A certain romance: La memoria como acordeón para el escritor

Miguel Olvera Cano / @ElMayOlvera

 

But over there there’s friends of mine

What can I say I’ve known them for a long long time

And yet they might overstep the line

But you just cannot get angry in the same way

winter_night_4-wallpaper-1024x768

 Estimado lector, he de confesarle que últimamente tengo una necia obsesión con el recurso de la memoria. A veces uno la busca con el pretexto de recibir la visita inesperada de una persona en forma de recuerdo. Ya sea a través de un grupo incómodo de whatsapp con la pandilla de la infancia al que hay que silenciar por un mes o el espontaneo reencuentro de la prepa en un Walmart –por eso hago las compras en martes–, para el escritor la musa, la inspiración, o la esquizofrenia total llega desde el pasado; nos gusta (re)escribir sobre la realidad.

En el prólogo que realizan Nestor García Canclini y Juan Villoro a La creatividad distribuida se puede leer: “Del Homo Sapiens hemos pasado al Homo Videns y de ahí al Homo Sampler… En la cultura de la letra, el libro electrónico, Internet, las redes sociales, los blogs y las posibilidades del copy-paste, han propiciado nuevos procesos en la escritura”. Lo cual refuerza mi idea de la concepción de la memoria como un proceso de reedición de la vida, la capacidad de comprender la historia de manera activa.

La infancia sería la primer parada obligatoria antes de quedar olvidada en el tintero. Recordar es volver a vivir dice aquella frase latosa y cursi con la cual despertaba una joven madre todos los días a las 5:50 de la mañana en la estación de “El Fonógrafo”. Se levantaba rápidamente a planchar el uniforme de la escuela para su hijo como si ya se les hubiera hecho tarde. Aunque la parada de la combi iba a seguir ahí, a ella le gustaba pensar que levantarse 10 minutos antes de la hora no le iba a garantizar tomar su transporte a tiempo. Aún conserva esa amarga necedad encaprichada con la puntualidad.

En el camino a su hijo le gustaba mirar los coches ajenos. Pasaban rápidamente a su lado mientras el transporte público se esmeraba en empaquetar a la gente para llevarla a su destino. Generalmente podía observar desde la ventana a sus compañeros de salón pasar velozmente en sus autos particulares. Al principio sentía vergüenza y se escondía para que no lo vieran –víctima del sistema educativo privado–, pero después adquirió un gusto por saludarlos de manera efusiva desde su lugar en el colectivo, de todas formas era imposible que lo reconocieran entre tanta masa de gente amontonada.

Entre las fotografías o un diario siempre encontraremos los datos duros que generalmente olvidamos citar. Habrá un jueves en vez de un miércoles y un verano del cual realmente no vale la pena hablar. Los procesos de intercomunicación que hemos construido con base a las nuevas tecnologías nos han orillado a comprender nuestras propias historias mediante sampleos y collages en una incapacidad frustrante por encontrar lo real. Es fácil terminar perdido entra las opiniones de otros, náufrago en un mar de recopilaciones externas que intentan retratarnos.

He aquí la función de la memoria, de lo inexacto. Aquella que nos permite seguir contando la misma historia una y otra vez sin aburrirnos; sin importar las omisiones que se hagan de vez en cuando. Por citar otro ejemplo, se puede encontrar en la infatuación de la adolescencia –de alma, más no de edad– otra recolección de eventos para desempolvar la pluma, o en mi caso la laptop, porque escribo horrible. Y es que sin caer en aberrantes cuentos de amor, habría que hablar del romance y el cortejo. Así encontraríamos a un pobre diablo, inexperto en los caminos de la vida, girando la perilla del radio 20 grados a la derecha hacia la estación muerta del 88.7 FM. Ahí se niega a escuchar los huesos rotos de un futuro que por su inexperiencia jamás podrá ser mientras espera a que salga la canción correcta en el iPod. Como si se tratara de una creencia más que un acto de pseudociencia cuenta con que el aparatejo de la manzana adivine la canción perfecta de su banda favorita de camino a casa; una especie de afrodisiaco programado en la mente de una generación gracias a 500 Days of Summer que fue educada sexualmente por Juno.

Caminó hacia su lado de la acera para acompañarla a la puerta de su casa. Ingenuamente sigue confiando en el maldito aleatorio y deja la puerta del coche abierta con esperanzas de que el destino por fin ponga la canción deseada. No le importa quedarse sin batería y regresar caminando a casa, debe de aparecer ese momento, así, de la nada, sin necesidad de pensar en otra cosa más que lo eterno que resulta la subida rumbo a su morada.

-Envídienme porque mi casa tiene la mejor vista de todo el condado-

Ella escribió en su cuenta Twitter 3 días después mientras emprendía su viaje hacia su nueva casa en los suburbios del Distrito Federal. Y sí que lo era, no puedo evitar decir que en el imaginario ideal este paisaje era inmejorable. Era demasiado bueno para ser cierto, por lo tanto ambos se despidieron con un fuerte abrazo. Nuestro querido perdedor ante su inevitable derrota se aseguró de que ese momento nunca se olvidara, por lo que le obsequió su último truco bajo la manga, un recurso que perfeccionó con el paso del tiempo; tan ridículo y poético que me avergonzaría confesarle por miedo a que usted lo reconozca.

En fin, como se puede dar cuenta, para el escritor es un gusto poder divagar entre sus viajes, pero sobre todo le fascina estar perdido entre cada uno de ellos. Desconectado. Así nace la capacidad de reinventarse para contar y contarse a sí mismo en una historia.

El Olimpo, Hidalgo

2011

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s