Museos mimetizados

Daniel Esteves / @PielDeElefante

*Este texto fue publicada originalmente en Metascopios_ No.3, pueden leer la revista digital completa aquí o encontrarla gratuita en los puntos de distribución.

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Desde la creación del museo como una repisa exclusiva para coleccionadores hasta la actual concepción del antimuseo, este símbolo de cultura ha evolucionado muchas ocasiones de diferentes formas. La transformación responde (en casi todas las metamorfosis) a los movimientos culturales y artísticos que exigen reformas a lo establecido en el concepto de museo, ya sea por la complejidad, tamaño, materiales, y sensaciones que la exposiciónbusca. Existen momentos y oportunidades donde la museografía permite que el museo se mezcle con ella y forme parte crucial de la puesta en escena. Una correcta composición espacial  genera una experiencia 360° durante toda la estancia del visitante en un museo. El museo se vuelve parte de la colección.

En Auvernia, Francia, se ubica en una zona volcánica y es ahí donde el Museo Europeo del Vulcanismo fue construido. Con el fin de explicar a fondo los fenómenos que giran alrededor de un volcán Hans Hollein crea un recorrido hacía el interior de uno. Una torre cónica, forma que nos recuerda la plástica de un volcán, es la columna vertebral del museo donde el recorrido tiene cabida. El viaje hacía el volcán comienza entrando metros bajo tierra, sintiéndose uno con el magma, y subiendo poco a poco hasta llegar al cráter donde la experiencia continúa hasta el último minuto. Piedra volcánica recubre este museointeractivo desde que se ve a lo lejos, lo que lo convierte en un volcán arquitectónico.

Daniel Libeskin gana la ampliación del Museo Judío en Berlín. Logra tensión e incomodidad para los  visitantes que quieren recordar las miles de vidas perdidas en el holocausto. El museo se presenta como un laberinto violento, las constantes aristas durante el recorrido nos atacan y señalan. Los vanos estrechos y escasos, son remembranza de la escaza visibilidad dentro de las cámaras de gas, encierran el espacio y nos oprimen. Creando un espacio hostil con los detalles y haciendo de este museo un recordatorio de sufrimiento, el arquitecto estadounidense aprovecha la oportunidad para crear una homogeneidad entre obrasy museo.

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El Museo de Arte Romano en Merida, España diseñado por Rafael Moneo, sumerge al visitante en el mundo romano antiguo antes, durante y después de haber entrado. El coloso tamaño y poder del imperio romano se impone desde antes de entrar, cuando nos acercamos al edificio de tabique aparente. Dentro del museo existe un juego espacial que nos permite ubicarnos en las diferentes escalas de Roma; el corredor principal se compone de una serie columnas de aproximadamente 20mts y arcos, complementándose con tragaluces dándonos una referencia de la escala urbana que las ciudades romanas debieron haber tenido; perpendicular a este corredor, el museo nos muestra las dimensiones de los espacios más privados, una escala humana. Todo el complejo es una escenografía teatral de las formas romanas antiguas, los elementos arquitectónicos de la época, materiales como ladrillo y piedra, usos de la luz en tragaluces y mazmorras.

Un museo mimetizado no lucha con lo que contiene, se vuelve parte de ello y existe para podergenerar una experiencia esférica. El arquitecto con la facultad de poder balancear la composición arquitectónica con respecto a la muestra artística tendrá asegurado un proyecto que hable junto con su contenido.

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