México: Hacia la cultura del gatillo

Sineàd Marti / @_Macorina

Foto: Cuartoscuro

Foto: Cuartoscuro

La presencia de México parece ser evidente en todo el mundo. Los mismos mexicanos parecen mirarse todos los días al espejo. Basta con sentarse y prender la televisión para observar de “lejos” lo que pasa justo a nuestro alrededor.

El narcotráfico viene a convertirse en parte de la realidad del país; una noticia, un rumor o miedo. En realidad es ya una cultura.

            La Cultura y la Narcocultura.

Es necesario entender a la cultura como una abstracción, una construcción teórica que parte del comportamiento de los individuos de un grupo. Para ser un poco más claros podemos decir que cada persona posee un mapa mental que será una guía de comportamiento; este mapa está influido de manera importante por los patrones de comportamiento que comparte con su grupo social. Concluimos entonces que la cultura de una sociedad está basada en la relación mutua existente entre los mapas mentales individuales.  (Herrero, 2002)

Se trata de una trama de significados en función de la cual los seres humanos interpretan su existencia y experiencia, así mismo como conducen sus acciones. (Clifford Geertz, 1957 en Yépez & Arzápalo, 2007)

A partir de esto podemos aterrizar en la cultura del narcotráfico; encontrada en  el intersticio entre lo narco y el narco, ya que proviene del ámbito del crimen organizado, pero también pertenece al imaginario colectivo en el sentido  de que le diera Monsiváis: “No éramos así hasta que distorsionaron nuestra imagen, y entonces ya fuimos así porque ni modo de hacer quedar mal a la pantalla” (Monsiváis, 2004 en Maihold & Sauter, 2012)

Maihold y Sauter describen la narcocultura como una fusión de temporalidades, experiencias y sentidos. Explican que se trata de una cultura popular, siendo la lealtad un valor máximo. Es también una contracultura ante la modernidad (religión y familia por encima de democracia e institucionalidad); y una postcultura (plagio donde todo símbolo juega desreferenciado de su valor de origen de clase, letra o gusto).

Hablamos de una consecuencia de la modernidad capitalista, la cual se basa en el falso logro de la libertad y la felicidad al consumir; que viene de la mano del postmodernismo, el cual tiene por ideología el vivir el momento, consumir al máximo como modo de participar de la sociedad bienestar, gozar el presente sin reparar en nada. (Maihold & Sauter, 2012)

La narcocultura tiene como características principales la ostentación, una ideología basada en la justificación de sus actos como motivo para dejar la pobreza (Rincón 2012 en Maihold & Sauter, 2012); inspirada en el imaginario que se tiene de lo que es un rico, con una estética del poder basada en los recursos materiales y simbólicos que manejan, y con un mensaje claro: la impunidad.

Narcocultura (2013)

Narcocultura (2013)

Como pudimos observar en el documental (nuestra reseña aquí) , se encuentran inmersos factores políticos, psicológicos, sociales e incluso religiosos. Se percibe una cultura que ha dejado atrás el simple crimen organizado; es ya una estructura hecha de todo y de todos; formada por los participantes, los partidarios y los testigos.

Pero, no cometamos el error de pensar que fueron los mismos traficantes los fundadores de este fenómeno; la población mexicana contaba ya con las características necesarias para la apertura a esta cultura: una sociedad con marcadas diferencias socioeconómicas, en un mundo de exclusión por an­tonomasia, lo proporcionado con intensidad  en los medios de comunicación masiva, en escuelas y universidades, que priorizan pragmatismo, tecnocracia e instrucción técnica y mezclan cínicamente aspectos como astucia, engaño, inte­ligencia, riesgo, aventura y la fascinación del poder y el delito (Córdova, 2012).

Los mecanismos impuestos o aprendidos por las necesidades de sobrevivencia y la reproducción obligaron a los grupos del crimen organizado a construir un esquema de pautas de comportamiento; logrando así una representación ideológi­ca, formalizada y sistematizada, de la desviación, que constituyó todo un sistema ideológico particular, con su propia escala de valores, directrices y reglas no escritas; su lenguaje particular, de códigos y claves, así como de normativizaciones excluyentes y aislantes, que los han colocado y recluido como aparentes sectas, cofradías y mafias de núcleos y entornos imperturbables y casi impenetrables (Córdova, 2012)

“Más vale vivir cinco años como rey, que cuarenta y cinco como güey”

El lenguaje, como conjunto de sistemas de comunicación constituido por manifestaciones diversas como dibujos, gestos, sonidos, movimientos culturales nos da pauta para comprender que como todo proceso de cultura (Sapir, 1966 en Arduini, 1988), la narcocultura ha formado su propio lenguaje y ha establecido medios de comunicación específicos para hacer llegar un mensaje que parece claro: la glorificación de la impunidad. Su manera de expresar todo este bagaje cultural e ideología viene siendo la música; los narcocorridos para ser exactos.

México, entonces, se convierte en el lugar de origen de inspiraciones limitadas y e inconscientes de personas cuyos intereses se ven beneficiados con la situación del país. Pero como he mencionado, no son sus maneras de expresarse lo que han hecho del tráfico de drogas una cultura; pero sí facilitan el acceso de cualquiera a esta ideología.

El documental muestra que los sujetos que se dedican a los narcocorridos son fieles partidarios de este movimiento, que miran al narcotraficante como héroe y venden esta percepción. El problema está, entonces, en mirar al narcotraficante a través de los ojos de estas personas; como se dice “el lobo siempre será el malo si sólo escuchamos a caperucita”.

Con una estructura tan compleja y factores que facilitan el alcance a ella es imposible pensar en un retorno. Y pareciera también imposible evitar que futuras generaciones formen parte de esta cultura.

Los niños de hoy, ¿los traficantes de mañana?

Como pudimos observar en el documental, el narcotráfico, por lo menos en el norte del país, está en todas partes. El constante contacto que se tiene con ello es determinante para la percepción de la realidad.

Los niños, situados justo en medio de las balas y la sangre, comenzarán a explicarse el mundo, justo ahí. Su madeja de teorías estará construida entonces a partir de los elementos que les da su contexto. Será pues un playlist de movimiento alterado, o una noticia en el periódico de la mesa de su casa, que dice que no hay nadie preso.

Diaz-Guerrero describe a la personalidad como un sistema de procesamiento de la información de naturaleza racional emocional, que obtiene diferentes grados de identidad individual como resultado de una dialéctica entre tal sistema de información individual y la cultura, la cual, en esta aproximación, es un sistema de información resultante de la historia de cada sociedad.

Es a partir de esta definición que se pueden percibir de manera más clara la relación de los fenómenos culturales con la personalidad en formación de los niños mexicanos.

Quizás nuestras futuras generaciones no sostengan un arma; pero considero que sonreírle a aquel que sí lo hace es apretar el gatillo.

No se trata de erradicar esta ideología; después de todo viene siendo resultado de nuestra realidad y nuestras características como población, pero sí parece urgente el hecho de pensar en darle una dirección conveniente para la formulación de una sociedad sana y funcional para todos sus habitantes.

REFERENCIAS.

Arduini, S. 1988. Lenguaje, tipología y cultura. Edward Sapir. Recuperado el día 30 de Marzo del 2014, de: https://www.um.es/tonosdigital/znum25/secciones/relecturas-elua_05_18.pdf

Díaz-Guerrero, R. Un enfoque interdisciplinario de la cultura y la personalidad normal y patológica del mexicano. Psicología del mexicano. Trillas.

Córdova, N. 2012. La narcocultura: Poder, Realidad, Iconografía y “Mito”. Recuperado el día 30 de Marzo del 2014, de: file:///C:/Users/PATRICIA/Downloads/30481-65476-1-PB%20(2).pdf

Herrero, J. (2002). ¿Qué es cultura?. Recuperado el 30 de Marzo del 2014, de: http://pnglanguages.org/training/capacitar/antro/cultura.pdf

Maihold, G. & Sauter, R. 2012. Capos, Reinas y Santos – La narcocultura en México. Recuperado el día 30 de Marzo del 2014, de: http://www.maihold.org/mediapool/113/1132142/data/Narcocultura_en_Mexico_GM_SdM.pdf

Yépez, R. & Arzápalo, R. 2007. La práctica cultural de modificar el cuerpo como un texto de información e interpretación social para la antropología física. Una perspectiva semiótica. Recuperado el día 30 de Marzo del 2014, de: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1852-45082007000100004

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