Pearl Jam lo volvió a hacer…

Gustavo Godínez | @escupeletras

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Foto por Toni François | http://www.tono.tv

Por cuarta ocasión en sus 24 años de historia, Pearl Jam tocó suelo mexicano para cerrar su gira Lighting Bolt 2015 por Latinoamérica. El pasado sábado 28 de noviembre, la banda de Seattle confirmó que tiene de una de las fanaticadas más fieles del país en un concierto que tuvo de todo.

El boleto marcaba la hora de inicio a las 20:00 horas, pero el grupo se dio a desear. No hubo banda telonera, el paquete hubiera sido muy duro y ni falta hacía, pues el ambiente era inmejorable en un Foro Sol casi a reventar. Sólo algunos huecos en la zona General A impidieron un lleno total. Más de 62 mil personas armando la fiesta previa ya pedían a gritos la presencia de la banda.

Faltaban sólo 10 minutos para las 21:00 horas cuando las luces del recinto se apagaron y los gritos se desbordaron. La profunda e imponente voz que marcó los 1990 irrumpió en la obscuridad y la gente se entregó sin condiciones. “Pendulum” fue la canción elegida por la banda para abrir el concierto: “Can’t know what’s high / ‘Til you’ve been down so low / The future’s bright, / Lit up with nowhere to go, / To and fro the pendulum throws”, cantó Eddie Vedder, haciendo estremecer a cada uno de los asistentes.

El tono grave y rasposo de Vedder se escuchó en plena forma, como en los viejos tiempos,  haciendo un recordatorio de que no es un simple vocalista, sino como una de las mejores voces de la historia del rock y un símbolo indiscutible de su generación.

El ritmo semi-lento se mantuvo con la clásica “Release”. El insuperable álbum Ten fue una constante a lo largo del recital porque la gente así lo quería. Como es costumbre, Vedder se dirigió al público en español. Con acordeón en mano, saludando cordialmente a los asistentes con el clásico acento gringo: “Hola. Feliz de verlos de nuevo y bienvenidos a la última noche del tour. Estamos felices de tocar el último show en México City. ¿Están todos bien? ¿Todos seguros? ¡Aquí vamos!”. Y tronaron los gritos sin mesura.

La intensidad fue subiendo de apoco. Llegaron “Why Go” y algunas más que fueron bien recibidas, después el público enloqueció con “Do The Evolution”, que cimbró al foro entero con un derroche de energía. Pero lo bueno apenas iniciaba.

Mike McCready y Stone Gossard dialogaban con sus guitarras con la marca de casa, los distorsionadores y los riffs de vértigo estaban a la orden del día. El slide de guitarra y el batacazo que inician “Even flow” puso al público a saltar. Los viejos seguidores que arrastran ya los achaques típicos de un chavorruco se fundían con las tiernas caras de los nuevos fans apenas adolescentes que le rehúyen al pop dominante de su época. No faltaron algunos padres que acompañaban a sus hijos. Los restos de la Generación X se mezclaban con algunos Millennials rebeldes y a contracorriente.

El público jugó siempre un papel protagónico. En no pocas ocasiones, con la ayuda de celulares y encendedores, los asistentes armaban un enrome mural de luces que parecían latir como un corazón al ritmo de la música.

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Foto por Carolina Lucero

Después vino “Daughter” con un Eddie en solitario acompañado sólo de su guitarra acústica que fue coreada por todos al pie de la letra. Luego “Given To Fly”, “Lighting Bolt” y algunas otras hicieron del concierto una “montaña rusa” de emociones.

Los recientes ataques terroristas en Francia no pasaron desapercibidos para la banda. El bombo de la batería de Matt Cameron tenía impresa la silueta de la Torre Eiffel. “Esta es una canción de nuestros amigos de Eagles Of Dead Metal, a quienes les mandamos nuestro amor. La felicidad es un acto de desafíos”, comentó el mítico vocalista para dar paso a “I Want You So Hard”, original del grupo que el pasado 13 de noviembre sufrió los atentados terroristas durante su presentación en el Bataclan de París.

Luego Vedder dedicó unas palabras a las víctimas de los ataques y clamó por la paz. “Después de los atentados en París, creemos que esta canción debe ser tocada”. La carta estaba echada para uno de los momentos más emotivos de la noche. El potente juego de luces que danzaba sobre el colectivo se apagó. Sólo la majestuosa luna menguante brillando tras el escenario iluminaba la penumbra cuando de la guitarra acústica de Eddie se escucharon los primeros acordes de “Imagine” de John Lennon. Otra vez los gritos despavoridos y luego el coro monumental. “Imagine there’s no heaven / It’s easy if you try / and no hell below us / above us only sky / Imagine all the people / Living for today / Imagine there’s no country / It isn’t hard to do / Nothing to kill or die for / And no religion too / Imagine all the people / Living life in peace / uuuuuh”. Las lámparas de los celulares y el fuego de los encendedores diseñaron un altar gigante que cubría todo el Foro Sol, una postal panorámica para el recuerdo. La magia flotaba en el aire.

Aún con el mural de luces por todo lo alto, del bajo de Jeff Ament sonaron las primeras notas de “Comfortably Numb” de Pink Floyd, que llevó a todos a ser un ladrillo más en la pared. Dos impecables covers a dos gigantes de la historia del rock al hilo. Una mezcla de nostalgia y alegría inundaron el foro.

El ánimo volvió a subir con “Animal” y “Save You”, para que luego la banda arrojara a todos a un profundo abismo de melancolía y tristeza con “Black”, en el momento más depresivo de la noche, pero también uno de los más intensos. “Faithfull” y “Porch” completaron la primera parte de la presentación y la banda hizo una pequeña pausa.

La banda regresó en pocos minutos para ponerle broche de oro a una presentación épica. La última parte arrancó con un cover al clásico del rock n’ roll “Last Kiss”. Vedder se dio tiempo para bajar del escenario y acercarse a los asistentes de las primeras filas, cantó al oído de una fan que con una cara innegable de emoción apenas y podía creer su suerte. Le entregaron una bandera de México que aceptó y mostró al público que gritaba desaforado. El colectivo se fundió en una sola voz con el tradicional cántico de estadio para impulsar a un equipo de futbol: “Olé-Olé-Olé-Oléeeee, ¡Pearl Jam! ¡Pearl Jaaam! Olé-Olé-Olé-Oléeeee, ¡Pearl Jam! ¡Pearl Jaaam!”, coreaba la masa al unísono. Eddie se arrodilló ante público con los brazos extendidos como recibiendo un abrazo colectivo e hizo una reverencia, agradeciendo el gesto.

Las cuerdas de Ament volvieron a arrancar los gritos de los fans al ejecutar las primeras notas de “Jeremy”, una de las más esperadas y coreadas de la noche. Después vino la nostálgica “Betterman”. Eddie se dio tiempo también para pedir un aplauso masivo para un miembro de su staff, un camarógrafo que tras 28 años de trayectoria se retiraba justo en esa presentación. Igual hubo tiempo para tocar el ukulele y para dedicar unas palabras a un fan de la banda que recientemente habría fallecido y cuyos familiares se encontraban en el público. En tanto, una fan agitaba con vehemencia una pancarta con la leyenda “Vedder For President”.

El concierto coincidió con el cumpleaños de Cameron. Unas “Mañanitas” espontáneas del público no se hicieron esperar mientras el baterista soplaba las velitas de su pastel frente a todos.

El legendario riff con el que inicia “Alive” desató el último gran grito de la noche. La banda volvió a demostrar de qué está hecha. Cada instrumento peleando por sonar más fuerte, el sonido rasposo y duro que hizo famoso al grupo hacía vibrar al foro en cada nota. Las luces golpeaban a la audiencia en una tormenta de colores. Las lámparas de burbuja del escenario subían y bajaban ofreciendo una vista alucinante. Algunos pequeños grupos en el área General B practicaron el viejo arte del slam, mientras comenzaba otro de los momentos cumbre: la “Guerra de basura”, que ya se hizo tradición en las presentaciones de la banda en México. Una lluvia de vasos desechables, cerveza (y algo más), empaques de golosinas y folletos volaban por los aires en una gigantesca fiesta confeti.

Mientras continuaba la lucha de residuos, comenzó el cover de Neil Young que Pearl Jam ha hecho  suyo “Keep on rockin in the free world, llevando al ánimo al tope y con el que se dieron los últimos saltos de la noche. Vedder se colocó el típico sombrero de charro y se sentó a contemplar el gran espectáculo que el público le brindaba aún con la “Guerra de basura”.

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Foto cortesía de la página oficial de Facebook de Pearl Jam | FB/PearlJam

Tras casi tres horas de música, la gente estaba lista para el gran final. “Yellow Ledbetter” fue la apoteosis para una presentación inolvidable. El coro monumental volvió a aparecer arrojando toda la pasión que quedaba en sus gargantas.

No había más qué demostrar. Quedó claro que hay muy pocas bandas con tal grado de conexión y complicidad con el público mexicano. Pearl Jam lo volvió a hacer: nos hizo sentir vivos porque “la felicidad es un acto de desafíos”.

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