Cine y diversidad sexual

Texto y curaduría de ciclo por Jaqueline Avila / @frankzie_

Cineclub_Noviembre

 

Una mirada a la forma en que la diversidad sexual (gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) ha sido retratada a través de la historia del cine, es una ardua y espinosa tarea. Las primeras representaciones de diversidad sexual en la cinematografía se remontan a 1895, cuando el baile entre una pareja de hombres creó el primer “acto de índole gay” en la pantalla grande, después vendría la que quizá es considerada la primera cinta con temática abiertamente homosexual, Anders als die Andern ( Diferente a los demás, 1915) filme mudo que, enclavado en los controvertidos y libertarios años de la República de Weimar, fue dirigido por el cineasta Richard Oswald y el Dr. Magnus Hirschfeld –psicólogo y pionero sexólogo alemán-para exponer lo injusto del párrafo 175 del código penal de aquel país, que llevó a la cárcel a miles de homosexuales alemanes acusados de “vicio innatural entre los hombres” y a ayudar a liberar al “tercer sexo” de la persecución legal y el escarnio público.  Varias décadas después de que Diferente a los demás fuera prohibida e, incluso, quemada por los nazis, las  películas con temáticas inherentes a la diversidad sexual han florecido en el medio cinematográfico, incluso en los países donde la homosexualidad está restringida como China; llegando a crear campos semánticos de cintas como el llamado New Queer Cinema, género surgido en la década de los 90 en los Estados Unidos como una alternativa para la “dulcificada” representación de la homosexualidad en el cine mainstream. Aunque hay una subcultura floreciente de cine gay y lésbico, en la industria del cine en todo el mundo un grupo heterogéneo de directores rechazan los papeles estereotipados y las parcelas previsibles en el tratamiento de la diversidad sexual en el cine, creando películas que tienen que ver con la vida real y no con los estereotipos, con personajes redondeados más que edulcorados,  tal es el caso de Gus Van Sant, Alexis Arquette, Todd Haynes, John Waters, Xavier Dolan, Céline Sciamma, Alain Guiraudie, en nuestro país Julian Hérnandez o Roberto Fiesco (herederos del cine homoerótico de Jaime Humberto Hermosillo) o, nombres como Ang Lee o Abdellatif  Kechiche que en años recientes consiguieron hacer de historias de temática homosexual éxitos de taquilla (Brokeback Mountain) o del circuito de festivales (La vida de Adele).

Así, las cuatro cintas elegidas a propósito del ciclo de cine sobre diversidad sexual buscan exhibir un pequeño pero contundente crisol de filmes provenientes de distintas latitudes (Hong-Kong, Suecia, Canadá, Francia) interesados por este tema y, sobre todo, por desmitificar el retrato del mismo en el celuloide. De esta forma, Wong Kar Wai exhibe en Happy Together el relato, siempre permeado por una profunda melancolía, de la vida en Buenos Aires de una pareja gay que llega desde el continente asiático a la Argentina con la esperanza de recomponer su relación que está prácticamente rota. Con Fucking Åmål, Lukas Modysson entrega un relato económico en sus recursos formales –emparentado estilísticamente con el movimiento Dogma- pero entrañable y contundente en la narración del reconocimiento de la sexualidad en dos jovencitas habitantes de Åmål, un pequeño poblado en Suecia y de la dificultad que enfrenta el amor homosexual para hacerse de una imagen cuando no hay paradigma alguno en el que pueda pronunciarse.

Por su parte el prodigio del cine canadiense, Xavier Dolan ofrece un trabajo que embona perfectamente en el escaso cine dedicado a personajes e historias sobre transexualidad en el cine (salvo ejemplos exitosos como Transamérica, 2005 o Breakfast on Pluto, 2005); Lawrence Anyways es una película acerca de la dificultades que traen consigo las transiciones -de variadas índoles- de una vida transgénero, la tercera cinta de Dolan es rica en sus recursos visuales y, sobre todo, justa en no hacer una reducción o una abstracción del tema que retrata, ya que antes de ser una película “sobre” cuestiones transgénero, es un filme sobre una mujer transgénero. La cuarta y última película quizá es una de las más llamativas, ya que sitúa la diversidad de género en la infancia; Ma vie en rose (Mi vida en rosa, 1997)  de Alain Berliner, se cuenta desde una mirada infantil, que si bien no tiene la crudeza o los artificios dramáticos de otras cintas en la misma línea (como Tomboy de Céline Sciamma o más recientemente Pelo Malo de Mariana Rondón) ofrece un relato redondo y honesto sobre las identidades sexuales.

Cuatro cintas, cuatro voces que nos invitan a reflexionar en la pluralidad  de sus miradas un mismo tema: la diversidad sexual.

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