El ciervo y la flor pt.2

Martín Juárez / @mmmartin26

Primera parte aquí

Pamen Pereira - ARTIZAR

Quiahuitl ha llegado y ha roto mis ropas y me ha mojado de su lluvia. Ahora soy lluvia por tal y soy un ciervo que camina montes arriba y lejos, que se va y llega cuando llega y se va. Soy un ciervo que corre más allá de lo que desea correr y descanso por las noches para ver los días. O al menos eso creo que hago. Respiro humo de plantas y bebo té de las hierbas que crecen en la tierra, pero soy un ciervo… no soy un hombre. No tengo un lobo en mí, sino a un ciervo, y las flores son como resultantes de las sumas de las semillas. Si bien tenemos la cualidad animal y grotesca del inconsciente, la crueldad injusta y adjunta a los pensamientos insaciables de los hilos más fuertes y que en cierta forma van constituyendo a la fibra de la que estamos hilados (palabras inconscientes de una marcha que se toca en nuestras mentes); también tenemos que entender que la fibra resulta ser hermosa en sí misma.

Una vez me preguntaron si detestamos a lo que viene siendo ajeno a los demás. Y yo contesté que no porque entonces dejaríamos de ser flores y nos convertiríamos pétalos. Un día llegó la lluvia porque ayer es hoy cuando ella llega (porque a pesar de siempre llueve diferente, siempre llueve igual) y me relató mientras me preguntaba si le odiaba porque ella me enfermaba (cuando hace frío y me llueve, me enfermo), y yo le contesté que no porque era parte de sí. Si tomas una flor y dices que las hojas son menos hermosas que los pétalos (porque los pétalos constituyen su color y su belleza), y se las arrancas, entonces la flor se verá distinta. Si dices que su tallo es menos hermoso que sus pétalos (porque sus pétalos son suaves y el tallo no), y le quitas el tallo, entonces la flor será menos hermosa. Y de esta forma, asesinamos a la filis, al encuentro exacto entre lo que es bello y lo que es auténtico, y lo que es real. Así valoramos, como un Joyce a cada instante en lugar de hilar más grueso en algunos puntos.

Las flores y los animales tienen un juego particular y único, el juego que juegan y el hilo que deciden hilar. Como el hilo resulta ser lo que queremos hacer y ser aunque no podamos serlo y lo que hagamos (porque el estambre es oro puro en términos del espíritu y la literatura), así los animales son lo que corre en nuestras venas y las flores la belleza que puede emanar de ellos. El estambre resulta ser el pelaje y la piel, y la piel los pétalos extraños de lo orgánico y sincero. ¿Dónde está todo lo demás? Reducido en el humo que se incinera más allá de nuestras ideas pensables, cognoscibles; pues podemos pensar lo que no pensamos, si no pensamos, y así no podemos ciertamente explicar al fenómeno lógico continuo y arisco de los relojes (porque los relojes son mitad animal y mitad hilo).

Ayer murió una amiga mía y le deseo el mayor bien de todos que según Barca es realmente pequeño. Y concuerdo que la vida que vives es sueño porque es en realidad carne y flor, hilo y pétalo y todo es a la vez porque, en realidad, en realidad; son meramente sueño (porque es solo en un sueño que las tres cosas son reales y los momentos que están entablados entre sus materias que son distintas es el mismo (y soy los mismos). Quizás me esté yendo lejos, pero lejos estamos todos al final, muertos en la simbiosis y la inefable conexión entre algo que está más allá de nosotros y lo que no está (pero sabemos y afirmamos con los ojos y la boca que está ahí). Puede ser que al final estemos locos. No podemos afirmar a la lógica con lógica y eso es un problema porque es la única herramienta occidental que poseemos.

Tal vez el venado pueda entenderlo mejor cuando salta y brinca en un bosque es su pasado y su presente y su futuro (a pesar del lago y la muerte), porque para sí el tiempo es un espacio hueco donde solamente está la idea de la línea cuando la línea puede ser simplemente un punto en una infinidad de espacios. Vemos la línea porque creemos que tantos puntos no son sino irrevocablemente una línea, y así, el conjunto de nuestros ojos hace que digamos ¡que hay una conexión en todo y las líneas son reales! Pero puede ser que los colores que decimos que pigmentan a la línea son algo más constreñidos y difíciles que la línea en sí misma. Pero nadie puede ver a través de la materia (porque si no, la vista no podría ver absolutamente nada); y es más tangible y lógico aquello que decimos entender.

¿Cómo podemos afirmar que entendemos a una persona si nuestro ensayo mismo es una carrera del tiempo contra nuestros pensamientos? Por eso escribo sobre tormentas en la no tormenta y no durante la tormenta. Porque no puedo ser la tormenta y vivir la tormenta y decir que no soy solamente una versión elegida por mí de mi infinidad de versiones que podría ser (y lo más probable es que en algún lugar se estén pensando como la lectura de una serie de datos incomprensibles pero presentes, así como la idea del color mismo) que mira la tormenta. En esta particularidad presente elijo matar a la versión viviente de mí mismo y amaestrarla para poder estar más alto en el pensamiento que se piensa. El vacío resulta ser un pensamiento que no se piensa tanto, así como un juego en un lenguaje que interpretamos, pero no hablamos (y realmente nunca hemos hecho). La tela del monje está enrollada en su cuerpo, como la nuestra del cuerpo de todos los árboles, y sus hilos son mandarina, pero los nuestros son de todos colores y ellos bailan cuando baila la luz (y cada quién es realmente uno solo).

Si mi amiga muere, entonces yo la lloré, porque decide morir. Las personas no decidimos morir, sino ser el demonio mismo y el hombre haciendo tratos con él. Somos el viento que empuja las velas que tejimos para nosotros. Entendemos que no se puede hacer en soledad pero tampoco en la más grande y ávida de las compañías. Mi amiga ha muerto, pero el tiempo en ella no, y ella estará siempre y vivirá siempre aunque hayamos elegido morir todos en algún instante (para estar solos y vivir en nosotros mismos).

Este experimento es un hilar, por ejemplo, de telas que alguna vez toqué y recuerdo, pero es el correr mismo de las telas que entendemos telar. Morimos y somos las velas de los barcos en los que navegamos. La muerte es el barco, pero la vida es un barco también y hacemos transbordos para regresar y cruzar mares azules, ríos terribles, y vencer a Circe y saciar toda nuestra hambre; llegar a Ítaca. La realidad, es un beso entonces, una ignición de una fricción caliente, ardorosa pero hermosa y viva, un correr, un rescate de nosotros mismos.

Se generaliza porque todo es cierto (y es falso en un documento que exprese lo contrario), pues aquí, toda palabra, en este lenguaje y en este juego es verdadera y es tal manifiesto que el lenguaje mismo no se explica en el desarrollo de que el ciervo no enseña a correr y solamente corre. No hablamos del lenguaje español, se aclara, en tanto las flores no tienen una lingüística sintáctica y gramatical, pues una lengua no es posesión de ninguna flor y ella no tiene al gramema y al lexema como constituidores. La lluvia nos llueve como piedras, pero algunas piedras acarician como el agua de los ríos (las lápidas por ejemplo, con su nombre y la tierra junta sobre su cuerpo). Hoy esto es verdad aquí, en este hilo, pero habrá hilo que no sea de esta hilada. Que en paz descanse, pero sobre todo, que en paz vivamos los que vivos estamos, que las flores que somos florezcan siempre y que los ciervos corran siempre libres en todos los bosques que elijan para huir de todo.

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