Obsesión Infinita y sus espectadores hambrientos

Por: Sineàd Marti / @_Macorina y Alfonso Blanco / @alfonsoblanco

Fotos: Cortesía del Museo Tamayo

Yayoi Kusama, hacia un diagnóstico

Sineàd Marti

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Yayoi Kusama nació en Matsumoto en 1929, en su infancia fue víctima de un abuso continuo por parte de su madre, quien patológicamente obligaba a la artista a seguir a su padre para presenciar las relaciones sexuales que mantenía con diferentes geishas; después de cada impacto debía contarle con detalle lo que había visto; a su vez era castigada de manera cruel expiando así las culpas de su padre.

Desde pequeña, Kusama experimentaba alucinaciones de tipo visual y auditiva, fantasías, carácter obsesivo, despersonalización psicótica y episodios de depresión con intentos de suicidio. Es posible que nos acerquemos a un diagnóstico que hable de una estructura esquizofrénica, partiendo de los datos anteriores y de lo dicho por la misma Kusama: quien se describe como una gran obsesiva. Pero parece apresurado concluirlo.

En su obra se mira de manera asequible el contenido de sus experiencias en los patrones de puntos, los cuales invaden el espacio y su persona en las alucinaciones; miramos también los falos que brotan de cualquier objeto en su  obra; encontrando en el discurso de Kusama la aberración hacia todo aquello de índole sexual; específicamente lo que implica la penetración. No es difícil pensar que ello está relacionado al impacto sexual que causaron las imágenes de su padre en el acto sexual.

Si bien, es cierto que las alucinaciones como síntoma no llevan a un diagnostico en sí; podemos considerar que son parte importante de patologías relacionadas a la psicosis. Podríamos pensar que de presentarse dicho diagnóstico el pronóstico no encajaría con el perfil de éxito profesional y (quizás) personal de la artista. Kusama expresa en diversas ocasiones que el arte es lo que la lleva a no cometer suicidio; lo anterior se entiende a través del psicoanálisis.

Freud habla de sublimación; quien posteriormente es descrita por autores postfreudianos, como un mecanismo de defensa que consiste en un desplazamiento de la dirección del objeto instintivo hacia uno de valor social más elevado, presupone la aprobación o por lo menos el conocimiento de tales valores, es decir la existencia de un superyó. El arte viene a ser una manera de defenderse de la angustia que causa lo vivido en su infancia.

A mediados del año pasado, los curadores Philip Larrat Smith y Frances Morris, en colaboración con el estudio Yayoi Kusama, anunciaron la gira por América Latina de Obsesión Infinita, una retrospectiva con más de 100 obras realizadas entre 1950 y 2013. Primero se exhibió en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), después viajó a Brasil para ser presentada en el Centro Cultural Banco do Brasil. Ahora se encuentra en el Museo Tamayo.

16, 300 asistentes visitaron la exposición en el primer fin de semana, una cifra más que significativa si consideramos que normalmente el museo recibe unas 14 mil personas al mes. De acuerdo con personas del museo, casi todos los días de la semana pasada los boletos se agotaron alrededor de las doce y las filas de espera comenzaban desde las ocho o nueve de la mañana. Diversos testimonios de gente que ha asistido para formarse en dichas filas, comentan que han intentado varias veces obtener boletos para entrar; los visitantes que vienen desde provincia o de la zona metropolitana de la Ciudad de México han tenido que regresar a sus casas sin haber podido visitar la exposición.

#YAYOI #ART #OSOM #MYLIFEISART

Alfonso Blanco

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#KusamaenelTamayo es el hashtag en el cual podemos ver la afluencia de fotos subidas por los usuarios a las redes sociales. La expectativa por la exposición ha ido creciendo conforme pasa el tiempo. Qué sucede cuando alguien se toma una selfie en las instalaciones de Yayoi Kusama? Alejandro Gómez Escorcia comenta que la persona desaparece porque se activa uno de los rasgos de la artista: la obliteración, pues los sujetos y las cosas se evaporan al ser reproducidos al infinito. En este aspecto, Kusama juega e interroga al espectador acerca de cómo nos integramos en imágenes. Así como aparecemos, desaparecemos.

El éxito de la exposición no se debe a un nuevo acercamiento por parte del público mexicano al arte, más bien, nos habla de un logro por parte de las seductoras y coloristas mercancías y lo atractivo de las instalaciones. Para la mayoría de los espectadores, el resto de las obras no representan de gran interés. Esto solo demuestra que aún impera la noción del arte como pasatiempo, como lo menciona  Iván Mejía.

Tal parece que la espera de más de cuatro horas para entrar a la exposición vale la pena por una buena selfie. El tiempo para estar en Infinity Room, Infinity Mirror Room-Phalli´s Field y Obliteration Room – las salas de las que hemos visto hasta el hartazgo fotos en redes sociales –, es de 20 segundos. Dichas salas están ideadas para causar reacciones en el público, para que puedan percibir.

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 Es cierto que el espectador tiene la libertad de recorrer a sus anchas la exposición a la que asiste, de igual forma, existen los defensores que argumentan que en el 2014 el espectador reclama una nueva forma de interacción, y que dicha forma debe ser el selfie. No sé si hay mejor maneras de interactuar con una obra mejor que otras. Personalmente me cuestiono mi forma de visitar los museos. Por otra parte, me cuesta trabajo entender cómo el Museo Tamayo pone un énfasis en compartir las fotos que tomaron los visitantes antes de buscar los comentarios y opiniones de las personas; para generar, o al menos intentar crear, una construcción entre museo-espectador.

 El espectador de hoy en día quiere capturar todos los momentos que el creé importantes en su vida, quiere tener un recuerdo “tangible”.

Recomendamos ampliamente la visita a Obsesión Infinita, pues estamos conscientes del peso que tiene Yayoi Kusama en el arte contemporáneo; pero también recomendamos estar informados antes de ir al museo, conocer la obra de Kusama y experimentar con las obras según les ordene su forma de apreciar el arte.

Informes en museotamayo.org

*Las opiniones aquí expresadas no reflejan el punto de vista de Metascopios. Los autores pensándolo bien y viendo los pocos seguidores que tienen en Instagram, no perderán la oportunidad de tomarse una selfie en Obsesión Infinita cuando la visiten por segunda vez.

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