México en sus siglos

Lesli Bautista / @LesliBautista

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Iniciativas rechazadas e intereses a la orden del día marcaban el nuevo sexenio. La esperanza no estaba perdida, en porcentajes, más de la mitad confiaba en promesas falsas, desde los que esperan un hueso hasta los que en realidad anhelan un cambio; el resto sólo quejas.

Que la vida no es justa, es bien sabido, pero que la justicia es suprema y está en una corte habrá que ver. El pueblo estaba a la expectativa de un cambio, las cosas no podían ir peor, pero esta actitud de desconfianza y cautela contrastaba con la de algunos integrantes de la élite. La crema y nata esperaba, por supuesto, que sus ingresos aumentaran, que su amigo les pasara algunas acciones y que el nuevo apoderado se acordara de esa comida en su casa algunos años atrás.

Pero la tristeza infinita de los que protestan en el sillón marcaba un nuevo comienzo, la división y el peligro que ésta entrañaba para el futuro del país era de pensarse. El esfuerzo por abolir la guerra como instrumento de política nacional; la adopción de métodos pacíficos para el arreglo de diferencias, el cambio de prácticas y tendencias entre la sociedad dejaban a la deriva el comienzo de algo tangible. Se buscaban soluciones que intentaban ser prácticas para problemas prácticos, pero olvidaban que la causa de todo conflicto hay que enfrentarla de frente.

El estereotipo conformista del ciudadano los tenía hasta el tope y combatir la ignorancia del poder con intelecto era su fin, cómo lograrlo era el problema. Una pequeña rebelión no haría cambio alguno, pero para algunos valía el esfuerzo. De intentos fallidos y experiencias históricas estaban armados, el premio no era sólo el deseo; hacerlo real era el mayor alcance. Reuniones de café, citas privadas en la casa de las cabecillas, textos con ideas nunca aterrizadas, desacuerdos, años. Años que dejaban cada vez un peor sabor de boca, años que hacían más inalcanzable el objetivo y más tangible la mediocre realidad.

La soledad de estos pocos parecía inmensa comparada con la opulencia de aquellos cuantos. Estos pocos se hacían cada vez más pocos y aquellos eran cada vez más. Lo correcto es cuestión de percepción y ellos comenzaban a cuestionar los ideales por los que habían comenzado a luchar hace algunos años. ¡Se habían parado del sillón para comenzar a planear! Si algo era tan grande como para levantarlos, no habría momento de volverse a sentar. La miseria y el abandono se podían sentirse con referencias precisas, no había que buscar muy hondo, con sólo voltear uno de daba cuenta.

Estos pocos traían los ideales bien puestos, se pararon del sillón y pasaron de las charlas juveniles de café. Comenzaba el inicio de un presente un poco menos desolador el porvenir en el horizonte de esta patria era eminente. De pronto, estos pocos se convirtieron en algunos más y las preocupaciones de  aquellos de la élite comenzaron a surgir. Pasaron de pequeños movimientos a conocimientos masivos, después de todo, había más interesados de los que se planeaba.  Algunos discursos visionarios pusieron a temblar las cabecillas del poder, “los de abajo” estaban creando un temblor y era probable que no pudiera detenerse, quizá la escala era muy alta, quizá causaría demasiados estragos. Nadie tenía la certeza de lo que pasaría, estaban haciendo algo, no sabían bien qué, pero lo estaban haciendo.

Este texto fue publicado originalmente en Metascopios_ No.2, puedes leer la revista completa aquí

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