Mommy. L’amour de la famille.

Itzia Sánchez / @ItziaRoxer

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No cabe duda que el cine del ovacionado (y por algunos odiado) Xavier Dolan ha alcanzado una gran popularidad durante el último año y con justa razón. El realizador canadiense de 25 años representa la voz de toda una nueva generación para el mundo cinematográfico, obteniendo la atención del mundo al ser el nuevo hijo prodigio del Festival de Cannes, contando el talento y la arrogancia de ser un joven arriesgado que se ha atrevido a pensar fuera de la caja, experimentando con técnicas renovadas de lo clásico que han logrado funcionar bastante bien y resultan una maravilla visual. Para esto sigue la regla básica de cualquier cineasta primerizo: hacer películas sobre lo que él vive y conoce; un cine fuerte, creativo, con significados poderosos para quienes lo ven, capaz de cambiar vidas, mentalidades y prejuicios. Y así a lo largo de sus primeras cuatro producciones, hemos podido llorar y enamorarnos al lado de personajes que, más que ficticios, son un reflejo de la realidad social, de nuestras preocupaciones y esperanzas creando una empatía y conexión inigualables con el espectador.

Ahora, en mayo del 2014 durante el Festival de Cannes, tocó el turno de su quinta producción, Mommy, para deleitar y emocionar los ojos impacientes de un público ya fiel a la filmografía de Dolan, presentando una historia fascinante y cargada de emociones con Anne Dorval, Suzanne Clément y Antoine-Olivier Pilon como protagonistas en un drama situado en la actual Canadá donde Diane, una madre soltera, vive agobiada por el peso que implica criar a Steve, un hijo problemático y en ocasiones violento, teniendo a la ley y el desempleo en su contra. En esta relación entra Kyla como tercer integrante, que desde su papel de vecina logra influir de manera fuerte y positiva en la vida de ambos, ayudando y permitiendo que la ayuden en regreso.

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Lo más peculiar e identificable de esta película es el formato de pantalla cuadrada en que está editada. El cuadrado 1:1 no es desconocido en esta década y muchos lo podrán relacionar a el tamaño de imagen popularizado por la plataforma de fotografía y video Instagram, además de que anteriormente Xavier había utilizado este recurso cuando dirigió el video musical College Boy de Indochine (de igual forma en este vemos la primera aparición del actor Antoine-Olivier Pilon dentro del trabajo de Dolan). La ventaja de esta pantalla es el énfasis que crea en los personajes, los detalles, rostros y expresiones, además de que gracias a la claustrofobia visual creada, la tensión en todas las escenas se duplica, llegan a tocar el tope de las emociones y sentimos compartir la desesperación que viven los protagonistas. A mitad del filme, llega un memorable momento en que la historia toma un respiro y nos vemos envueltos en la inmensa felicidad y éxtasis de los tres personajes, es ahí cuando Steve es el encargado de liberarnos, romper con el cuadro y llevarnos a toda la pantalla completa, con el emotivo audio de Wonderwall de Oasis abrazando la escena y llevando cada movimiento de mano de la música, creando una excelente coreografía entre imagen y sonido ofreciendo una de las secuencias más poderosas que hayamos podido ver en los últimos años de cine. Si bien es cierto que el cuadrado 1:1 limita un poco las posibilidades de imagen, Mommy ha logrado una propuesta muy interesante, que se complementa bastante bien hasta en el vestuario. Dice Dolan que incluso antes de abrir la boca, antes de que se vuelvan hacia la cámara, el vestuario ha hablado por los sujetos.

Y bien, ha sido inevitable recordar Yo maté a mi madre (2009), su primer filme que nos cuenta una historia autobiográfica sobre las dificultades de las relaciones madre – hijo. A pesar de que el hilo conductual de ambas películas sea diferente, el núcleo sigue pareciendo el mismo: la madre soltera (que curiosamente es interpretada por Anne Dorval en las dos) con un hijo varón adolescente, enfrentando decisiones difíciles que conlleva el disgusto del primogénito, problemas económicos, sentimentales, etc., donde el amor maternal es el punto clave para el sostén de estas relaciones. (-¿Aún nos queremos el uno al otro, verdad? –Eso es en lo que mejor somos, amigo. Diane y Steve). Con muchos tonos alegres y agrios, Dolan escribe esta y otras de sus películas presentando a la mujer como un ser fuerte y luchador, evitando hablar de ellas como víctimas ni objetos sino que demuestra la profundidad y complejidad de su ser; aún cuando caen más fuerte, siguen siendo ganadoras. “No veo el punto de grabar películas sobre perdedores” mencionó el joven director.

¿Cine arrogante y pretencioso? Así lo han atacado, sin embargo Xavier Dolan se ha mantenido firme en lo que hace, cree en la fuerza de sus proyectos y así lo mencionó en su discurso al recibir el Premio del Jurado en Cannes 2014: “Aún soy joven, pero unas palabras para mi generación. A algunas personas no les gustará lo que hacen, algunos no les va a gustar quienes son. Pero debemos aferrarnos a nuestro sueños porque juntos podemos cambiar al mundo y cambiar al mundo requiere tiempo. No solo los políticos y científicos pueden cambiarlo. Los artistas también. Todo es posible para aquellos que se atreven a soñar y trabajar”.

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