Dios te salve

Sineád Marti / @_Macorina

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Egon Schiele

 

En el negocio sucio de la moral existen artimañas que se prestan a la fuga del deber ser; y que acompañan a la pulsión de la mano, mostrando todos los caminos que lleven a su Roma particular.

Desde siempre he mirado de cerca las ventajas de los atajos al exceso. No me pienso cínica, más bien creo en la discreción como puerta a la virtud; sin embargo me ha quedado claro que cuando parece imposible lo procaz habrá entonces que rogar al cielo por clemencia.

“Ave María, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. “

Anoche he puesto más cuentas al rosario. Porque no encuentro en lo suficiente el milagro que busco. Rezo porque de niña me han dicho que se juega así.

Mi madre solía decir que rezar el rosario era una tradición que pretendía el perdón de las almas, el agradecimiento y el pase de lista del creyente. Antes, obligada, rezaba para librar a mujeres, hombres y niños de las llamas del infierno; apenas tenía 9 y ya salvaba al mundo usando como única arma a Dios.

Cuando crecí perdí el interés por el martirio y las ganancias secundarias de la gracia divina en pago a mis servicios de heroína. En cambio busqué salvarme a mí. Desde entonces vivo contando cuentas de rosarios que terminan cediendo a las vueltas en los dedos; murmurando mil y un avemarías que le digan a Dios que en verdad lo siento.

Ave María y ruego que esta mordida en cama ajena no cueste un ojo de mi cara. Ave María y trato de convencerme de que el azul del cielo es una mentira, que en realidad tiene el color del té frío.

Anoche he puesto más cuentas al rosario. Porque en las que tiene no caben las noches con usted; porque entre sus piernas las dunas se miran mejor bajo la lluvia; esperando que se me perdone por las veces que he mirado al mundo con la boca seca.

Le pido a usted, en caso de encontrar ternura en la caridad, haga llegar este mensaje a los santos. Dígales que en cada misterio hay un Padrenuestro que pagué por su saliva. Y en cada Salve una espina en el dedo.

Que no se me inculpe de amorosa, que no se diga que lo hice sin pensar. Hable con la verdad y cuente que en la humedad de mis poros se opera adrede; y que jamás encontré duda en el poder de la salvación del rosario. Que abuse del mismo y con toda intención.

Anoche he puesto más cuentas al rosario. Porque no está de más creer que puedo hacerlo; porque no se me enseñó a sentirme culpable por otras cosas.

Dios me salve. Porque la cuentas ya no.

 Este texto se publicó en la edición 4 de la revista Metascopios_

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