Que te den

Laura Espinosa / @etilirica

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Heather parloteaba pavadas continuamente, entre comidas tenía compañía y para merendar estaba sola, sin nadie que le soslayara sus mejores atributos. Usualmente solía dictar el ritmo de la conversación, que en su perspectiva pareciese una bella melodía romántica, puesto que aquellos jóvenes solían observarla y dedicarle una sonrisa a su argumento. Todos los jóvenes después de unos instantes se quedaban sin el habla que nunca tuvieron, exhalaban incomprensión y caminaban con la duda de no saber de que hablaba Heather.

BJ, el mejor amigo de la incauta mujer de cálido acento, siempre le era antagónico, cada vez que ella tenía un porvenir en el camino, él hacía el favor de encontrar el barranco, con una caída larga, donde Heather se retractaba y daba un salto atrás, que como Milán Kundera diría “Sintió vértigo. El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.”

Para Heather la vida provincial era un infantil sueño dulce, rodeado de la amarga realidad de tener que trabajar y no poder complacer a sus padres de sus conservadoras ilusiones de un matrimonio con hijos, entonces, prefería regodearse con pequeños placeres para satisfacer el ímpetu de seguir caminando al horizonte.

Un buen día Heather encontraría a Johnny en una de esas trilladas escenas televisivas, donde los protagonistas se miran a los ojos, y estupefactos por la falsa belleza del otro, se acercan a hablar para encontrar que no tienen nada en común, pero que no les importaba. Ella tomando rol su vida, le contaría todo a BJ pese a su insensible reacción, sobre aquel fabuloso hombre en la vida que quería.

Cuando BJ se enteró, escupió ponzoñosas palabras del desconocido, haciendo notar a Heather los insensatos deseos de coger de Johnny, asegurándole que la relación no tendría futuro alguno. En el momento la indignación corría por las venas de Heather, no podía repetir el más que el único pensamiento sobre su amigo siendo ufano y arcaico, acaso no podía entender que había encontrado amor o que se agradaban por ser graciosos y amables.

La relación no tardó en tornarse romántica y en dirigirse al altar, pero entonces Heather tendría que confesar su secreto, cosa que se negaba a hacer, el romance había ido tan bien los dos meses antes de que se comprometieran y sorprendente era el hecho de no haber tenido sexo durante ese breve tiempo. Para este momento BJ se había cansado de insistirle a su amiga, quedándose en la banca como espectador.

La boda fue civil, y en punto de consumarse, Heather se encuentra en posición de revelar su secreto: cirugías, donde orgullosa de si misma “le pueden dar”, pero no para procrear. Jhonny se ve muy feliz a su lado, piensa “sé entenderlo y complacerlo”. A sabiendas de que en un futuro se preguntaría por que no podrían dejar descendencia en el mundo y que la amargura lo haría consolarse en mujeres jóvenes, decide proseguir, decide ser feliz por los unos cortos meses, que cuando vivió siendo Horace no los encontró

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