Diálogos de tumba

Miguel Cortés

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No recuerdo como fue el momento exacto en el que la invité a mi vida, si me dijeras que venía conmigo al nacer, no podría decir que aquello es falso. La verdad es que bajo el velo de una imperfecta memoria todos vivimos con ella, es una hermosa antítesis atemporal porque no está maquillada entre épicos versos o tristes historias, es de hecho nada más que la realidad de todos los días en el pequeño mundo.

Aquello empezó con esta pregunta que nos hicimos todos un día ¿Cuál era el verdadero sentido de nuestra presencia? Si todo lo que viviremos será insuficiente para responder incluso preguntas más simples, muchos olvidaron que alguna vez fueron lo suficientemente puros como para haberse preguntado esto, entre las preocupaciones de aire atrapadas en una ilusión su mente perdieron.

Sus pupilas eran inmóviles, su rostro como una bella máscara no delataría jamás su vacía alma, suspendida ella estaba dentro de un sueño, consciente de que solo fue soñada un día o de que de papel sus huesos eran, como espejo del mundo ella contemplaba todo como ella a si misma veía. No podía ver la diferencia, los años luz entre la vida y la muerte para ella eran solo un simple paso, tardé en comprender que para aquella dama lo que llamamos vida era en realidad un periodo indefinido entre los límites de lo que es real y lo que ha sido engendrado.

¿Temeríamos tanto la muerte si esta fuera solo una parte más de nuestra vida? ¿Podríamos vivir si supiéramos que hay después de que nuestro antiguo soñador despierta? Ella sabía las respuestas, y como resultado de su personalidad clonada,  jamás temía a la muerte, de hecho la vi morir varias veces, de los ínfimos restos su inteligencia se conservaba y en a su nuevo cuerpo copiado ella regresaba. Aceptando a la muerte como parte de su vida, “su inmensa belleza” ella decía, lo hermoso que son los cielos desde arriba, si esta es la muerte entonces se ha ganado un espacio en la vida inerte.

Existen también los que aman la vida y todo lo que está contenido en el mundo, un pensamiento antinatural, producto de un obscuro miedo descomunal. No hay razón para amar todo en la vida, que en efecto es maravilla biológica, pero que es por mucho imperfecta, y más incorrecta es la noción de millones de esas vidas juntas en armonía. Su amor incondicional por la vida era en realidad terror a la muerte, amaba incluso lo que lo dañaba pero no lo aniquilaba, las profecías de infierno lo devoraban y los augurios de paraíso lo consumían.

Tú naciste para morir, y morirás para nacer de nuevo, lo que cambia básicamente es lo que hiciste en el medio. Podemos observar a la muerte a donde quiera que miremos, durante los días y durante las noches, durante los eufóricos momentos y durante los más obscuros amores. No hay almas de negro color ni las hay luminosas como el sol, todo es cuestión de cómo veas la vida, y a su siempre fiel complementaria.

No es difícil entender a los que desean la muerte, porque la forma en que será tu vida está en la mitad determinada por la suerte, es lógico buscar algo seguro, algo que por una vez no dependa del azar. Es también fácil ver que para muchos renunciar a la vida es un acto imperdonable, será así hasta que vuelvan arrastrándose  a rogar cuando necesiten ya dejar este cuerpo infortunado. Esta bien podría ser la más vieja historia de amor, dos destinados a ser los eternos antónimos, separados por un millón de tangibles razones pero al mismo tiempo por solo una delgada línea divididos sus labios, maldecidos por el tiempo percibido por los hombres, la vida y la muerte por siempre diferentes.

Mientras caminaba noté como existen de algún modo estas personas, individuos creados para que tu construyas tu propia muerte, su vida es para ti la señal de que todo acabo, siempre habrá alguien para ocupar tu puesto, nos enamoramos de ellos, los odiamos, los idolatramos… Puede lograrse de tantas maneras el mismo efecto, al final caeremos en cuenta de que ya no somos necesarios, de que nos han hecho lo mismo que nosotros hicimos en algún momento, condenar a los que nos precedieron y bañarnos entre los rezos hablados en su honor mientras sonreímos junto a aquellos brillantes ataúdes.

Ella lo sabe, lo sabe mejor que nadie, sabe que amas la vida, que el mundo es tan solo lo que tú alcanzas a ver en el horizonte, que amaras sin poner freno ante las advertencias. Ella sabe, así que se le ha ocurrido este plan, no te quitará la vida, se propone que tú mismo corras a entregarte a ella, te quitará todo lo que te rodea, destruirá a quien tú amas, quemará las blancas flores y hará llover cien mil temores. Poco a poco te sentirás vacío, sentirás como puede quitar partes de tu corazón, acabaras por sentir lo injusto que de verdad es todo esto, entonces harás esa llamada, te ayudará con una mirada.

Vive consciente de lo que de verdad esto es, vive creyendo solamente en lo que ves. No ames ni odies, no sientas demasiado ni sientas tan poco que seas capaz de hacer lo que sea. Se trata simplemente de comprender que nada de esto podría ser real, que el fin jamás se acercará porque en realidad no hubo comienzo, que tratar de explicarse todo es inútil, y que tratar de hacerlo justo es solo suicidio. Tienes que hacerle ver que no te importa demasiado, que esta no es tu elección, que tu presencia es mera casualidad en el océano numérico, que sientes la misma indiferencia por lo que vivirás aquí que lo que verás a su lado.

Siguiendo nuestro viaje, habremos razonado que todos hemos estado muertos ya alguna vez, que de alguna manera sabemos que hay al cerrar los ojos. Sentí algo que tapaba mi rostro, aun así podía sentir su mejilla al otro lado de la delgada tela, no podía verte, pero sabía bien quien eras, sabía también que tu no podías sentirme, probablemente solo verías un espejo frente a ti. No es una mala experiencia, es una oportunidad para ser sincero contigo mismo una vez cada que empieces de nuevo, de analizar todo lo que has hecho, de arrepentirte, de alegrarte y de al fin rendirte.

Ella no es como nosotros pensamos, ella es hermosa, ella es pura, no es la representación de lo que tememos en verdad, es tan solo su trabajo, como será algún día el nuestro, debemos agradecerle sus incansables servicios, observarnos día y noche buscando alguna imperfección, alguna piedra en el zapato. Deseo enviar saludos, a los que aún aman la vida, si de verdad aman la vida, amaran también esta parte de ella, amaran la injusta manera en la que sus torcidas bases fueron fundadas, y amaran por último sus siempre lógicas y benignas traiciones.

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