FICM2016, Largometraje Mexicano: Minezota

@alfonsoblanco | Cobertura FICM2016

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Violeta tiene en mente tener un hijo con su pareja. A pesar del largo tiempo que lleva en una relación, su deseo no se ha podido concretar por el ensimismamiento que Ismael, su novio, tiene con Shambala, una banda de rock/techno con la cual pretende conquistar la fama. La ruptura de la pareja acontece. En la vida de Violeta aparece Elder Rasmunson, un misionero mormón que se adentrará en su existencia para cambiarla por completo.

El estudio social que realiza Minezota (2016) de Carlos Enderle sobre la Ciudad Nezahualcóyotl no se aleja mucho de la coherencia que presenta  la Cabeza de coyote de Sebastián con dicha ciudad. El escultor mexicano ejecuta obras a diestra y siniestra alrededor del país, mientras que Enderle incluye en su narrativa diversos tópicos que van desde la religión, un empoderamiento femenino edulcorado, la homosexualidad y el rock.

La comparación puede parecer absurda en primera instancia, pero cuando un largometraje pretende abarcar y generar una idea total y su resultado final se convierte en un cúmulo de situaciones sinsentido, la película se cae por su propio peso: uno que intenta sostener diversas ideas, complejas por sí solas.

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De izquierda a derecha: Evan Lamagna, Hansel Ramírez y Carlos Enderle

La risa que suscita Minezota no proviene del supuesto humor negro de su argumento, sino sobre los recursos que presenta, los cuales podemos rastrear en el escaso lenguaje visual de un melodrama. Si la película fue construida como una comedia para mantener al espectador en una risa constante, sus recursos son muy limitados y por consiguiente sólo logra conectar con el público que ha decidido quedarse en la sala para reír con la repetición ilimitada de situaciones inverosímiles. El contrapeso de las películas sórdidas que Enderle criticó sobre el cine mexicano actual, el otro lado de la balanza, debe de estar bien pensada, de lo contario se repiten fórmulas a la inversa que son igual de cuestionables.

A estos aspectos podemos sumar la fotografía en blanco y negro que a la mitad de la película se convierte al color, una apuesta visual que no parece tener mayor justificación. Las imágenes de Minezota, específicamente los registros audiovisuales que van desde una marcha zombi, un campo de fútbol o una feria tradicional, no encajan por completo en la película; si fueron pensados como un registro social de una ciudad tan compleja como lo es Neza, el resultado final es pobre.

El supuesto empoderamiento del personaje de Violeta al darse cuenta que no necesita un hombre en su vida para cumplir su sueño de ser madre, es igual de superficial que la crítica a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. A estos hechos le podemos sumar la idea general que emite la película sobre la homosexualidad o el racismo.

Si la revisión a la religión es el punto neurálgico de la obra, valdría la pena preguntarse por el resultado que tendría un filme como este con un retrato sobre el catolicismo en un país tan devoto como México. La pregunta no sobra si tenemos en cuenta el gran compendio de tópicos, abordados vagamente, que tiene Minezota.

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