El ejército subversivo del silencio: Damon Albarn en el #CC14

Miguel Olvera / @ElMayOlvera

We’re everyday robots in control

Or in the process of being sold

Driving in adjecent cars

‘Til you press restart

La relación de la música con los movimientos sociales tiene un anecdotario histórico que va de la mano con los ideales de nuevas generaciones en busca de la subversión para lograr un cambio, en la cual ciertos ritmos y letras terminan impulsando movimientos estudiantiles, protestas sindicales y revoluciones enteras de un país.

No es necesario ser un Rage Against The Machine para encontrar dentro de las líneas de un álbum el contexto social en el que cierto artista o agrupación se desarrolla. Ejemplos claros lo podemos encontrar con el Britpop que para muchos llevó al Labour Party -partido de izquierda moderada- al mando del Reino Unido en los 90s, y si nos vamos más atrás, el blues de Rodríguez, un completo desconocido en América, terminó siendo el soundtrack de los jóvenes africanos en su lucha contra el Apartheid en los años 70s y 80s; pedazos de historia que sirven como catarsis social.

Esta catarsis a la cual el regente teme porque nos encontramos en el coro de una canción con la respuesta en un dios personal a todo lo que nos aqueja, y que aunque no signifique lo mismo para ti, nos hace simpatizar con la causa del otro y derrumba las barreras de la impersonalidad; nos hace creer que las causas no están perdidas. Nos hace sentir menos solos.

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-Can I get any closer? What anecdote can I bring you?-

12

Warp.la

Pareciera que Damon Albarn  detrás de su piano crea un corto circuito en el ambiente de éxtasis que vivía el Corona Capital en el ocaso del doce de Octubre.

Como una pintura de Lowry, la melancolía y la soledad se apoderaban del escenario Corona Light que perpetuaba los rostros de casi cuarenta mil personas sin rostro ni voz inmutadas en el silencio convertido en música en un paisaje con tonos grises y azules creados por la calma después de la tormenta.

Ante la confusión varios grupos de personas comenzaron a abandonar el set del compositor inglés ante el enojo de no poder escuchar los clásicos de Gorillaz y Blur que tanto esperaban. El aburrimiento que les causaba la intimidad generada por “Lonely Press Play” inclinaba a hombres y mujeres disfrazados con prendas cortas y exóticas de colores fluorescentes dirigirse a escuchar un set más movido como el de Foster The People, aunque eso sí, terminaron pagando su vanidad con el potrero conocido como escenario Doritos al sentirse gabachos top fashion en el Austin City Litmits sin darse cuenta que en realidad se encontraban en la Delegación Iztacalco de la Ciudad de México.

Lodo-Corona-Capital-1

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El festival en teoría se dedica a reunir a lo mejor de la música internacional, lo mejor de lo “Indie” como se le conoce vulgarmente, o como se le denomina de manera más grosera: “La música de los hipsters”; un castillo de arena, la burbuja de aire donde nos congregamos para vivir de la cultura de la simulación coreando a bandas como Kongos y Rixton sobre este sentimiento de moda Young, Wild and Free, mientras rumbo al sur la gente sigue siendo asaltada, asesinada – perdón, desaparecida – indiscriminadamente sin importar si se trata del estado de Guerrero o la Delegación Iztapalapa.

Y de todas maneras henos aquí de nuevo, por quinto año consecutivo, escondidos en el anonimato que nos regala la sociedad de masas, coreando canciones que no son nuestras, y con una guerra de nadie allá afuera. Es más fácil pretender y por un momento escapar de nuestra realidad. Ya no existen ni los rififís, ni los tíbiris ni los roquers, ni cualquier otra postura, hoy solo existe la cultura del olvido, de lo inmediato.

Sería ridículo querer señalar culpables y caer en dramatismos innecesarios; encasillar estereotipos, ponernos la playera del Che Guevara y cantar el “Vals del Obrero” en el circo sistemático conocido como disidencia controlada en ningún momento es solución. En cambio yo solo encuentro en la experiencia colectiva conocida como Corona Capital un fenómeno cultural que se atiene a la oscuridad del simulacro, un mar de ideas solitarias destinadas al espacio onírico del limbo.

Descubrir el soundtrack de mi generación es difícil, ya que a la fecha no logro escuchar las canciones que puedan ser retomadas en 50 años como el reflejo de un Estado imaginario y una realidad resquebrajada. Lo más cercano a ello lo encuentro en el silencio, en este error en el sistema que nos invita a la introspección y al aislamiento, donde la voz mejor se escucha y hace eco en la belleza de los mares en lo incorrecto del alma.

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