El corredor del pulque

Alfonso Blanco / @alfonsoblanco

Fotos Isaías Aldaír / @IsaiasAldair

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El tianguis de Actopan es el más grande de Hidalgo. Hasta hace poco incluía dentro de sus improvisados puestos la sección de animales y de automóviles. Sin estas dos secciones, continúa siendo enorme. Se vende desde discos piratas y ropa en “pacas” – proveniente de Estados Unidos-, hasta las más variadas frutas y verduras – algunas de ellas cultivadas por las mismas personas que las venden.

Las principales calles del centro de Actopan son ocupadas por los comerciantes cada miércoles. Muchas de las personas van cambiando de ciudad alrededor de la semana, pero es el miércoles de plaza en Actopan el más importante.

El tianguis tiene su sección de comida y representa la primera parada en nuestro día. Quesadillas de todos los guisados que se puedan imaginar – dejemos para después ese debate entre el termino correcto-, son el puesto que llama nuestra atención.

A lo largo del desayuno se acercan a los puestos inmigrantes centroamericanos que vienen de paso por México, aprovechan la escala para moverse desde Tula hasta el tianguis y pedir un poco de ayuda en su peligrosa travesía. Como se puede apreciar en un día dentro del tianguis, la mezcla de gente es muy variada. De igual forma podemos oír entre los puestos platicas desarrolladas en otomí o náhuatl.

Nosotros venimos a probar pulque

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No sabemos si así se llama el lugar, lo que sí sabemos es que ahí se encuentran los expendios de pulque. Para motivos prácticos lo llamamos El corredor del pulque. Una cuadra completa de puestos dedicados a servir octli para llevar o tomar en el momento. Los envases para llenar pueden ser traídos desde casa o se regalan botellas de refresco vacías. Para tomar en el lugar hay botes de plástico, una mesita y bancos para sentarse.

Al llegar al corredor somos abordados por una persona que asegura puede leer nuestro futuro, por un momento nos vemos tentados pero desistimos cuando el señor no puede dar un paso más. Son muy variados los puestos que sirven pulque, casi por instinto nos sentamos en uno que tiene banquitas de cemento. De inmediatos las personas – en su mayoría adultos mayores-, hacen un espacio y la señora que atiende el puesto nos pregunta cuántos litros vamos a querer y de qué intensidad – el fuerte, lleva más días de fermentación o el suave.

Nos toca sentarnos a un lado de Don Chano Pérez, quien inmediatamente se presenta. Poco a poco se retoma la plática en la que estaban todos atentos, nosotros por nuestro lado, somos simples escuchas de las historias que Don Chano nos plática.

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Vive cerca de la región pero sólo los miércoles se mueve hasta Actopan. A pesar de que desde muy chico toma pulque, sólo lo hace en mayor cantidad los miércoles, los demás días de la semana los utiliza para trabajar su tierra. Al parecer la mayoría de los comensales se conoce y durante nuestra estancia saludan a más personas, no sin antes detenerlas en su andar para invitarles un vaso de pulque.

Los bidones que almacenan la bebida van vaciándose poco a poco, nosotros nos céntimos muy bien en nuestro lugar. Don Chano recuerda los tiempos en el que la cerveza se fue adentrando en los pueblos, admite que no le gusta la cerveza y mucho menos la campaña de desprestigio que realizaron las campañas con el pulque. De igual forma nos dice que a la larga la cerveza va mermando el cuerpo, mientras el pulque lo ayuda a sanar.

Los dichos empiezan a salir al mismo tiempo que los albures, también les toca a los policías que hacen su ronda por el tianguis. Don Chano cuenta que sabe algunas palabras de otomí y conoce las raíces de la bebida; nos dice que él no es indio sino indígena, que el trabajo en la tierra es mal pagado pero no se compara con la discriminación y desigualdad de las grandes ciudades.

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El pulque está en su punto exacto, una delicia proveniente de las tierras que cultiva la señora que nos atiende. El sabor se va quedando poco a poco en el paladar, los ojos empiezan a bailar poco a poco y los albures tienen más sentido. Al principio los señores se nos quedaban viendo, no es común ver jóvenes tomando pulque, se acostumbran al momento y hasta brindamos con ellos.

El ambiente es inigualable, no dan ganas de irse. Los demás puestos se encuentran llenos. Se acercan los niños por el mandado de sus abuelos o padres, “medio litro de pulque pa’ llevar”.

El problema viene cuando nos levantamos de la banca, y es que el pulque es traicionero, ya nos los había dicho Don Chano:

“Pulque de las verdes matas

Tú me tumbas

Tú me atarantas

Y me haces andar a gatas.”

Conoce la historia de un tlachiquero y la extracción del pulque en nuestra Metascopios_ No.4, próximamente impresa y en línea para su lectura o descarga digital.

Una respuesta a “El corredor del pulque

  1. Pingback: Pulque, bebida milenaria que se resiste a morir | Metascopios·

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