El sonido sabor a tierra de Los Cojolites

Alfonso Blanco / @alfonsoblanco

jarocho

Festivales de música hechos en México con carteles repletos de bandas internacionales, de países con lenguas distintas al español. La explotación de figuras mediáticas que repiten una y otra ves las mismas canciones gastadas, con letras que apuestan por un modo de vida rápido, que sugiere un apego por “el progreso” vestido de la posesión de dinero y poder.

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La rivera de los ríos que atraviesan Veracruz, tierras bendecidas por la naturaleza. Casas con techo de palma, comunidades que tienen sus raíces en la tierra. Mujeres morenas ataviadas con los vestidos blancos de manta, van moviendo las caderas y dejan que los pies zapateen sobre la tarima. El rasgueo de la jarana, las letras que nos hablan de un amor natural por la tierra. Los pueblos tienen arraigada su identidad en la música, su día a día se ve reflejado en las canciones que componen y que van heredando de generación en generación.

¿De qué les sirve la música a los pueblos si no se ha utilizado para hablar de la tierra? En ella vivimos y en ella habrán de descansar nuestros restos algún día. Es por eso que la labor titánica que ejercen los grupos que regresan por sus tradiciones en el tiempo y las renuevan, debe ser reconocida. Es lo que ha hecho toda una nueva generación de jóvenes en el sur de Veracruz, tierra de música y cultura.

Podría decirse que los orígenes del Son Jarocho se remonta al siglo XVIII en donde la música venida de España, específicamente de Andalucía y las islas canarias, se mezclaron con las influencias africanas que se desarrollaban en la cuenca del Caribe en esas épocas, además incluyendo el sustrato indígena que poblaba originalmente esas tierras. Es por entonces antes del siglo XVIII en siglo XVII que se sabe de los géneros musicales propios de los mulatos y gente de color quebrado que practicaban en los diferentes sitios de Veracruz y la nueva España, sones como el chucumbé, el jarabe gatuno y otros que podrían ser los antecedentes de los que ahora conocemos como son jarocho.

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“El nombre se lo pusieron unas señoras al taller, en referencia a que Cosoleacaque en náhuatl significa “en el cerro de los cojolites” y los cojolites fueron las aves sagradas de los antiguos nahuas del sur de Veracruz, ya que lo consideraban un Dios que era venerado como el Dios del amanecer por su canto y por tener un medio círculo en su garganta. De ahí tomamos el nombre que la gente nos puso, simplemente éramos el taller de Los Cojolites. A los cuatro años llegó Noe González, requintista de una familia de grandes músicos, quien se integró como maestro del taller. Durante este tiempo nos fuimos acoplando hasta formar un grupo sin que fuera nuestra precesión, simplemente hacíamos la música de nuestro pueblo que es el fandango y eso era lo único que tratábamos de hacer…”

El Son Jarocho tiene distintas formas de tocarse, de ahí viene una de las características que lo hacen tan diverso, pues cada grupo va formando su propio sonido para ser reconocidos.

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En el 2001 Los Cojolites graban su primer disco, El Conejo y participan en el soundtrack de Frida (2002), película que ganó un Oscar a la mejor música. En su segundo material, No Tiene Fin, de 2008 comenzaron a trabajr con Greg Landau y tuvieron a Lila Downs como invitada, y cinco años más tarde compitieron con ella por el Grammy Latino 2013 con su tercer disco, Sembrando flores.

“Este disco contempla sones antiguos, sones que se han tocado en mucho tiempo en los fandangos pero obviamente al estilo que tenemos Los Cojolites. Esa es la diferencia, los otros tres hemos hecho propuestas en composiciones y de alguna manera arreglos a los sones que también se han tocado en el fandango, pero este nuevo es muy natural…”

El día de ayer salió a la venta en iTunes el cuarto disco de Los Cojolites, bajo el nombre de “Zapateando”. Está compuesto por nueve canciones y puede ser escuchado en su totalidad en la plataforma Spotify.

Las canciones de Los Cojolites nos hablan del amor, ya sea por la tierra o por la mujer deseada que entona un ritual de coqueteo que puede dejar al hombre loco. En algo semejante a fabulas son mencionados distintos animales, que no están muy alejados de las situaciones que pasan los hombres, al menos en las canciones de Los Cojolites. La interacción con el mar y la cercanía de las tierras veracruzanas con la costa interactúan en más de una vez.
En tiempos turbios donde nuestro país no ve una salida clara el rescate a nuestras raíces puede ser una esperanza y es que ese es el poder de la música, ¿qué haríamos sin ella?

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