FICM2016, Largometraje Mexicano: Todo lo demás

@alfonsoblanco | Cobertura FICM2016

Todo lo demás Doña Flor (Adriana Barraza)

Natalia Almada, experimentada documentalista mexicana –El general, El velador, entre otros-, se estrena en los terrenos de la ficción de la mano de Todo lo demás (2016). La incursión en este género no es un abandono por completo de sus herramientas creativas que ya había ejecutado en sus anteriores obras. Con esta ficción, Natalia expone una narrativa que se nutre de los aspectos más característicos del documental para desarrollar un fiel retrato de la soledad y la violencia; experiencias que cuentan con tantas aristas y formas de irrumpir en la condición humana.

Natalia edifica su largometraje en el personaje de Doña Flor –magnífica Adriana Barraza-, quien expide credenciales de elector para los ciudadanos que ejecutan un ritual de espera y paciencia, la cual es frágil en más de un momento. Flor lleva a cabo una rutina que inicia en su hogar, donde su fiel compañero –un gato- dota de vida a un departamento que mantiene una composición que raya en lo obsesivo – la fotografía es igual de rigurosa con la simetría-. Por las mañanas toma el metro para viajar a su trabajo. En repetidas ocasiones descompone por un momento el viaje del punto A al B e intenta tomar clases de natación en una alberca.

La exploración del personaje central se sostiene con la interpretación de Barraza. Su cuerpo y el de los actores que no son profesionales de la película se muestran tal como son. Las medias contienen el paso del tiempo, la toma cenital muestra la fragilidad de la existencia y los extras, junto con las personas del metro, funcionan en una coreografía que más de un director envidiaría.

La violencia está presente en Todo lo demás. La ficción la moldea y se la presenta el espectador de diversas formas. Los carteles pegados en las paredes que buscan a las desaparecidas, la violencia de género que nubla la televisión con notas, una escena de Salón México, la que se vive en las calles. Al mismo tiempo hay una violencia que su susurra: la de indiferencia que manifiestan los seres humanos hacia sus semejantes, la que se vive en las calles donde el sujeto conmovido suelta el premio ante el anzuelo voraz que elabora el crimen.

La improvisación es una virtud de Todo lo demás. Posterior a la proyección de la película, el equipo de producción habló sobre el proceso de rodaje. “Buscaba la improvisación constantemente. Ella (Natalia Almada) hacía creer que la cámara estaba apagada pero realmente se encontraba captando esos momentos naturales de los extras esperando. Así logró crear ensayos que no eran ensayos. En el set no se dijo acción nunca” mencionó Gabriela Maldonado, productora asociada de la película.

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Todo lo demás es una película que se arriesga y lo hace para generar un retrato demoledor sobre un sector tan denostado. Doña Flor se encuentra sola en la vida. El personaje sufre por completo a lo largo de la película, sin embargo, Almada no destruye su condición por completo y de esta forma se desmarca de exhibiciones fatalistas, pues al final de la película ha logrado capturar la complejidad de un ser humano que se mueve entre la soledad y la indiferencia del mundo que la rodea.

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