El retorno de la serpiente. Mathías Goeritz y la invención de la arquitectura emocional

Cecilia Villalpando / @CeciiLiia94

Serpiente

México ha visto pasar grandes personalidades, políticos, pensadores, artistas y por supuesto, arquitectos, quienes con su peculiar visión sobre el espacio han logrado transformar la manera en que percibimos lo que nos rodea. Es el caso de Mathías Goeritz, quien cumplió este 2015 100 años de su nacimiento y no sólo los mexicanos nos encontramos recordándolo, sino todo el mundo. Ejemplo de ello es que recientemente se ha montado una exposición en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

Casualmente yo me encontraba en Barcelona, en las fechas en que se montaba esta exposición, en donde Gaudí es el pan de cada día, y gratamente los arquitectos mexicanos también son muy reconocidos y feliz o tristemente, apreciados más que por los propios mexicanos y es que el eco que ha dejado Goeritz resuena no sólo en México. Claro está que dentro de la exposición en uno de los museos más importantes de España y Europa, los españoles pusieron gran énfasis en su paso por distintas ciudades de Europa y del norte de África (1948), su estancia en España y su participación en la Primera Semana de Arte en Santillana del Mar (1949) y mencionan su “contacto con la cultura mexicana”.

La exposición en el museo muestra el trabajo de Goeritz desde su instalación en México en 1949, poco después de participar en la Semana de Arte en España, y expone más de 200 obras entre maquetas, bocetos, fotografías, esculturas, dibujos y cuadros.

Goeritz 1

La muestra tiene como curador al crítico mexicano Francisco Reyes Palma, a quien le fue solicitado trazar la exposición de la obra del artista a partir del proyecto del Museo del Eco y de su Arquitectura Emocional, puesto que con ello rompe con los preceptos que imperaban en México en el periodo en el que se establece. La exposición inicia con una de sus obras más representativas: la serpiente del Eco (1953) creada para el Museo Experimental del Eco en la Ciudad de México y que representa la “guerra fría cultural” a la que se enfrenta Goeritz por su trabajo con la geometría y estructuras primarias que con el paso del tiempo serían entendidas como minimalistas, aunque en ese momento Goeritz buscaba lo contrario; quería la monumentalidad representada en el muralismo, abstraída a una escultura, pintura o dibujo. De hecho, en la exposición se puede observar que la obra del artista es una síntesis de lo que aprendió en cada uno de los contextos en los que vivió, desde el Neoprimitivismo de España hasta el Muralismo y la arquitectura del movimiento moderno en México.

Adentrándonos un poco más en la muestra podemos observar que ésta se articula desde el principio de la Arquitectura Emocional en la cual Goeritz fundamenta su trabajo. Dice pues, que busca con su obra causar al hombre una gran emoción que vaya más allá del funcionalismo, esteticismo y de la autoría individual, criticando severamente esto último al decir que cada vez la arquitectura no es más que una guerra de egos y alardes formales en vez de propuestas contundentes en las que se involucren realmente al usuario -principio que a su vez reafirma en su postulado sobre el Arte oración vs el Arte mierda, en el que se observa más claramente la postura del artista respecto al tema.

Cortesía Fomento Cultural Banamex

Cortesía Fomento Cultural Banamex

De esta manera, Mathías Goeritz con su arquitectura emocional nos demuestra su gran influencia en la vida urbana de la ciudad de México y en cómo convierte cada proyecto en una labor interdisciplinaria entre, por ejemplo, la ingeniería o el urbanismo. Muestra de ello es su participación en la realización de las Torres de Satélite, su trabajo junto con personalidades como los impulsores de la Bauhaus, así como Klee, Joan Miró, Henry Moore y por supuesto con Luis Barragán. Además podemos apreciar su papel dentro de la consolidación de una modernidad paralela a la creación de las ciudades, es decir, en la creación de una identidad urbana, formada por un trabajo plural en el que el urbanismo, la arquitectura y el diseño no conocen distinciones.

Esta es sólo una faceta de tantas que tuvo el artista y los españoles no dudaron en mostrarnos gran parte de la biografía de Mathías Goeritz dentro del recorrido por su obra. Nos enseñan parte de su pasado vinculado con el gobierno alemán durante el Nazismo y cómo a partir de la construcción de distintas iglesias, se acerca al catolicismo y al judaísmo. No debemos olvidar que el artista era miembro de la comunidad judía, por ello se cree que escapa de Alemania durante el nazismo, aunque también existe la posibilidad como podremos ver, en un certificado de matrimonio expedido en Madrid en 1943, de que haya huido debido a su reciente matrimonio. De cualquier forma, recordamos a Goeritz dentro de los artistas refugiados que llegaron a México debido a problemas políticos o sociales que estallaban en sus países. Junto con él contamos a artistas y arquitectos de la talla de Félix Candela, José Luis Benlliure, Hannes Meyer, Max Cetto, entre otros. También figura entre los aportadores extranjeros a la plástica mexicana del momento y como grandes modelos para las nuevas generaciones junto con Adolf Loos, Paul Artaria, Hans Schmidt, Mies van der Rohe, Frank Lloyd Wright y Walter Gropius, quienes de manera indirecta intentaron aportar a la transformación de la imagen urbana de México enviando proyectos desde el extranjero. Muestra de ello es el anteproyecto que Adolf Loos realiza para el Palacio de Gobierno de la Ciudad de México, los proyectos residenciales hechos por Frank Lloyd Wright en Acapulco y el único construido: las oficinas de Bacardí realizadas por Mies van der Rohe.

Es por ello que, finalmente, al asistir a esta exposición podremos ser testigos de cómo artistas, como Goeritz en este caso, nos transportan a una época moderna en la que México estaba sumergido bajo los principios de nacionalidad, de progreso y de lucha, y que esas líneas que proyectaban los grandes tienen resonancia hasta nuestros días, que es un Eco que deseamos seguir esparciendo y que los principios una vez establecidos por este artista son, cien años después, tan actuales como lo fueron en ese entonces.

Dicho esto los invito a ser testigos de “El Retorno de la Serpiente: Mathías Goeritz y la invención de la Arquitectura Emocional”, nombre bajo el cual llegará a nosotros la exposición el próximo 27 de mayo en el centro de la Ciudad de México y en Puebla el 24 de octubre.

Información sobre la exposición en Fomento Cultural Banamex

*Publicado originalmente en METASCOPIOS_ 05

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