Amélie en el diván

Sineàd Marti / @_Macorina

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3 de Septiembre de 1973. Una mosca azul se posa en la calle Saint Vincent en Montmartre, un par de copas bailan mágicamente sin ser vistas, nace Amélie Poulain. Hija de un doctor retirado del ejército, Raphael Poulain, y una maestra de Grogeon, Amandine Poulain. Ambos extraños, con tendencias obsesivas y meticulosidad fría.

Pretendo, con cinismo, poner en evidencia una partecita de tan pintoresco personaje que el espectador se pierde: la personalidad histérica de tan envidiable personaje. Y es que la petite Amélie parece estar remojada en el mejor de contextos para la gestación de tal situación. ¿Y quién no?, sin embargo parece encantadora la manera en la que Jean Pierre Jeunet, el director de esta aclamada película, logra con magia que la mujer goce de los beneficios de la benevolencia del mundo.

A los seis años Amélie enfrenta los problemas que darán un guión interesante a la película y a su vida: su padre le diagnostica un mal cardiaco que le impedirá asistir a la escuela, por lo que su madre la educa en casa. De manera polar, Amandine establece una relación madre-hija basada en copos de nieves y hobbies solitarios; su muerte se mira simple y seca: una suicida le cae encima a las afueras de Notre-Dame y Amélie se prepara para el resto de su vida.

Con la usencia de su mejor amigo, Cachalote el pez, y las tendencias antisociales de su padre, Amélie no tiene otra opción más que la de crecer. Salió de casa cuando tenía la edad suficiente para enfrentarse a ella misma. Trabajaba como camarera, cultivando placeres cactáceos.

La personalidad histérica

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Debe quedar claro que existe una diferencia entre un trastorno histérico y una personalidad histérica, siendo la última la que presenta Amélie. Varios autores han marcado esta diferenciación. Jaspers, propone una independencia de la personalidad histérica de una neurosis histérica, siendo su característica principal  “la necesidad de aparentar más de lo que es…un teatro donde se presenta una comedia ficticia.”

Existe una distinción entre la verdadera histeria y lo “histeroide”. Las primeras presentan labilidad emocional, una obligación con el mundo humano, ansiedad en un estado de excitación creado por ellos mismos, erotización de las relaciones sociales, sugestionabilidad, desagrado por lo mundano y una actitud infantil con apariencia de inocencia e inexperiencia (Easser & Lesser, 1965 en Pérez, E., 1997.). Y voilá.

Existe una asociación del carácter histérico con ciertos rasgos de la conducta sexual. Alguien que padece una personalidad histérica puede tener cierto comportamiento sexual sutil pero obvio; suele presentar coquetería, gracia, excitabilidad, sugestionabilidad, mentira patológica y mecanismos de huida cuando la seducción sexual parece próxima. (Reich, 1933 en  Pérez, E., 1997).

La mayoría de las características anteriores las podemos ver en una Amélie que conoce en segundos a un Nino al que no puede enfrentar en batalla de mirada. Un perfil infantil que combina bello con las manos dentro de los sacos de semillas y una aventura de estratagema  con un álbum fotográfico. Y de pronto la invitación: un abdomen desnudo y un signo de interrogación.; que se estrella con un miedo que la obliga al danzón de quitar su foto de las estaciones del metro.

El desarrollo de la patología de la personalidad de Amélie:

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Algunos trastornos de la personalidad, tales como el histriónico o histérico, pueden ser explicados a través de teorías psicoanalíticas. En el caso del trastorno histérico, éste refleja una fijación en la etapa oral, anal y fálica, respectivamente. Por otra parte el psicoanálisis presenta la teoría de que la personalidad se vuelve patológica al haber tenido una inadecuada crianza durante la infancia. Estas patologías son el reflejo de una debilidad de carácter o de una conducta social desviada ocasionada por la misma (Oldham, J., 2007).

Aterrizando un poco más en la personalidad histérica, Reich (1933 en Santa María, O., 2010) enfatiza que esta patología de la personalidad está determinada por una fijación en la etapa genital del desarrollo infantil. “La psicodinamia sería la deprivación materna. El deseo intenso de un hombre ideal es el disfraz de una búsqueda desesperada de la madre pre-edípica que satisfaga las necesidades orales.”

Talam (2000, en Santa María, O., 2010) explica que un mal tránsito por el conflicto edípico puede causar patologías tales como la personalidad histérica y la histeria misma. Una inadecuada superación de los impulsos edípicos tiene consecuencias en la sexualidad al verse trastocada. En el caso de la mujer, al tener un padre posesivo o frustrado en el matrimonio, hace de su hija una “pareja”, excluyendo a la madre de esa relación. La niña se siente especial, pero al llegar a la pubertad ella debe alejarse del padre causando una búsqueda del “príncipe azul” que se parezca a él. Al no encontrarlo ella huye a sus fantasías y enamoramientos pasajeros.

Jean-Pierre Jeunet, nos deja ver claramente una etapa de la infancia de Amélie, en la cual se mira  un ambiente solitario, unos padres obsesivos y un contacto inadecuado entre ellos y Amélie. Podemos atrevernos a pensar que aquel  mal cardiaco, no era más que una reacción de deseos edípicos, ya que estaba finalizando la etapa fálica cuando esto sucede (a los 6 años), la misma edad en la que también muere su madre. Siguiendo una línea Freudiana: una madre ya “destronada” y un padre que no satisface sus necesidades.   Desde otro ángulo también miramos una idealización hacia Nino, que se ve frustrada al relacionarlo con una sex shop de manera errónea, y una impulsividad con ahínco  cuando por fin accede a él.

Amélie como objeto de una posible enfermedad:

Una persona que padece una patología de la personalidad (en este caso la histérica) puede desarrollar un trastorno de este tipo si cae enferma. Es decir que este tipo de personalidad puede ser el primer paso para desencadenar una histeria. (Freud, 1931 en Pérez, E., 1997) Pero, ¿Por qué Amélie no enfermó?

La resiliencia es la capacidad de una persona para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos traumantes y condiciones de vida difíciles. En el contexto que nos interesa podemos pensar que Amélie contaba con esta capacidad y, además, con herramientas que le permitieron hacer un buen trato con la soledad, la caridad y la imaginación.

Asimismo no podemos ignorar la intervención (casi terapéutica) de Raymond Dufayel, el pintor, quien permitió (a través de la proyección que tuvo Amélie con la mujer del vaso de agua de la pintura de Renoir.) que pudiera quedarse por primera vez en una realidad más tangible.

Resultan obvios mis esfuerzos por hacer cuadrar a Amélie en esta patología de la personalidad, existen aspectos que no encajan con su perfil. Se debe tomar en cuenta que Jean Pierre Jeunet no tenía como propósito presentar a una Amélie enferma, creo que su objetivo era todo lo contrario.

Al final Amélie enfrentó sus miedos hacia el rechazo y tomó el riesgo de salir al mundo, que sin duda era diferente al de sus fantasías. ¿El diagnóstico? reservado.

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