Cartas de la locura

Parte  y Parte II por Saúl Placencia

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PARTE III

New York, USA, 1 de Octubre de 198…

Joan:

En cuánto salía de casa en Marsella, el cartero me entregaba tu carta, la he leído durante el viaje en avión, ahí conocí a un pareja de oriundos de la ciudad, son lo único bueno que he encontrado aquí; me han invitado a cenar en su casa e incluso conocí a sus hijos, eso me hizo pensar en nosotros; estoy muy feliz y orgulloso de haberte conocido, has sido lo mejor que me ha pasado en la vida, incluso mi padre lo decía << no te mereces a esa chica >>  parece que lo escucho. Lo extrañaré, no mentiré, pero tienes razón, debo seguir adelante y por más complicado que parezca imagino que el destino me tiene algo mejor. Han sido semanas de locura intensa, despertaba en las noches pensando en mi padre, y entonces el se aparecía y puedo jurar que sentía cómo sus brazos rodeaban mi cuerpo y sus manos se pasaban por mis cabellos, parecía que el frío llenaba el cuarto y mi cuerpo se convertía en un vacío terrible, en una ocasión escuché un cuervo que picoteaba la ventana, y recordé a mi padre, siempre me recitaba el cuervo de Poe; además su pico me recordó a la nariz de mi padre y eso me generó que el vacío hiciera implosión, el cuervo me molestaba con sólo estar ahí y evocarlo, además parecía que me miraba con ojos crueles y nerviosos, un tanto inquisidores, entonces lo atrapé, lo metí en una jaula y lo dejé morir de hambre, en las noches el graznido era perverso, así que dormía con tapones para evitar escucharlo. Ahora que lo medito, fue vehemente hacerle eso a esa criatura, no lo merecía, ¿Dónde ha quedado mi amor a la vida? Pero era necesario, me irritaba verlo; algunas horas después que murió, lo encontré tirado con la misma mirada, la ansiedad de ese recuerdo aún me persigue y me seguirá toda la vida.

Agradezco que me hayas enviado una carta para confortarme, entiendo que no hayas podido acompañarme por apoyar al Partido Democrático, ojalá también que no sean nada grave esos síntomas, y espero verte en Madrid de verdad que te extraño mucho.

Nos vemos en Madrid. Te amo.

Phillipe Gilles.

CORREOS Y TELÉGRAFOS

Calle de la Patria No. 45                San Miguel de Allende                   Guanajuato, México

URGENTE

JOAN FONTAINE

Noviembre 1 de 198…

ESPERO LLEGUE ANTES SEA TARDE. ESTOY EN MADRID. ABRÍGATE. HACE FRÍO. MÁS DE LO NORMAL. TE EXTRAÑO. VEN PRONTO NO TARDES. ESPERO COMO ACORDAMOS.

REAL OFICINA DE CORREOS Y TELÉGRAFOS

PHILLIPE GILLES.

 Joan:

Dejo esta nota debajo de tu puerta para hacerte saber que sé que te asustaste cuándo te conté lo del cuervo, pero recuerda que siempre he sido así, espero podamos conversar y entendernos. No quiero que ese hijo que llevas en el vientre, no me vea sólo porque he  perdido los cabales por unos días. Te amo y jamás te haría daño, a ti al bebé. Déjame demostrártelo.

Phillipe.

FLORES  de MARGARITA

Te envío estos bellos narcisos blancos, por que soy tuyo, por que te amo, por que no te haría daño, cenemos esta noche.

Marseille, France, 1 de noviembre 198…

Mi Joan:

Estoy dispuesto a pasar todo el tiempo que sea contigo, venderé la casa en Marseille para vivir en México contigo, aunque te propongo algo. Me han pedido que vaya a vivir a Cuba, me parece que la ciudad de La Habana es bellísima, el clima fantástico y se acerca más a nuestros ideales, de igualdad para la gente, vamos, piénsalo. En cuánto venda la casa en Marsella iré a México y lo hablamos mejor, lo que sea con tal de estar contigo.

Phill G.

PARTE IV

Marseille, France, 5 de Enero de 198…

Joan:

He pensado mucho lo sucedido con el cuervo, la casa se ha tornado un poco tenebrosa desde entonces, me persiguen sombras por doquier, y hay veces que aún escucho su graznido, vehemente e infeliz, por momentos escucho voces que me llenan de remordimientos la cabeza, ya no soporto vivir en ella, han venido, así que lo mejor parece ser que la venda, así viviremos un tiempo allá y aclararemos esto, y todo lo que nos falta…

Por las noches no puedo dormir sintiendo que algo está conmigo, no sé si sea el cuervo, o tu alma que me acompaña en todo momento; quizá sea un signo de la nostalgia que siento por tu ausencia. Te extraño mucho, y la falta de tu presencia parece invadir cada rincón de la casa. A veces, esa ausencia tuya me llena de nervios y me hace sentir un poco perseguido. Tengo que confesar que te he visto por instantes en la casa y hablo contigo, y luego tú me respondes, y eso me asusta.

Definitivamente no debí haber torturado a ese animal, parece que eso se paga con creces muy altos, espero puedas perdonarme, porque hay veces en que yo creo que no podré perdonarme a mí mismo.

Te veré tan pronto venda la casa.

Siempre tuyo. (francés)

Phill

Marseille, France 28 de enero de 198…

¿Es en serio? ¿De verdad? ¡Qué feliz me haces! ¡Un hijo! Ya decía yo que esos síntomas no podían ser tan comunes y persistentes en una mujer que cómo tú, siempre ha sido sana y radiante. ¡Seguro te ves más bella de lo que eres! Con unos ojos brillantes y un vientre abultado y lleno de vida. Te amo, no puedo decir nada más. Y esta puede ser una nueva etapa para nosotros, espero hayas perdonado mis faltas, porque de ahora en adelante seré un hombre nuevo.

De verdad has hecho que mis pensamientos cambien. He estado pensando sobre este pesar que me acosa, hay momentos en que la oscuridad se apodera de mí y mi pensamiento se torna lúgubre; creo que, definitivamente el acontecimiento del cuervo me tiene perturbado. Pero con esta noticia sé que las cosas cambiaran para bien. En cuánto venda la casa y los muebles me iré contigo, y sé que ahí mi estado mejorará mucho más. Me hace mucha falta estar contigo, me haces mucha falta tú. Espero sea pronto.

Phillipe  G.

(NOTA DEL 12 DE FEBRERO DE 198…)

Lamento no haber avisado que venía para acá, pero no soportaba ya, estar un minuto más sin ti y nuestro pequeño. Espero lo veas cuando llegues a casa. Estaré esperando con un tal Efraín Tabernero, ¿vaya nombre no? Según me dijeron, él podría darme asilo por esta noche, si ves esto antes  de que la luna salga ahí te espero, si no vendré mañana temprano para llevarte a desayunar.

(NOTA DEL 14 DE FEBRERO DE 198…)

Mon petit belle te he visto dormida y no quise despertarte, he salido para hablar con Cuauhtémoc. Almorzaré con él. Cuándo llegue hablamos de nuevo lo de la estancia en La Habana. Piénsalo, no quisiera pasar una o dos semanas allá y tener que regresar aquí por menos de un mes, no sería lo mejor para nuestra familia, piensa que el pequeño Evan -por que sé que será niño- necesita de sus padres juntos, y a ambos nos servirá estar allá. El océano es el mejor medicamento para las penas, y yo llevo en mi muchas de esas, además me gustaría que estuviéramos juntos de nuevo, cómo cuándo éramos jóvenes, allá puedes seguir tomando fotografías, vamos convéncete que es lo mejor.

(NOTA DEL 22 DE MARZO de 198…)

Belle joan, mon amour, ma vie, iré a comprar los boletos, no quise despertarte. Te amo, gracias por hacerme tan feliz con tu decisión.

PARTE V

La Habana, Cuba, 7 de mayo de 199…

Joan:

Es cierto que te necesito, no lo dudes, te necesito tanto cómo tú con esa enfermedad que te rodea, vuelve a la casa. Sabes que sería incapaz de hacerle algo a Evan, fue un episodio extraño, despertaba de un sueño muy extraño.

Un hombre caminaba por el muelle, parecía estar muy mojado, apenas salido del mar, no dejaba marcas en la madera; tenía un aire misterioso lo digo porque llevaba una larga gabardina gris, por su forma de caminar, encorvado y con un gran peso en los hombros, cómo si cargara con todos sus recuerdos  y no lograra olvidar, luego volteó y quedé muy sorprendido al ver que era yo, ¡Yo! ¿Me entiendes? Yo era aquel hombre que caminaba con su historia en hombros; luego le grité, le grité tan fuerte como pude, pero no respondía, sentía la angustia subir por mi estómago, en eso el hombre volvió a voltear y mi rostro parecía desquiciadamente feliz, se hinchaba cada vena de él en una alegría que asustaba, hasta parecer perversa, continué siguiendo sus pasos hasta llegar a un callejón que nos llevaba a la casa de Marsella, entrábamos en ella y una oscuridad dominaba la sala, olía a humedad, y se oía el graznido del cuervo, tan horrible cómo se oía aquellos días, el hombre tomaba un cuchillo de la cocina y se dirigía al cuarto dónde mi padre dormía cada que me visitaba, y ahí tranquilo se encontraba Evan durmiendo profundamente; el cuervo grajeaba cada vez más fuerte, mi otro yo empuñaba el cuchillo y lo enterraba en Evan; fue en eso que desperté agitado, me dirigí al cuarto de Evan y en su lugar se encontraba el impostor, ¡yo!, ¡mi otro yo!, durmiendo plácidamente. Apurado busqué a nuestro hijo por todos lados y al no encontrarlo, me fijé de nuevo en la cama y estaba ese hombre, con las manos y la boca llenas de sangre, pensé que el impostor se había comido a Evan y alienado por la furia corrí a la cocina para abrirle el estómago y sacar a nuestro hijo. Caminé despacio para no despertar al impostor y de nuevo se oyó al cuervo graznar, tan fuerte que crispaban los nervios, y justo cuando estaba parado frente a él acercando el cuchillo a su estómago, apareces tú gritándome para darme cuenta que todo había estado en mi imaginación.

Sabes que jamás le haría daño a Evan, ni a él, ni a ti, soy incapaz, cada que despierto y veo tu cuerpo desmejorado y pálido, mi alma se parte, no quiero que enfermes más, quiero estar a tu lado, sonriendo, despertando con una canción y el sol de La Habana en tus ojos. Regresa, déjame cuidarte, ambos necesitamos del otro.

Siempre tuyo.

Phil G.

La Habana, Cuba, 18 de diciembre de 199…

Mi querido Erick:

Erick, lamento que esta carta no sea más amable pero Joan se encuentra muy mal, los médicos no me dan buenas noticias, sin duda alguna, hay que esperar lo peor, en cuánto leas esto, toma el primer vuelo a La Habana que tu hermana está muriendo, Erick, Joan está muriendo ¿Qué haré? No puedo estar sin ella, no sé vivir sin ella, ven pronto ella pide verte. Parece tener una fiebre alta, pero su rostro está pálido. No tardes, ella te necesita, más por que no quiere verme, sigue asustada y nerviosa por el acontecimiento de mayo.

 P.

PARTE VI

Mi amada Joan:

Ayer maté a Evan, el fruto de nuestro amor, él sólo tiene 4 años, y no tiene por que sufrir tu partida, tu ausencia. Ahora voy yo también, moriré, me reuniré contigo y con Evan, por eso dejo esta carta, para que lo sepas, estés dónde estés, lo sepas.

Tu partida nos causó mucho dolor. Después de dos semanas de que te enterramos en Marsella, renté una casa en el acantilado y por las noches, Evan salía y miraba al cielo, y te buscaba entre las estrellas, tarareando la canción que le cantabas para dormir, anteayer cuando regresaba de mirar las estrellas, me tomó la mano y dijo. ¿Dónde está mamá? Solté un suspiro, lo abracé con tanta fuerza que me pidió lo soltará, esto fue hace dos meses. Por las noches tomaba una de tus fotos y la abrazaba mientras dormía; y al despertar cantaba la canción que habías transformado en canción de cuna. Quiéreme mucho, dulce amor mío que amante siempre te adoraré. Yo con tus besos y tus caricias mis sufrimientos acallaré. Cuando se quiere de veras como te quiero yo a ti es imposible mi cielo tan separados vivir.

Parecía creer que con ese ritual, con ese lamento, tu regresarías, para ser felices los tres de nuevo. Después de desayunar Evan salía a la playa y se quedaba observando a los barcos que llegaban al puerto, a veces le echaba una mirada a las gaviotas y luego fijaba la vista en el horizonte; su semblante siempre melancólico, un niño debe ser todo felicidad, debe jugar y reír, no extrañar a su madre y llevar una cara mustia. Luego recogía cangrejos y me los llevaba para destazarlos y quemarlos conmigo, en la hoguera que hacíamos por las tardes y el cielo se pone rojo, extraño la ubicuidad de tu forma de ser, tu esencia de mariposa.

He estado despertando cada noche y no puedo volver a dormir, salgo a escuchar al océano que azota sus aguas contra las rocas del acantilado y pronuncia tu nombre suavemente, cómo si también te extrañara; cuando enfermabas no hacía más que gritar, y el mar se enfurecía y sacaba cangrejos y estrellas de mar, inundaba las rocas con un color rojo tan intenso por la sangre, que es difícil sacarlo de mi mente. Es difícil escribirte esto, por que quizá ni lo alcances a leer. Quisiera sólo, que volvieras a mí y leyeras esta carta, cómo todas las que te envié durante nuestra historia.

Me encuentro en el hotel dónde tu hermano nos encontró haciendo el amor sobre la alfombra, no ha cambiado nada, incluso parece que aún permanece aquí la mancha de vino debajo de la cama que hiciste esa noche. Te extraño.

Ayer fue el cumpleaños de Evan. ¿Lo recuerdas? Lloró todo el día, oliendo el mechón de pelo que te cortaste para que se diera cuenta que no dolía cortarse el cabello. En la noche se apareció en mi cuarto, se recostó a un lado mío y me dijo: Extraño mucho a mami. Si hijo, yo también. ¡Quiero ir con mamá!. Después de un corto silencio, me vio con ojos tiernos y me preguntó. ¿Puedo ir con mamá? ¡Quiero verla!.

Callé, mi cuerpo heló, fingí una sonrisa y le dije: ¿Sabes lo que haremos? Iremos con ella, todo estará bien, pronto iremos con ella. Te extrañaba mucho, por eso tuve que hacerlo, por eso tenía que matarlo, para cortar todo el dolor de una vez. Esperé a que durmiera puse la canción en el tocadiscos, mientras sonaba fui a la cocina y tomé un cuchillo.

Quiéreme mucho, dulce amor mío que amante siempre te adoraré… Regresé a la habitación , lo coloqué en silencio sobre el buró y luego le puse la almohada sobre la cara. Cuando se quiere de veras como te quiero yo a ti es imposible mi cielo tan separados vivir

no opuso ninguna resistencia, el viento golpeaba las ventanas y amenazaba con romper los vidrios de la casa. Yo con tus besos y tus caricias mi sufrimiento acallaré… su rostro inerte pintaba una sonrisa y sus ojos estaban alegres otra vez; salí del cuarto y acerqué una cubeta a su brazo, extraje mucha sangre, toda la que creí necesitar para escribir esta carta. Luego lo lleve entre brazos al acantilado y el mar vehemente me lo arrebató de los brazos, ahora sigo yo, después de arrojar esta carta al mar, seguramente tú la encontrarás, estás en todas partes así que lo lograrás. La casa huele a combustible por todas partes. Arderá, y yo con ella.

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