Andar en bici no es odiar al automóvil

Daniel Esteves / @PielDeElefante

23Supongo que empecé a andar en bici por mi padre, mi familia se ha movido en bicicleta por la ciudad desde que tengo memoria, antes de que los hípsters montaran vintage, las fixies fueran tan pop y los downhilleros sudarán testosterona. Recuerdo a mis tíos en muchas ocasiones llegaban a la casa con raspones en todo el cuerpo, moretones, sangrando de la nariz, con la bici doblada y en los ojos rojos de furia contra algún taxista, una combi salvaje o un particular ciego. No es que se expongan al peligro, el peligro siempre está ahí. Aprendí lo necesario para rodar en la calle de la mano de mi padre: a voltear constantemente, respetar al peatón, usar casco, mirar más de dos veces antes de cruzar alguna calle, tener especial cuidado con el transporte público y su forma random de manejar, hacerse visible en la noche y disfrutar cada pedaleo. No me considero un imprudente al volante de una bici, pero reconozco que cualquier cosa pueda pasar en un segundo y debo controlar lo que se me pueda presentar. Es casi indispensable estar dispuesto a arriesgarse constantemente y tener una tolerancia gigante para hacer de este medio de trasporte mío. Se ha formado la creencia equivocada que los autos merecen la calle en su totalidad y otro medio de transporte está prohibido.

Las ciclovías fueron creadas para aislar de las calles supuestamente exclusivas de los automóviles, pero no son suficientes y las bicis vuelven a compartir camino con los coches. Me toco rodar en una época diferente que mi papá, con más autos cada día pero cada vez más ciclistas. Pareciera que los automovilistas se están acostumbrando poco a poco a la presencia de los, muchas veces solitarios, ciclistas y ellos se están ganando su lugar en la calle.

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Puede ser que yo sea un chico con suerte en una ciudad con suerte que no ha tenido que pasar por alguna situación mortal en su recorrido habitual, y lo agradezco. Me doy cuenta que antes cortaba el paso a mi tío o encimaba el auto a mi padre ahora me da el paso a mí. Creo que la solución para crear armonía ciudad-ciclista proviene de hacernos presentes y ser cada día más, además de no hacer lo que no queremos que nos hagan. No quiero decir que el peligro en la calle se vaya a extinguir con esto pero si ayudara a que tengamos un mejor viaje, ¿por qué a quien no le gusta un poco de adrenalina en su rodada?

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