Llega a Pachuca la multipremiada Whiplash

Tras haber triunfado como Mejor Película en Sundance, Whiplash llegó a México vía el Festival de Morelia, donde se llevó los aplausos del público. Se estrenó el 1 de enero en cartelera comercial. Este jueves, tenemos la oportunidad de verla en el Teatro Romo de Vivar .

Alfonso Blanco / @alfonsoblanco

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Charlie Parker fue un músico adelantado a su tiempo que, como muchos artistas, sufrió la severidad –a veces cruel– de quienes mandaban en el mundo del jazz. Es conocida la anécdota del famoso platillazo arrojado por el baterista Jo Jones sobre Bird. Se dice que el joven Parker lloró hasta tener los ojos hinchados después del incidente; años después, “Bird” se consagró como uno de los más grandes del género, creador de un estilo personal reconocido hasta nuestros días.

Algo semejante sucede en “Whiplash. Música y obsesión” (Damien Chazelle, 2014). La trama aborda la compleja relación entre dos músicos: maestro y alumno. Andrew (Milles Teller), es un joven que carga con el fracaso, en una situación que puede ser hasta genética con un padre que abandonó la literatura. Andrew logra ser admitido en el prestigiado conservatorio de Shaffer, una de las mejores instituciones en Estados Unidos. En dicho conservatorio se ha creado una banda de Jazz, dirigida por Terence Fletcher (J. K. Simmons). Fletcher es conocido por empujar a sus alumnos hasta el extremo, pero cualquier cosa que haya escuchado Andrew no se compara con el dolor físico y mental al que será sometido.

Hacer más de lo que se puede, intentar y no claudicar en un mundo donde los que fracasan son señalados, marcados por sus actos. La excelencia contra la mediocridad, la búsqueda de ese instante, aunque sea efímero, de aceptación. Lo obsesivo que puede llegar a ser el camino hasta el éxito, se centra en la relación con el propio hecho de existir, ya lo decía Lacan.

Whiplash tiene varias vertientes desde las que se pueden encontrar semejanzas con otras historias y personajes del cine. Desde los tipos obsesivos de las películas de Aronofsky, pasando por las cintas de deportes en las que los implicados sudan sangre por conseguir una meta, hasta los dramas psicológicos generados en las películas de guerra – el propio Fletcher le recuerda a más de un cinéfago al sargento Hartman de Full Metal Jacket.

El proceso de enseñanza poco convencional del que somos testigos va desde la humillación con palabras, en un humor negro salvaje, hasta los golpes y lanzamiento de objetos incluidos. Esa riña entre los dos personajes principales parece espontánea, como si los actores no estuvieran sometidos a un guión, simplemente se dejan llevar por las situaciones, creando un ritmo que no va a bajar en ningún momento de la película; ese ritmo que menciono -tan parecido al Jazz-, que no da concesiones a la persona que escucha, es lo que hace Whiplash con el espectador.

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El soundtrack de una película tiene el poder de llevar al espectador de la curiosidad al asombro. “Whiplash” es el nombre de la pieza a dominar, representa de alguna forma la excelencia requerida por Fletcher. Son intensas– pueden resultar un tanto repetitivas-, las escenas de los ensayos. El enfrentamiento entre el grupo es constante, nadie se atreve a meter las manos en el fuego por el otro; para el tipo de maestro poco ortodoxo que es Fletcher, representa la situación ideal, los individuos se encuentran solos, más vulnerables pero más capaces de lograr metas, ¿pero a qué precio?

La sangre de las manos al recibir el contacto con las baquetas y su fricción, el sudor en la frente y la playera de Andrew son acompañados por una fotografía que mantiene la oscuridad del conservatorio y las calles de Nueva York.

El Jazz no es el eje central de Whiplash, de alguna forma es el vehículo por el cual transita todo el ácido que se desprende entre los dos personajes. Sin embargo, el amante del género podrá encontrar la selección musical exquisita.

El guión va permitiendo a la trama asomarse disimuladamente por la vida de Andrew; un padre, como ya había mencionado, derrotado pero comprensivo y el intento de relación entre el baterista y una cajera de un restaurante de comida rápida.

Puede que los personajes y hasta la trama de Whiplash tengan ciertos estereotipos, sin embargo el coraje y las magníficas actuaciones de dos nombres poco sonados hacen que la película sea bastante entretenida y mantenga al mismo tiempo un buen nivel de profundidad.

Jueves 20 de agosto en el Teatro Guillermo Romo de Vivar

15:00, 17:00, 19:00 y 21:00 hrs.

Donativo: $20.00

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