El arte de la elegancia

Miguel Olvera / @ElMayOlvera

ESCIF_LONDON_4

Escif (2009)

Me dirijo hacia el ruedo. En este momento dejo atrás todo lo que conocí hasta ahora. Han sido días difíciles sinceramente, ya que sé, que tal vez, esta podría ser la última vez en la que pueda jugarme mi orgullo con honor frente  a una bestia que es capaz de oler mi miedo, sentir el palpitar de mi corazón y usarlo en mi contra para despertar en mí los más bajos instintos que recaen en el fondo de mi ser.

Despierta. ¡Despierta! Abro los ojos. Probablemente me he quedado dormido en el trayecto.

Me encuentro en una habitación. Solo. Espero que las horas pasen rápido, esta agonía de 2 horas me vuelve loco. ¿Me pregunto que pensará la bestia? Ambos sabemos que el arte al cual nos debemos nos obliga a jugarnos lo más efímero y bello que tenemos. La vida es un momento que se juega en esta danza de la muerte en la que el porte y la maestría con la cual los cuerpos se mueven para dar pie al festín de la faena, marcada por la sangre y el sudor que implica la delgada línea de lo torpe y lo sublime; para llevarnos así a la gloria bañada en oro con el aplauso del respetable. Santa María de los Buenos Aires si todo estuviera mejor.

Me siento preparado. Siento que esta tarde lograré consagrarme frente a las multitudes. Para esto nací, y también para esto me voy a morir. La bestia y yo nos miramos a los ojos. Puedo ver que detrás de la calma, detrás de su guardia y de su perfecta técnica mientras nos batimos a duelo, hay un sentimiento de resignación; porque los ojos son la ventana al alma, y ningún alma es mala, solo se pervierte, se mancha, pero jamás se apaga; es por eso que mientras los minutos pasan y el sol calienta el tendido, ambos nos miramos con complicidad, creyendo que tal vez, la vida no vale nada. Sonrisas se cruzan con nuestras armas, al igual que nuestros pensamientos conspiran en lo inédito y en lo absurdo, mientras el cansancio poco a poco consume nuestras esperanzas de lo que creíamos era nuestra perspectiva.

Nos detenemos. ¡Es un escándalo! La plaza está enardecida. Pronto, una rechifla ensordecedora acalla la voz del sonido local que pide a los asistentes que dejen de aventar objetos.

Al darnos la espalda cada quien camina hacia su propia esquina. La gente comienza a abandonar el recinto, y yo con la frente en alto mira hacia los cielos sabiendo que hice lo correcto. Me siento feliz, al saber que los paradigmas se crean para ser rotos, daremos pie a una revolución en la mente de alguno de los presentes. Estoy orgulloso, y mientras el sol refleja la sombra de mis destino, caigo de rodillas, y veo como la misma sombra se diluye debajo de mi cuerpo. La daga de la traición, rompe mis ideales. La grava pálida se encarga de enterrar mis últimas palabras: “Queridos enemigos de siempre dejo este mundo de dolor. Nunca se olviden que el llanto de la gente va hacia el mar.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s