Cartas de locura II

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Saúl Placencia / @ZaulUhart

Cartas de la locura I

Ville de Bruxelles, Royaume de Belgique 10 de agosto de 198…

Joan:

Cuando subí al tren, busqué tu silueta entre los pasajeros, los vagones estaban abarrotados, fue  sublime  el  momento  en  que  te  vi  en  el  vagón  restaurante,  no  creí  que  estuvieras  ahí. Realmente pensé que al bajar en la estación de trenes te vería sentada en algún cafetín, con el  vestido  floreado  y  la  diadema  blanca,  tomando  ese  café  de  olor  fuerte,  me  verías, sonreirías y saldrías para abrazarme; y encontrarte sentada comiendo fue mucho mejor, o al menos la ilusión fue tan bella hasta que al ver con atención a la chica que estaba frente a mí no se parecía a ti, no tenía tus ojos ni esbozó una sonrisa cuándo me vio, por el contrario se asustó; sus ojos parecían los de un conejo que se siente acorralado y sin salida; luego te volví a buscar entre ese río de gente para saber si te habías ido con la corriente, luego mi mente me jugó tan suciamente  que  creí  verte  en  cada  rincón  de  los  vagones,  cada  mujer  parecía  por  un momento  tener  algo  de  ti,  tus  labios,  el  arco  grueso  de  tus  cejas,  el  color  de  tus  ojos,  tu cabello,  e  incluso  alguna  llegó  a  emular  tus  movimientos.  Alterado  fui  al  primer  vagón  lo suficientemente  vacío  para  pensar  las  cosas,  pasé  horas  pensándote,  sintiendo  como  se intensificaba  la  nostalgia;  cuando  el  polvo  del  sentimiento  se  mezcló  con  el  humo  de  mi tabaco, salí a buscarte, la oscuridad dominaba el tren, seguramente pasábamos por algún túnel sin que yo me percatara, sólo podía pensar en ti, en cuánto te extraño, reuní todas las ganas que tengo de verte y las pegué con letras a esta carta, ¡Vamos! ¡Encontrémonos en Bruselas!

Cuando llegamos a Bruselas fui a buscarte entre los cafés como había imaginado, pero el resultado fue el mismo que en el tren, el cielo parecía pintarse de tonos otoñales, y la ciudad esperaba solitaria a mi andar. Incluso llegué a pensar que te encontraría en el hotel, cuándo tomé  el  carro  de  servicio  para  llegar  al  hotel,  la  esperanza  aún  corría  por  mi  sangre,  te imaginaba sentada en algún sofá del hotel mostrándome la espalda, y de nuevo la desilusión apareció. Ahora te escribo estas líneas desde el hotel, pero estoy cansado y debo dormir, fue un largo viaje.

Espero convencerte y vernos en Bruselas.

Phillipe

 Ville de Bruxelles, Royaume de Belgique 25 de agosto de 198…

Mi bella Joan:

Supongo  que  cuándo  veas  esta  carta  ya  habrás  llegado  a  México.  Quiero  decirte  que  fue hermoso encontrarnos en Bruselas y que llegaras al hotel al siguiente día de mi llegada fue tan bello que no sé qué más puedo pedir, incluso pensé que podría morir en ese momento de  la  alegría  que  sentía.  Caminar  por  el  Bois  de  la  chambre juntos  fue  genial,  tu  sonrisa ladeada volvió a darme senda para llegar a la felicidad. Ver las fotografías que has tomado me alegró mucho, ahora entiendo porque quieres quedarte allá, son maravillosas, te felicito por  haber  convencido  a  Roman  que  las  publicase,  aunque  se  había  mostrado  muy interesado,  esperaré  ansioso  el  momento  en  que  tu  obra  se  imprima  en  papel  y  se encuaderne, ¡Eres brillante y sensible! y lo supe desde el primer momento, te amo y espero el día en que nos encontraremos en Madrid para la previa del contrato. Por ahora sólo puedo decirte que te amo mucho.

Siempre te amaré.

P.

P.D.

He recibido una carta de Alex Kann, pidiendo que envíes copias de las fotografías que tomaste en Kortrijk; accidentalmente un cigarrillo encendido cayó sobre sus negativos y ardió toda la casa, esta es la dirección…

Un beso.

Phillipe.

15 de septiembre de 198…

Joan:

Te amo, no encontré mejor forma de empezar esta carta, y es que es verdad, el silencio me hace  recordarte  por  qué me  hace  sentir  mal  acompañado,  los  días  en  Bruselas  me  han vuelto a acostumbrar a ti, no tardes en contestarme, quiero saber todo sobre lo que te ha ocurrido. Te extraño y quisiera verte ahora mismo. Mi padre ha muerto, regresaré a Marsella en un momento, estoy en la estación de no sé dónde, pero no creo tardar tanto.

Te extraño tanto…

Phill

 Marseille France 17 de septiembre de 198…

 

Mi bella Joan:

Mi padre ha muerto, hasta ahora reacciono, ha muerto. Ya no quiero seguir con esta vida macabra ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Estás tú y eso me reconforta, pero si tú te fueras de mí y no pudiera recuperarte, sería un desastre mi existencia; ahora vivo para ti, se ha ido el que me engendró y crío, el que me enseño a ver el mundo, ahora sólo quedas tú. Tú que me haces feliz cada que te encuentro en mi memoria, cada que leo tus cartas o cada que veo tu retrato, pero ahora sólo puedo sentir dolor ¿Cómo es eso posible? Te amo, cómo amé a mi padre, cómo lo amo por que duele su ausencia. Ahora siento más que otras horas que  te  necesito,  duele  hasta  las  entrañas,  es  una  combinación  de  rabia,  insultos,  tristeza, sufrimiento y pasión; él amaba tanto vivir, ¡No lo comprendo! Siento que me falta un miembro de mi cuerpo; ven conmigo. Te necesito.

P. GILLES

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