Leviatán o el reflejo de la represión rusa

Alfonso Blanco / @alfonsoblanco

¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo,

O con cuerda que le eches en su lengua?

Job 41:01

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El cine puede tener tintes de radiografía sobre el contexto en el que es filmada alguna película. Algunas obras lo hacen con cierta mofa, incluyendo símbolos que conviven en el patriotismo de un país, otras lo hacen de una forma visible y sufren las consecuencias de la censura. Leviatán (Andrey Zvyagintsev, 2014) es una película que sorprende por varias cosas, sobre todo por haber logrado existir dentro de un país que asfixia y somete a las minorías.

Kolya (Aleksey Serebryakov) ha pasado toda su vida en las orillas del mar, en un pueblo gélido, donde el frio sólo se puede quitar con vodka. Vive con su hijo Roman (Sergey Pokhodaev) y su pareja Lilya (Elena Lyadova). La casa de Kolya está situada en una colina y representa todo su legado, mismo que se ve amenazado por las garras del alcalde del pueblo. Las negociaciones para comprar la casa no van bien desde el principio, tras las negativas de Kolya, el alcalde toma una actitud más fuerte.

La familia va sucumbiendo ante los embates del día a día, la situación incierta de su estado dentro del pueblo los va empujando al límite de sus relaciones personales. El alcoholismo del padre recae directamente sobre el hijo -quien corre de los problemas como el mejor Antoine Doinel al encuentro del mar y de las malas compañías.

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La llegada de Dmitriy, abogado y amigo desde la infancia de Kolya, irrumpe en la cotidianidad de la familia y la del pueblo, mismo que no está acostumbrado a los intelectuales de la capital. Los primeros juicios que pretenden hacer justicia en el caso presentan la situación legal, que cada vez se va inclinando más hacia el alcalde. La lectura del veredicto es oída casi en su totalidad, mientras la cámara explora detenidamente en los implicados; la bandera de Rusia está elegantemente presentada, las mujeres son las encargadas de dar la resolución final – toda una oda a la modernidad en un país que se exhibe como una democracia ejemplar.

Los 140 minutos de Leviatán se olvidan de las concesiones en una época donde parece reinar la hora y media de duración. Zvyagintsev no tiene reparo en filmar a sujetos en su vida diaria –un cine próximo a Nuri Bilge Ceylan y las intenciones del cineasta por inspeccionar en el interior de sus personajes.

El alcalde se inserta en la vida de Kolya y su familia, al punto de llegar borracho a su casa con intenciones de expulsarlos. Los intentos de soborno a Dmitry se van presentando ante su negativa de “cooperar”. La Rusia conservadora es mostrada cuando el corrupto político asiste a recibir el sermón o cuando junta a todo su equipo para deshacer los intentos de justicia del abogado. El panorama de abuso de autoridad es supervisado en algunas escenas por la foto pulcra de Putin y en otras por las figuras religiosas; Estado e Iglesia conviven en las decisiones del día a día.

 La realidad de Rusia es dibujada de tal manera en Leviatán, que ha causado una gran controversia en el país. El alcalde – que podría llevar consigo a todos los políticos corruptos de Rusia, beneficiados con lujo y despilfarro-, se ve acompañado por todo tipo de personajes: pasando por el oficial que práctica tiro con cuadros de funcionarios rusos, religiosos que se ven cobijados por el dinero del estado, obreras pertenecientes a la clase baja… Ninguno de ellos se puede salvar por cuenta propia, todos con una certeza de culpa que los carcome.

Ganadora del Globo de Oro a mejor película extranjera, seleccionada por Rusia para competir por el Óscar, mejor guión en Cannes; el camino que Leviatán se ha ido dibujando parece no haber sido imaginado por los políticos de aquel país –algunos de ellos han exigido que se censure el estreno. Llegó el 5 de febrero a las salas nacionales de la mano de Mantarraya films, una oportunidad perfecta para ver una de las mejores películas del año pasado.

Casi al final de Leviatán, en una pantalla que transmite las noticias, apenas y se alcanza a ver un muro pintado con las palabras “Pussy Riot”; afuera, la cámara muestra lo que ha expulsado el mar.

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