La casa y el mensaje

Luis Xocoyotzin / @LuisXoco

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La Arquitectura, como profesión (arte, o mera tarea hecha con las patas) subordinada a su lugar y tiempo, es, parafraseando no tan intencionalmente a Octavio Paz, el reflejo fiel de lo que una sociedad, nación y/o ser es o anhela ser: cargada de la comunicación inamovible e inseparable del individuo, una parte esencial de la naturaleza básica del ser humano que le compone como animal social (¿civilizado?¿evolucionado?).

Así, la Arquitectura no puede estar exenta de esa parte elemental del hombre, que establece un constante e incesante intercambio de mensajes, ya sean conscientes, subconscientes o inconscientes; por lo que está sujeta a ser un discurso o reafirmar un mensaje ya establecido.

Al proyectar vivienda, en apariencia, la intención inicial no es la de transmitir un mensaje: Desde el ser humano primigenio (ya como homo sapiens sapiens), hasta la actualidad (un homo no tan sapiens), al proyectar, no se idea únicamente el concebir una casa (aunque está claro que esa es la consecuencia directa), sino el materializar una idea de hogar, el concepto de hogar, que surge inalterablemente de las particularidades del individuo (su forma de vivir y habitar un espacio y que en combinación hacen que pueda llamarlo como tal, hogar); aunque, como todo lo que realiza el hombre, está sujeto al sistema de comunicación en él, por lo que, resulta lógico, se termina por transmitir un mensaje.

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De este modo, la expresión final de un concepto de hogar termina por retratar la intimidad individual de cada ser, las fotografías paparazzi de sus adentros, las pretensiones surgidas de sí, que per se son el reflejo de procesos internos del yo. Resulta, pues, una “obviedad esquiva” que todo hogar termina por tener un diálogo comunicativo con la sociedad a la que está inserta: pasando por casi todo las funciones de la lengua (sin usar literalmente la lengua).

Quien busca emitir su opulencia como mero acto referencial, con una casa que deja de lado el simplemente habitarse cómodamente y quiere dar a conocer al mundo su grandeza; la función apelativa de quien busca incitar comportamientos y sensaciones en quien visita y habita la morada. Expresiva, con las simples ganas de poetizar el espacio en un entendimiento personal estético o incluso de mensaje exclusivo individualizado; Y también quien cree no dar mensaje alguno pero termina reflejando ese desinterés en transmitir una idea de hogar o que justamente hace lo contrario, un mensaje bien cuidado envuelto en esa mentira o el mensaje subconsciente de quien sí se preocupa de lo presentable de su nicho o llanamente vive en un basurero (un mensaje al fin y al cabo).

Así, aterrizando en semántica terrenal más concreta e ilustrativa (vulgar): la forma en que un hogar se transforma en tal, es la decoración y aún la ausencia de la misma, donde bien puede ser la obra arquitectónica suficiente para dejar en claro el cómo se concibe para el habitante la forma de vivir en su casa; pero, el carácter trascendente de lo decorativo toma su mayor fuerza en el concepto de vivienda que es procreado en la esterilidad de existir en la inexistencia. Ahora me explico:

Al no existir un concepto de hogar, de una vivienda que responde a un individuo y sus particularidades, en la multiplicación de plantas tipo y clonación exponencial de multifamiliares, se produce el concepto de vivienda que se integra sólo por un listado impersonal (sala, comedor, cocina, baño y recamaras).

Allí, el hogar (la forma de vivir del individuo y sus gustos, reflejo de su ser) surge de la decoración que retrata; a fuerza de hacer propio, agradable, intimo, personalizado, un cascarón engendrado por la inexistencia de tal concepto (el que se amolda a un individuo y sus particularidades); lo más cercano al yo en su esencia, pretensiones, complejos e inclinaciones, lo que concluye exponiendo de cada escalafón social e individuo del sistema, lo que se es y/o lo que se anhela ser.

P.D. No podemos dejar en manos de la decoración, que es un recurso, todo el peso de convertir en habitable un espacio; lo que terminaría por transformarnos en meros dibujantes de fachadas para cubos contenedores de materia, espacio y existencia intrascendentes, bajo el pretexto de que en cualquier recipiente el humano se adapta a sobrevivir y por ello nos desplazamos a la forma y las envolturas. Volvernos ornamentos y seres inútiles a la humanidad.

Este texto se publicó en la edición 4 de la revista Metascopios_

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