FICM2016: Neruda de Pablo Larraín

@alfonsoblanco | Cobertura FICM2016 

neruda

Neruda (2016) es un trabajo que revoluciona por completo la obra de Pablo Larraín, una de las voces más importantes del cine latinoamericano.

El registro que realizó el director chileno sobre su país incluye obras cinematográficas demoledoras que versan sobre los fantasmas de la dictadura chilena. Prueba de ello es la magnífica trilogía: Tony Manero (2008), Post mortem (2010) y No (2012). Larraín es un monstruo creativo que ha realizado tres largometrajes de gran manufactura en sólo dos años: El club (2015), Neruda (2016) y Jackie (2016) – debut en Hollywood-.

Más allá de ser una biopic convencional que abarca la vida de una figura icónica, Neruda es un retrato sobre uno de los puntos más importantes de la vida del laureado poeta: su carrera política y la lucha por defender sus ideales ante el embate emitido desde el Estado, pilar de la dictadura que comenzaba a gestarse. El largometraje de Larraín se centra en la batalla a muerte entre el artista y Óscar Peluchonneau, policía comisionado por el presidente Videla para dar caza a uno de los principales enemigos de Chile.

Neruda viaja por las fiestas memorables del círculo intelectual por las que se mueve el poeta chileno. Las orgías combinadas con el baile y las lecturas de los poemas se conjugan con encuentros entre personajes diametralmente opuestos que al mismo tiempo comparten el miedo por la incertidumbre de sus caminos. Los personajes están respaldados por la ejecución de actores con los que Larraín ya había trabajado: Alfredo Castro (Videla), Luis Gnecco (Neruda), Marcelo Alonso, Antonia Zegers o Gael García Bernal.

Gael García Bernal en la rueda de prensa de Neruda. Foto: Alfonso Blanco.

Peluchonneau inicia la cacería. Estamos ante una trama que se mueve en la primera parte de la película con un ritmo audaz. Los poemas de Neruda resuenan por momentos en la película, mientras que el guion de  Guillermo Calderón dota de misticismo y voz propia al policía que pronto se convierte en detective.

Los juegos de la fotografía son esplendidos. Esa cámara que desafía al contraluz se hace presente y juega con otras herramientas que atraen por completo al espectador. El seguimiento de 360 grados que explora las principales conversaciones en las que Neruda tiene un papel principal, se conectan con el cambio abrupto de escenario que continúa con la escena.

La rebeldía de Neruda es bien interpretada por Gnecco. Sus juegos de burgués, característica ampliamente criticada por sus detractores, se hace presente en la película con el fastuoso poder de su figura, la cual se refleja en todas las aristas de la población chilena. El poder de orador es capturado en la película por medio de sus imágenes: desde la irrupción categórica en los principales edificios del Estado chileno hasta sus aventuras en burdeles donde habitan todo tipo de personas.

Luis Gnecco en la gala de los Premios Fénix. Foto: Alfonso Blanco

El eje central de la película no se apega al aspecto documental que pretende el biopic. Larraín y su equipo navegan libremente y desafían a los puristas – principalmente chilenos-, que cuestionan el seguimiento fiel que no tiene Neruda. La película opta por nuevas narrativas para retratar a personajes históricos. Que un director como Larraín logre esto, al mismo tiempo que incursiona en el idioma inglés con un tópico alejado de Chile, sólo puede prometer el nacimiento de un gran director.

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