos a un mirador hermoso, pasa por mi mente la imagen de las luces de la ciudad, todas vistas desde un solo sitio, desde aquel sitio donde ella tenía a esta ciudad en el puño de su mano izquierda.

 Ella no mintió, aquella vista era imponente, de pronto me sentí tan pequeño que la existencia careció de sentido. Ella miraba fijamente, su ciudad, una de sus ciudades, otra vez sus ojos captaron mi atención pero esta vez su mirada era diferente, ambiciosa, aventurera, nada podría detenerla. Me di cuenta de que aquel extraño encuentro pronto terminaría, fue una sensación extraña, pronto se convirtió en tristeza, pronto en preocupación, en una compulsión. El resto no fue nada nuevo, la noche me abrazó de nuevo…Llegue a mi departamento, tal vez fue en ese momento en que me empecé a dar cuenta de que el momento había pasado, tal vez mi trabajo ya está hecho, tal vez esta noche jamás se volvería a repetir. La forma en que la extrañé, con los minutos acostado en la cama se convirtió en obsesión, la forma en que todos la miraban con asombro, siento trepando los celos, solo quería poder mirarla yo. Me dispuse a dormir, el siguiente día nunca llegó, pasaron 2, 3, 4 y yo no desperté, paso mucho tiempo, pasaron tal vez 10 años no estoy seguro. El día en que abrí los ojos de nuevo yo ya estaba viejo y lastimado, pero así como estaba lastimado sabio ya era, podía distinguir una sonrisa de la felicidad, podía leer el corazón al observar los ojos de hasta el mejor actor, pero no esta noche, esta noche he de relajarme, una amiga que he conocido hace poco, esta noche me ira a ver, me verá presentar una de mis obras, tal vez, si así se dan las cosas, le enseñaré mi parte favorita de la ciudad.

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